Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Setenta y seis

La ayuda.

Después de un largo viaje por el mundo mortal Raxus Deiotarus regreso, había conseguido a su parecer lo necesario para ayudar a Kira Talin, pero desde que inicio con eso, había tenido el presentimiento de que algo más pasaría. Estaba parado frente a la casa de Kira Talin, un temor, que se hacía más intenso, lo había abordado desde que llego al lugar.

—Debo dejar estos en la casa —pensó viendo el rollo de papel que contenía el mapa, y una serie de documentos que había conseguido, en un largo y arduo recorrido por el globo terráqueo con el único fin, de ayudarle en esa aterradora y quizá mortal tarea.

Entro a la casa en silencio, todo estaba tan tranquilo que supuso no había nadie, y no se equivocó.

Subió hasta la habitación principal, coloco de sobre la cama y el mapa, junto con un sobre con un escritorio en él. Estaba escrito a mano en texto antiguo, una forma de escritura que solo algunos cuantos usaban aun en esos tiempos… Pero, que Kira conocía.

“Nuestro destino está en tus manos”

Dejando su encargo se desvanecieron un golpe de su vacilo, llegó a los jardines Sombríos a la orilla del bosque Akuno, estaba parado frente al arroyo viendo el agua azulada de Tinja. Esta bajaba desde las montañas y se perdía en una cueva que llevaba a un muy hermoso manantial. El pequeño arroyo se separaba al bosque de los Jardines Sombríos, y el otro cause llegaba hasta el Bosque de los Murmullos.

—Es bueno verte Raxus… mi viejo amigo —dijo una voz muy familiar a su espalda, pero esto en lugar de tranquilízalo le provoco una sensación de intranquilidad.

—Solo me ausente el tiempo necesario —respondió Raxus volviéndose a verlo, ocultando su temor.

—No fue suficiente tiempo Raxus.

Sentencio Idrak tomando una daga que traía en su cinturón, una daga que no pertenecía a Domenicus Talin. Raxus dio un paso atrás, viendo la daga en la mano de “su amigo”.

—¿Quién eres tú? —Interrogó Raxus señalándolo con su cayado.

—Soy tu peor pesadilla —respondió Idrak desarrollando sus alas, esbozando la macabra sonrisa que le caracterizaba.

—Tú no eres Domenicus.

—¿Quién más podría ser?

Interrogó Idrak acercándose con la daga en la mano.

—Es hora de saber quién eres —grito Raxus, golpeando el suelo con su cayado. —Verate —verdad —el Wizdart, le lanzo un poderoso conjuro.

Idrak comenzó a transformarse, mostrando su verdadero rostro. El hechizo que había lanzado sobre sí mismo se había roto, eso le demostraba el poder de Raxus.

—Esto no puede ser —gritó Idrak Nord furioso —¡Dame ese cayado! —ordenó estirando la mano y el cayado de Raxus voló hacia ella.

—¿Acaso crees que soy como el resto de los magos que sin su cayado no son nada? —interrogo Raxus en tono burlón, imaginando que quizá esa noche seria su fin.

—¿A qué demonios te refieres?

—Talistre —cristal.

Raxus soplo un polvo muy fino de color rosado a los ojos de Idrak, el Didrak soltó el cayado y se llevó las manos al rostro sintiendo una ardor inmenso en sus ojos.

—Ya estoy harto de este juego —dijo Idrak tallando sus ojos y un clon apareció detrás de Raxus clavando la daga en el costado del Wizdart. —Se que no eres como otros magos Raxus Deiotarus y sé que el oro negro de Taneth, es fatal para ti —corrigió Idrak a su oído, mientras el Wizdart sentía un intenso dolor en su espalda.

Raxus comenzó a sentir que sus piernas flaqueaban, ya nada podía hacer para salvar su vida.

—No puedo morir aquí —pensó él. Raxus había logrado desarrollar sus habilidades de desvanecimiento sin necesitar el cayado —Kira —pensó desvaneciéndose.

Idrak Nord ni siquiera pudo darse cuenta de este hecho.

Raxus Deiotarus logro llegar al recibidor de la casa de Kira, cayó al piso casi inconsciente. Con mucho esfuerzo, de su chamarra saco un pedazo de carbón negro.

—Debo advertirle, espero pueda descifrarlo o entenderlo —pensó dibujando un símbolo en el piso.

Poco a poco sintió como su corazón dejaba de latir, el oro negro haría que su cuerpo en cuestión de segundos se volviera polvo hasta desaparecer. Así que solo quedaría lo que había escrito en el suelo, que esperaba sirviera de advertencia.

Cuando Idrak Nord se recuperó no podía ver casi nada, se acercó al arroyo y volvió a cambiar otra vez, de nuevo era Domenicus, cuando vio su reflejo en el agua lo poco que pudo notar las secuelas del combate con Raxus Deiotarus.

—¡Maldito Wizdart!

Gritó Idrak furioso golpeando el agua, los ojos de Idrak se habían quedado de color violeta como eran, debidos al hechizo que Raxus le había lanzado. Se desvaneció y llegó a Thenet, entro al castillo negro estaba furioso y mal decía al Wizdart, entre gritos y aspavientos.

—¿Qué demonios qué sucede Idrak? —interrogo Leyenda saliendo de la estancia principal, en el primer piso al recibidor del castillo, a causa de los gritos del híbrido —¡Domenicus! —gritó la Wizdart cuando lo vio entrar, se detuvo de golpe.

—Estúpida —gruño Idrak volviéndose a ver a la Wizdart y volviendo a su verdadera forma.




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