Historias cortas

Chicles de canela (3ra parte)

Caminaba por el parque para despejar un poco mi cabeza después de lo último que había sucedido en mi relación con Isabella. Honestamente esto me pone a cuestionarme a mí mismo un par de cosas; como el hecho de que si está inmadurez e inestabilidad continua lo mejor sería… agh, pensarlo incluso me parecía terrible, no podía negar que tenía cierta dependencia y no quería que esto acabará, pero de tanto en tanto volvíamos a discutir y últimamente pasábamos mucho más tiempo pelados que demostrándonos el amor que decimos profesar.

La brisa fresca me recuerda el lugar donde estoy y de hecho me ayuda bastante a calmar la cólera que me allanaba antes. Me detuve bajo un árbol para tomar un poco de sombra pues el sol comenzaba a estar en su punto más alto, práctica ya casi era verano y con ello venía, no solo el fin de el semestre, sino incluso el de preparatoria. Ya teníamos alrededor de año y medio siendo novios, y en un comienzo como siempre todo parecía “miel sobre hojuelas”, pero pasada la etapa de “enamoramiento que distorsiona la realidad” las cosas comenzaron a salir a flote y por cosas me refiero a discusiones que fueron escalando hasta estos últimos meses en los que cada semana terminamos molestos porque cualquiera de los dos iniciaba una discusión.

Aunque admito que esta última vez fue mi culpa, porque siempre caía en el mismo problema que jamás he podido soltar desde mi niñez y era la inseguridad de mi valor y el terrible problema de ser abandonada según mi ansiosa cabeza. Al inicio Isabella fue muy paciente, pero obviamente todo tiene un límite e Isabella ya había llegado al suyo. Esta última vez, creí que me dejaría por uno de sus amigos que formó hace un año en un trabajo en equipo. El problema es que se lo eche en cara sin razón al pasar gran parte de la tarde con él y no responder a mis mensajes; recriminándola por ser alguien sin responsabilidad afectiva, pero sabía que no era así, quizá otro de nuestros problemas sea el lenguaje de amor y a veces la comunicación. Últimamente había un muro entre nosotros para comunicarnos, además que el tener lenguajes de amor tan distintos no nos ayudaba demasiado.

-Debo disculparme y hablar seriamente sobre nosotros con ella— murmuré en voz alta—. ¿Quizá debería ir por chicles?

Con el paso del tiempo aprendí que extrañamente el hecho de mascar chicle tranquilizaba a Isabella en específico sus favoritos que eran los de canela. Recuerdo haberme dado cuenta por casualidad cuando la vi tensar muy seguido su mandíbula mientras realizamos los deberes, así que tenía un par de chicles sabor sandía que amaba y ella los aceptó y tardó un poco en calmarse. No obstante en alguna ocasión vi en su cuarto unos viejos chicles de canela y creí que lo mejor era ofrecerle de ese sabor a pesar de que no me gustaban personalmente; fue entonces que apenas masticó un par de veces su ceño se tranquilizó al instante e inclusive sonrió al instante; ella ama eso chicles.

Admito que después se me volvió costumbre regalarle esos chicles y un par de veces los utilice como una disculpa no tan directa. Sin embargo, hoy será distinto a aquellas veces; me puse a pensar mucho en el futuro de nuestra relación ahora que estábamos a nada de ser universitarios; además nuestra ciudad era pequeña, así que cómo decidí estudiar para biólogo marino, sabía que tendría que mudarme a la capital o no tendría una oportunidad y esto ponía en cierta situación nuestro futuro como pareja. No creí que estábamos listos para una relación a distancia honestamente.

Debo hablar con ella y resolver de la mejor manera esto de una vez por todas; de cualquier manera, en casi nada éste semestre daría su final y con ello nuestro futuro juntos.

POV: Isabella Courtney

Cuando era más pequeña, antes de que mi pete decidiera terminar con su vida; yo solía ser muy apegada a él y también le causaba problemas con mis berrinches frecuentes cuando las cosas no salían como yo quería— aunque ahora que lo pienso no he cambiado mucho—; una vez cuando no sabía cómo calmarme me regaló unos chicles que traía en su bolsillo. Lo cierto es que solo había probado los chicles un par de veces que mis amigos me ofrecieron porque mamá no lo consideraba adecuado, pero éste era especial porque papá me lo regaló. A cambio yo esperaría paciente hasta que regresara de su trabajo el fin de semana; así lo hice y admito que al inicio el sabor no me agradó y me molestaba la garganta, pero después de un rato me dejaba una extraña sensación de calidez que relacione con mi papá.

Después de que él se fuera deje de mascar chicles y sobretodo de sabor canela, pero un día Alex me los ofreció e increíblemente el sabor cálido volvió. No es que no lo hubiese intentado después de pasar por ese duelo, pero simplemente había perdido esa tranquilidad que me hacía sentir; al menos hasta que mi novio me los ofreció. Poco a poco fue una adicción para ambos, pues a veces él se disculpaba conmigo regalándome unos chicles para tranquilizarme, mientras yo me volví adicta a esa dopamina que segregaba en cada mascada. Esto comenzaba a ser un círculo vicioso para ambos y debíamos parar con ello.

Una vez más discutimos porque le dió celos a Alex porque salí un rato con Gael después de realizar el último trabajo escolar y honestamente su inseguridad me estaba volviendo loca, pero en el peor de los casos deje de tener paciencia y me comenzó a generar un rechazo que me hacía evitarlo por un tiempo. Quería que tuviera plena confianza en mí, pero como no la tenía sus celos me hacían alejarme y no querer hablar con él. Admito que no es la mejor opción y debemos de comunicarnos tanto como cuando comenzamos a salir y todo parecía perfecto. Sin embargo, hoy los enfrentamos a la falta de comunicación que solo se ampliaba con el final del semestre que daba por concluida la preparatoria.



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En el texto hay: romance, amistad, tracion

Editado: 12.03.2026

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