Busca ayuda II
Kira los llevó hasta su casas, que se encontraba entre ambos mundos.
—¿Dónde estamos? —grito Gregor muy alterado, sintiendo un mareo terrible.
Estaban parados los tres en el recibidor de la casa de Kira, y se sentía con el estómago revuelto. Wayat Preston y Gregor Dulac observaban todo a su alrededor, dándose cuenta de que lo que ahí había era aún más antiguos de lo que ellos conocían, era una mezcla extraña de cosas, que solo habían visto en libros, alguna vez. Cosas que creían que el tiempo, las batallas o los catástrofes naturales habían destruido.
—Mi casa, un lugar muy seguro —aclaró con tranquilidad, esperando que se calmaran.
—¡¿Cómo es que nos trajiste? —le interrogo Gregor.
—En la jerga literaria humana se llama evanescencia, materialización, teletransportación, en mi mundo es magia.
Wayat se quedó mudo de la impresión, aun cuando era algo nuevo para ellos, a Kira le pareció que manejaron las cosas de lo más normal posible. Como si todos los días se encontraran con alguien e hicieran una aparición en otro lugar, le comenzaban a agradar.
—¿Por qué? —murmuro Gregor.
—Vengan conmigo —pidió con amabilidad caminando a la cocina.
Ambos hombres comenzaron a seguirla en silencio, entraron en está observando todo a su alrededor. Era como estar en un muy antiguo museo, con tanta historia que no podían apartarla mirada.
—Siéntense —pidió señalando los bancos del desayunador, con un ademán de la mano.
—¿Qué es este lugar? —Interrogo Wayat con tranquilidad unos minutos después.
—Solo es una casa, muy, muy vieja —respondió parando e frente a ellos del otro lado del desayunador, sintiéndose un poco apenada por como habían comenzado las cosas. —Creo que debo comenzar por decirles mi nombre —murmuro un tanto nerviosa, jugueteando con sus manos —Me llamo Kira Talin Hawthorn —guardo silencio por un par de segundos.
En el rostro de Gregor le pareció ver un destello de confusión, pero también un ligero y extraño rastro de reconocimiento.
—Él es Gregor y yo soy Wayat —respondió con calma, viendo a Kira a Los ojos.
Ella ya había olvidado las formalidades usadas por los humanos.
—Esto no les va a gustar... pero hay algo que deben ver, y para ello debemos hacer algo un tanto desagradable —continúo con cautela, recargándose en el desayunador, preguntándose si lo que estaba por hacer era lo correcto.
—¿Qué cosas?
—Es un conjuro simple… Gregor, deben beber una mezcla de hierbas y algo de sangre —explicó Kira con calma, viendo la expresión en el rostro de ambos.
Seguido de esto, miles de dudas los saltaron.
—¿Estás hablando de hacer un pacto o algo así? —interrogo Gregor.
—¡Eso no lo are nunca! —se burló Wayat, debatiéndose entre la duda y la seguridad, de conocer el mundo.
—No tengo tiempo para esto... —murmuro Kira exasperada, pero una idea surgió en su cabeza, utilizaría lo que sabía del pasado humano, sus usos y costumbres.
Aquellos en los que se habla de la magia, de los distintos creadores. Que ellos conocían bien, utilizaría lo que ellos sabían, para abrirles la puerta a su mundo. No fue sino hasta un par de horas después que ella les explicara, que se tranquilizaron y aceptaron que ella preparase la pócima. El hecho de que fuera una mezcla, de hierbas y sangre, tenía una buena razón. La razón era simple, debía quitar la venda invisible de sus ojos, de alguna manera dotarlos para ver lo que no podían, sin convertirlos en inmortales.
Una práctica casi extinta, y en aquellos confusos años inutilizable.
—¿Eso no me convertirá en nada anormal? —Interrogo Wayat muy serio, con un atisbo de ironía en su voz.
—No, solo les permitirá ver cosas, que algunos creen son producto de la imaginación humana.
Respondió esbozando una sutil sonrisa, como respuesta a la evidente broma de Wayat.
—Está bien —dijo Wayat un poco más tranquilo, Gregor ni siquiera se atrevía a hablar.
Ella apareció una serie de frascos con especias que contenían canela, sándalo, pétalos de rosa negra, menta pulverizada, raíz de Jazabell, además de un poco de ralok, una planta muy extraña y casi extinta. Muy similar a la manzanilla, solo que esta de un color azul oscuro, con tintes violáceos. Los dos hombres la observaban en silencio, al igual que ella, se preguntaban se eso era lo correcto.
Pulverizo todo en un mortero, mezclo un poco de cada cosa sobre un papel, preparando un polvo de color ocre azulado. Uso la mezcla en la cafetera y minutos después comenzó hervir un té de que al final era de color rojizo. Kira lo sirvió en dos vasos y tomó un cuchillo hizo una cortada en su dedo índice dejando caer un par de gotas de sangre en cada vaso. En el té se formó una especie de torbellino, el color cambió parecía una gelatina azul verdoso. Se veía asqueroso en realidad, aunque su olor era distinto para cada uno de ellos.
—Este es un brebaje de mago, me lo enseño un amigo... hace muchos años —explicó Kira colocando los vasos frente a ellos —¿Listos?
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Editado: 19.02.2026