Brazos de la muerte
El destino se nos rebela en pequeños fragmentos, como pequeñas imágenes en nuestro inconsciente. Avanzamos cada tramo del camino, siguiendo estas imágenes. Solo que en las más extrañas ocasiones, logramos dar una vuelta en alguna esquina que no estaba prevista. Cruzamos un puente que está en llamas, solo para salvar lo que está del otro lado, sin importar que sea o no importante para los otros. En algunas ocasiones, sumamente especiales, el destino nos regresa al camino correcto o al que ha elegido para nosotros.
No lo hace por lo que somos, lo que tenemos, lo que queremos o lo que necesitamos; lo hacemos en toda medida por quienes vamos a ser. Y para hacer lo que debemos y, sobre todo, para lo que fuimos creados. Sin importar de qué lado del camino se esté, nuestro destino siempre nos encontrará, aun cuando nos escondamos de él.
Gregor Dulac y Wayat Preston regresaron a la casa de Kira muchas veces más. Lukyan Aleksei volvió a desaparecer un par de meses. Ya casi estaban por terminar la traducción de los mapas. Se habían reunido en la biblioteca para seguir revisando los mapas y los escritos que habían encontrado Raxus Deiotarus y Row Aimus. Ya habían descifrado casi el 95% de los escritos antiguos. Si acaso solo dos juegos de mapa-pergamino aún faltaban de ser revisados.
Habían traído algunas cosas de la universidad para ayudarse en su labor; el resto de las cosas, sobre todo libros, se los había proporcionado Kira. A medida que pasaban los días, iban descubriendo que mucho de lo que ellos conocían se relacionaba con ese mundo, aunque les faltaban algunas cosas que comprender. De cómo cada cosa que por milenios se creía inexplicable, en sus libros encontraban mucho del porqué.
Se dieron cuenta de que el ser humano está relacionado completamente con el mundo mágico, y que desde los cimientos, eran uno solo. Tal parecía que para ese momento sería el último día de trabajo, pues dejaron para el final los documentos más sencillos o actuales a traducir. Estaban inmersos en el trabajo cuando escucharon una extraña voz proveniente del recibidor de la casa.
—¡Kira! —llamó alguien, casi en un grito. Gregor y Wayat salieron de la biblioteca corriendo sumamente asustados, encontrándose con este que, al igual que ellos, también se sorprendió.
—¿Quiénes son ustedes? —interrogó el Didrak desarrollando sus alas; era la primera vez que veían a otro además de Kira y Lukyan.
—Amigos de ella —atinó a responder Gregor con la voz ahogada por el miedo.
—Ella no tiene amigos mortales —respondió el Didrak encerrándolos en una burbuja de energía; no quería dañarlos, pero no podía darse el lujo de confiar.
—¡Abuelo, basta! —pidió Kira bajando las escaleras con calma, esbozando media sonrisa de desaprobación —. Son amigos míos —concluyó parándose a un lado de él. La burbuja desapareció, liberándolos.
—Lo lamento, no tenía idea.
Se disculpó Merrik Hawthorn observando a los dos humanos. Desde el encuentro con los vigilantes en casa de ella, se habían reunido frecuentemente, creando nuevos lazos de amistad y cariño entre ellos.
—No hay problema —respondió Wayat casi en silencio, volviéndose a ver a su viejo amigo Gregor, haciéndole una señal con la cabeza para que regresaran a la biblioteca.
Donde sin duda, o solo por el momento, estarían a salvo. Merrik y Kira aguardaron en silencio hasta que los hombres entraron en el lugar.
—¿Qué trae por aquí, Merrik? —le interrogó Kira con sutileza acercándose más a él. Este sonrió un tanto apenado viéndola a los ojos, dándole un fuerte abrazo a su nieta.
—Un rumor en el viento, que me dice que algo malo va a pasar este día —respondió Merrik tomando la mano de Kira.
—Lo mismo he oído yo y sé que acabará mal, pero presiento que así debe ser —respondió tratando de ocultar la tristeza en su voz, de algo que sabía ensombrecería su vida, pero no de cómo es que esto sucedería.
—Déjame ayudarte.
—No puedo hacerlo, abuelo, esto debo enfrentarlo sola… pero tengo el presentimiento de que algún día así será, de que algún día necesitaré de tu ayuda —respondió Kira con calma, apretando la mano de su abuelo —. No puedo arriesgarte, ni a ti, ni a nadie más… No te preocupes por mí.
Trató de sonreír, como si con ello pudiera desaparecer su tristeza.
—Aun así lo haré —dijo Merrik, sin sentirse tranquilo. Si ella no quería su ayuda, nada podría hacer —. Ahora debo volver a Codam —concluyó con una sonrisa amable soltando la mano de ella, tratando de sonar satisfecho con la respuesta de ella.
—Cuida de Zoe.
—No será de otro modo —dijo el Didrak desapareciendo en el viento, cual si fuera un tornado.
Kira suspiró tratando de tranquilizarse, pensando en si lo que estaba a punto de hacer era lo correcto o debía encontrar otra manera para ayudar al mundo mágico sin arriesgar su vida y su mundo. Sin que se diera cuenta, inmersa en sus pensamientos, se quedó allí parada; el paso de las horas fue firme y, en ocasiones, imperceptible.
—Kira, debemos mostrarte esto —indicó Gregor con calma parado en la puerta de la biblioteca. Ella se volvió lentamente y caminó hasta él. Entraron a la habitación y se acercaron a la gran mesa con calma.
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Editado: 19.02.2026