Idrak Nord.
—¡Quiero que la traigas ante mí! —gritó Leyna furiosa, arrojándole una copa de cristal a un Didrak que estaba con ella.
La copa golpeó al híbrido en el pecho y cayó al suelo, estrellándose con un estruendo que produjo eco en la habitación.
—No puedo obligarla a venir. Si Domenicus o Lukyan se dan cuenta… nosotros estaremos perdidos —respondió el híbrido, de nombre Idrak Nord, sacudiéndose el vino de su chaqueta.
—Estamos tardando demasiado. Ella podría descubrir algo que nos haga caer.
La voz de Leyna estaba cargada de frustración mientras se dejaba caer pesadamente en su silla.
—Tenemos que ser cautelosos —aclaró Idrak, tratando de tranquilizar a la Wizdart—. Además, dijiste que querías que consiguiera el Corazón para ti. Si la traes antes de que eso pase, perderás incluso el Corazón.
—Sabes bien que no sé esperar… —murmuró Leyna, golpeando la mesa del gran comedor donde se encontraba reunida con él.
—Tu impaciencia puede costarnos todo —respondió Zardok Torbal con calma, entrando al comedor.
Ya se estaba hartando de esas rabietas que, en los últimos tiempos, Leyna protagonizaba por cualquier cosa. Ella e Idrak se sorprendieron al verlo aparecer sin hacer ruido, tal como lo haría el viento.
—Trataré de ser paciente —respondió ella molesta, tratando de tranquilizarse mientras retomaba sus cubiertos.
—Además, no debes alertar a Ydati y Braiman hasta que tengas ambas espadas y sea demasiado tarde para ellos —sentenció Idrak.
Él ya saboreaba el momento en que eso sucediera. El silencio se hizo molesto y extremadamente pesado entre los tres.
—¿Crees que lo logremos si ya no tienes el apoyo de Lawrence? —interrogó ella a Zardok con suspicacia, tratando de descubrir cómo podía estar tan tranquilo.
—Kira es muy poderosa y ambiciosa; por esa razón será fácil traerla de nuestro lado —respondió Idrak observando a Zardok.
Este último guardaba silencio, como si no estuviera prestando atención. "Eso ya está cubierto", pensó Zardok sin mover siquiera las pestañas.
—Piensa lo que acabas de decir, Idrak… si es ambiciosa, ¿cómo podríamos hacer que entregara el Corazón? —interrogó Leyna, recargando sus manos en la mesa.
—Quitando lo que más ama —respondió Zardok, rompiendo el silencio.
—¿A Domenicus? —había confusión en la mirada de Leyna, recordando lo que semanas atrás le había dicho Anette Torbal.
—No, mi señora… a Lukyan —respondió Idrak, comprendiendo la idea del Zelldre—. De esa manera no podrá negarse a trabajar para ti al no tener más aliados. Será fácil obtener el Corazón.
Zardok Torbal observaba a Idrak con furia contenida, dándose cuenta de que el híbrido trataba de ganar puntos con Leyna sugiriendo una atrocidad que, muy en su interior, el propio Zardok aplaudía.
—Esa idea parece perfecta —respondió Leyna al fin—. Debemos llevarla a cabo de inmediato.
—No quiero arruinar tu alegría, pero no creo que seas lo suficientemente fuerte para dominar a ese Zelldre —aclaró Zardok con cautela.
—Pues entonces no la arruines —sentenció Leyna con fuego en los ojos, pensando ya en el momento de poseer las espadas y romper su sociedad con Zardok Torbal.
—Yo puedo hacerme cargo de ello —intervino Idrak, lanzándole una mirada glacial a Zardok para que se callara.
—¿Cómo piensas hacerlo? —preguntó ella con la emoción marcada en su voz.
Zardok se sentó a la mesa para compartir la comida, aunque detestaba a ambos.
—Tendremos que utilizar a aquel que la ha cuidado todo este tiempo —comenzó a explicar Idrak, tomando su copa de vino.
—Puedo prescindir de él —respondió Leyna con una sonrisa gélida.
Aprovecharía el momento para hacerlo desaparecer, ocultando cualquier rastro de dolor por la pérdida de aquel al que alguna vez amó. Para ella, era más importante el poder que un hombre que la despreció y la orilló al exilio.
—Entonces déjalo en mis manos. Iré a aquel lugar donde él mora —concluyó Idrak antes de beber un sorbo y desaparecer.
—Espero que no me falle —murmuró Leyna con un brillo especial en sus ojos.
—Espero, por tu bien y por el de él, que este plan surta efecto o, de lo contrario, estarán perdidos —sentenció Zardok.
Él tenía más que ganar incluso si ella fracasaba y los mataba a todos.
—Yo también lo espero, Zardok.
Leyna se quedó sentada en silencio, entrelazando sus dedos sobre la mesa. Zardok la observaba mientras retomaba su comida, viendo cómo en aquel juego de ajedrez la batalla definitiva comenzaría solo tres movimientos después.
"Si alguien pudiera prevenirte de que el poder es una gran responsabilidad y que el camino es incierto, además de que el destino del mundo es frágil… todo esto no sería tan peligroso."
#1426 en Fantasía
#744 en Personajes sobrenaturales
inmortales, amor amistad odio celos, criaturas magicas tiempo perdidas
Editado: 19.02.2026