Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Prólogo

Prólogo

Por fin pudo encontrarlo. Había sentido que la oscuridad perdía algo de su matiz justo cuando dejó de sentirlo a él. Su hermano de batalla, su amigo y aliado, había caído. Lo encontró con una profunda herida en su corazón; por el aroma que esta desprendía, se dio cuenta de qué arma había sido usada para hacerlo. Odiaba a los creadores de esas cosas; ellos solo las habían creado para controlarlos, porque les temían.

—Te lo dije, Luk, esa mujer sería tu ruina… tenías que escucharme —le riñó acuclillándose a su lado —. Te llevaré a tu última morada.

Tomó el brazo de Lukyan y se desvaneció con él. Lo llevó a Tohund, con las tres Drakar: tres Zelldres que nacieron con una maldición impuesta por la misma Llama Azul de la torre de los dragones. Ellas eran como arañas que se alimentaban de la carne muerta, pero ocasionalmente hacían favores funerarios a quienes sabían cómo pagarles. Por eso lo había llevado con ellas.

—¿No vendrás a pedirnos otro favor? —le interrogó una de las hermanas con su voz chillona.

—Sí, es para mi hermano.

—Pero, cariño, nos comimos a tu hermano hace siglos —le recordó la segunda anciana.

—No ese hermano… Lukyan, el último descendiente de Aleksei, ha muerto.

Las tres hermanas comenzaron a lamentarse y retorcerse como si les hubieran arrancado el corazón. Para ser honesto, él no se esperaba ese drama.

—Hermanas, sé que están afligidas… pero no podemos dejarle así —les dijo señalando a la entrada.

Las hermanas volvieron su mirada a donde les indicó. Se percataron de que se encontraba el cuerpo de Lukyan. Las tres mujeres se movieron hacia él con la rapidez que les permitían sus deformes y desgastados cuerpos.

—No debiste dejarlo aquí, él no es una basura como el resto de ustedes… —le regañó la tercera hermana levantando la cabeza del Zelldre y acomodándola bien —. Hermanas, llevemos a nuestro señor a las catacumbas.

Él solo observó cómo se llevaban a su amigo a su lugar de trabajo. Dentro de tres días le podría dar sepultura, si a esas locas no se les ocurría realizar un funeral digno de los antiguos dragones.




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