Los gatos son seres muy bellos que siempre han captado mi atención porque no son seres genuinamente domésticos ya que, a diferencia de un can que pareciera ser demasiado leal y desvivirse por su dueño; en el caso de un felino jamás encontrarás ese tipo de devoción tan notoria, la mayor parte del tiempo la conexión es más lenta y sutil, pero eso no significa que no puedan querer a los demás.
Aún así, admitió que jamás había tenido un gato, o bueno… no desde hace algunos años.
-Sigo sin entender por qué los amas tanto— la voz de Jessica irrumpe mi cabeza y me regresa en un instante al presente.
-Oh, déjalo en paz, Jessica— Charlie se giró a verla con una enorme sonrisa en el rostro—. Sabes que desde niño ha ansiado tener un gatito de nuevo.
Quizás si no me pareciera tan interesante el cuadrupedo que veía con atención, hubiese podido responderles algo. El pequeño atigrado caminaba cerca de un puesto de comida, mientras pedía con un urgente maullido un poco de comida al dueño de dicho puesto.
-Y aún tiene la osadía de ignorarnos— bufó Jessica.
-Tranquila, yo aún te prestó atención.
-La tarea de cálculo es muy importante, Axel— quería que regresara a la conversación y lo hice a regañadientes.
-¿Qué propones?— pregunté algo tajante.
-Puedo realizar los cálculos porque son muy sencillos, pero ustedes harán el rompe olas que necesitamos presentar— indicó con su típica y molesta voz altanera—. Los voy a supervisar para que todo salga bien, ¿en qué casa sería?
-Esta vez no va poder ser en mi casa porque tengo visitas y odian que se les incomode— señaló Charlie.
-¿Axel?— sabía que esa no era una pregunta, sino una orden.
-Supongo que le diré a mis abuelos— me limité a responder, y giré a otro lado para evitar mirarlos fijamente.
Miraba a nuestro alrededor sin tener algo en especifico que ver; solo había estudiantes vagando en su hora de receso o docentes chismeando en grupo por ahí. Era la misma rutina de cada día de la preparatoria, honestamente me agobiaba y eso que apenas era la mitad de semana. Eso continuaba de dicho modo rutinarios, hasta que… una inefable razón me hizo girar a un lugar en específico, fue entonces que algo dentro de mi rutinario radar llamó mi atención de la misma manera que el caudrupedo de antes, pero esta vez se trataba de un bípedo, o bueno una chica que conversaba sin demasiado animó con un reducido grupo de posibles amigas.
No sabría decir exactamente qué capturó mi atención, no es como si poseyera una belleza irreal, pero lo cierto era que a mis ojos era demasiado bonita. Su espeso y largo cabello azabache era lo primero que quizás me llamó la atención, parecía que era tan suave que quería pasar mis dedos a través de su cabellera. Además tenía un par de ojos profundos y negros que me acordaban bastante a la mirada felina de los gatos; sus expresiones de seriedad y algo de altaneria también me los recordaban bastante, o quizás… algo más.
-¿Ahora te has prendado de ella o qué?— de nuevo Jessica me atrajó a la mesa.
-Es bonita— señaló Charlie restando importancia.
-¿Saben quién es?— algo tenía que sacar de esta conversación.
-No tengo idea— negó Charlie y me giré hacía Jessica.
-¿Cómo lo voy a saber?— respondió molesta—. Ni siquiera es de nuestro grupo— se detuvo a pensar un momento—, creo que pertenece al grupo 243.
-¿Clases extra de contabilidad?— pregunté, ya que en el sistema de la escuela debíamos tomar clases extra de alguna especialidad y así se dividían los grupos.
-Eso parece— asintió con la cabeza— o al menos ahí está con ellas; porque ahí está Karla.
-¿Tu vecina?— preguntó Charlie y Jessica asistió—. Realmente no conversamos desde niñas, pero sé por mi mamá que ahí va.
-¿Puedes preguntarle su nombre?— pregunté con entusiasmo.
-No, no, no— negó rápidamente—. La última vez que le hablé tuvimos una pequeña diferencia y honestamente es incómodo hablarle.
-Por favor— le supliqué—. Le pediré a mi abuela que te enseñe su colección de objetos antiguos— sabía bien que a Jessica le generaba curiosidad la colección de mi abuela— y le pediré que nos haga galletas para cuando veamos el proyecto.
-Agh… ¿pasado mañana?— preguntó justó después de bufar.
-Trato hecho— sonreí y casi la abrazo, pero ella se negó, así que estreché su mano.
-No puedo creer que vaya a hacer esto.
-Es porque en el fondo eres buena persona y te preocupas por Axel— le sonrió Charlie amablemente.
[Dos días después]
Caminaba tranquilamente rumbo a la cafetería de la escuela, tenía un par de minutos libres antes de que continuará la clase topografía que formaba parte de las obligaciones de mis clases extra en construcción, que era una especie de arquitectura. Tenía sed por lo que quería comprar un agua antes de regresar a clase, pero cuando estaba abriendo la puerta de dicha cafetería para ingresar, un quejido parecido a un “auch” me asustó por completo.
Vi con detenimiento a una chica cubriendo parte su rostro, su nariz para ser exactos y al lado vi a Karla, la vecina de Jessica por lo que al analizar esa cabellera supe inmediatamente de quién se trataba.