Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Setenta y ocho

Padre y madre

En el Bosque de los Murmullos, una sombra comenzaba a crecer, rompiendo el balance que en él existía. El silencio dentro y entre los árboles era cada vez más largo; ya casi no podían escucharse aquellas antiguas conversaciones. Era como si el silencio se apoderara de sus voces, y aun cuando quisieran gritar, nadie podría escucharlos.

El mundo se estaba ensombreciendo de un modo aterradoramente rápido, muestra de que lo que fuera que sucedía sobrepasaba a los más viejos y poderosos de ese mundo. Ya que nadie se estaba dando cuenta de ello o, si lo estaban haciendo, se obligaban a guardar silencio.

—Tares lasunif —Nuestra era está llegando a su fin —dijo Ydati con sus mil voces, todas ellas dejaban traslucir su tristeza. Como pocas veces, el brillo de sus ojos se oscureció.

—Lesomi domy Ydati, segenurt timest rined crileret —Lo sé mi amado Ydati, sé que nuestro tiempo en este reino de cristal se termina —respondió Braiman con tono tranquilizador.

Sabía perfectamente lo que pasaría con ellos cuando su fin se acercara. En el fondo lo habían esperado por demasiado tiempo, tanto que no creían que fuese cierto. Esperaba tener la fuerza suficiente para dar el último paso en su extremadamente larga vida, y ahora que su hora acechaba, estaban listos.

—¿Crut leogren? —¿Crees que ellos lo logren? —interrogó Ydati intranquilo, caminando entre los árboles más viejos del Bosque de los Murmullos, aquellos árboles que los habían acompañado a lo largo de su vida, a quienes habían visto desde que eran solo unos retoños.

—Coret, onsevocna lareas —Creo que no nos equivocamos al crearlos —respondió Braiman con su coro de mil voces.

Para ella era difícil pensar que sus hijos se perderían en los trazos del tiempo. Para ese momento se dio cuenta de que había demasiado silencio en el bosque, que la luz ya no brillaba como antes.

—Tomedoma geidomi conueron, ut —Temo mi amado que pudimos cometer un error con… ellos —explicó Ydati, parándose frente al árbol más grande del bosque.

—¿Repgeay ongesau sorkan? —¿Por qué ya no siguen a su corazón?

Braiman no era muy diferente a Ydati; ella también era de cuerpo vaporoso de color gris oscuro. Eran lo que algunos llamaban “magia corpórea”. La silueta de sus ojos marcados en negro, un negro muy profundo. Ella era la oscuridad encarnada; difícilmente se preocuparía por algo, pero en aquellos raros días, se denotaba ese sentimiento, algo que sin duda no era bueno para nadie.

—Repgsha corrantge creslo desanturi —Porque se han corrompido tanto que creo que sólo desean destruirse —explicó Ydati con tranquilidad, sintiendo un inmenso dolor en su corazón al pensar en el fin de un mundo que ayudó a construir.

—Imnamadin tegeugas kizt —Mi amado, también temo que tengas razón —respondió Braiman tomando las manos de Ydati, quedándose en silencio.

Todas las criaturas a su alrededor, todas las que entendían el sentido de esa conversación, se quedaron calladas al igual que ellos. El temor de "Padre" y "Madre" no era algo alentador y eso les hacía sentir más miedo que otra cosa. Pero no podrían compartir con nadie lo que allí se decía, pues todo lo que allí ocurriera era secreto.

De modo que sus temores, preocupaciones y conversaciones solo podían externarlos entre ellos mismos. Lo único que les quedaba eran esas conversaciones, las que se escuchaban en ese bosque en esos últimos tiempos.

Solo había conversaciones de muerte y destrucción; ya no se hablaba de la bondad que perduraba en su mundo. Se estaba pereciendo de un modo inimaginable; dentro de poco ya nadie sabría lo que el bien significa. Quizá los padres de ese mundo tenían razón y se habían equivocado de una manera terrible con ellos.

"Cuando haces algo con tanto amor y esperanza, también debes esperar que pueda fallar."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.