-¡Vaya, hasta que al fin te dejas ver!— rio sarcástico.
-No seas exagerado— respondí con algo de molestia.
-Charlie tiene razón— se notaba a leguas el humor matutino de Jessica—. Parece que te has tomado muy en serio tu interés por esa.
-Jessica— la reprendió con dicho tono de voz—. Creo que sí nos hemos alejado un poco últimamente, pero a ambos— realizó un énfasis en esa palabra, mientras Jessica lo observaba con irritación palpable— te hemos extrañado mucho.
-Es una buena persona; lastima que hoy no vino.
-Ya decía yo que era demasiado bueno para ser verdad— se quejó nuevamente—. No seremos tu segunda opción.
-Por eso me he alejado— solté con la misma molestia—. No sé por qué Charlie sigue aguantando tu humor— mi comentario fue mordaz y directo.
-Alex— una vez más Charlie intentaba calmarnos un poco—, ¿podemos volver a coexistir en santa paz? Por favor.
-Jessica es la que está irritable— señale como si la acusara cuál niño pequeño.
Charlie solo nos miró con cansancio, mientras ambos decidimos hacerle caso y continuar en silencio. Sabíamos que a la menor provocación esto terminaría terriblemente mal. Así que solo estaba engullendo mi almuerzo para evitar hacer contacto visual con ella.
-¿No han tenido ningún problema?— preguntó Charlie como si quisiera tantear el terreno.
-No— pase un bocado en seco y tome agua para compensarlo—. Al inicio fue complicado, pero la he conocido mejor; sobre todo porque somos prácticamente vecinos.
-Me alegro— me sonrío de manera genuina; aunque escuché un gruñido de Jessica.
-¿Por qué fue complicado al inicio?— se animó a preguntar, mientras trataba de calmarse.
-No es el tipo de persona que confíe rápidamente, pero ahora tenemos una buena amistad.
-Pero ese no es tu propósito.
-Es cierto— no le discutí su punto—, pero creo que la posibilidad de ser algo más es posible.
-No es lo mismo conocerla como amiga que como pareja— señaló y yo sabía bien el porqué de ello.
-Alex sabrá lo que hace— nos irrumpe Charlie—. A lo mejor su relación con Isabella de verdad puede llegar a ser un bonito romance.
-Si es que ya aprendió a no repetir patrones.
-He crecido— sentencie y ambos dejaron hasta ahí el tema.
Sabía que no podía estar molesto con Jessica porque más de una vez ella estuvo ahí cuando tomé malas decisiones en mi vida romántica. Lo cual lo tachó como si yo fuese alguien que jamás podría tener una buena elección para pareja; aunque entendía su temor y frustración, tengo la extraña sensación de que Isabella no será así.
Aunque mentiría si dijera que, algo en ella y toda esa personalidad no me traía recuerdos… es cierto que tenía algunas cosas que me solían atraer y se suscitó en cada chica con la que salí. No obstante, había algo que la sacaba de ese patrón y es que ella también odiaba lo mismo que yo…
El abandono.
[Más tarde]
Estaba en el parque cerca de mi casa, sentado en una fría banca esperando como “un perro a su dueño”. Hace poco me había finalmente contactado con Isabella y me dijo que deberíamos hablar, pero prefirió que sea aquí, por lo que no me quedaba más que esperarla paciente.
Mientras veía a gente hacer ejercicio y niños correr libremente, no pude evitar pensar en por qué razón Isabella faltaría a la clase, ella no solía ser ese tipo de persona, por lo que debe haber alguna razón. Eso me mantenía curioso, sobre todo por el énfasis que había hecho en que de verdad necesitaba hablar conmigo algo importante.
¿Comenzó a salir con alguien?
Esa idea fue repentina y molesta; era cierto que solo éramos amigos y no tenía nada por lo que reclamarle, pero pensar en esa posibilidad había hecho que mi pecho doliera y los celos me invadieron. No debo precipitarme hasta que ella misma sea la que me diga de lo que quiere hablar y cómo genuinamente soy su amigo, voy a escucharla.
Estaba perdido en pensamientos hasta que sentí alguien detrás de mí que me tapó rápidamente los ojos con diversión. Sus manos estaban algo frías debido al clima, pero aún así eran muy suaves y transmitían una extraña calidez.
-¿Isabella?— le hablé tratando de no reír al ser mi única opción viable.
-No, bobo— escuché una risa femenina que no era Isabella y me quité sus manos de mi rostro bruscamente.
-¿Qué haces aquí?— pregunté un poco a la defensiva.
-Eso podría preguntarte yo— me sonrió ignorando mi confusión—. ¿Esperás a alguien?
-Yo…
-Hola… Alex— esa voz— Karla… ¿qué hacen los dos aquí?— ver su rostro molesta me aterró, como si fuese un niño que atraparon haciendo una travesura.
-Hola, Isabella— respondió Karla, ajena a su palpable irritación—. Acabo de encontrar a Alex y justo eso le preguntaba.
-¿Y tú qué haces aquí?— no parecía su amiga en éste momento—. No vives por estos rumbos.