Podía sentir mi estómago revolverse y apretarse más segundo a segundo. Estaba en la orilla de una jardinera y podía sentir el frío concreto debajo de mí, recordando que esto era real y que además aún era muy temprano por lo que la mañana continuaba con una fresca brisa. Mis oídos captaron el bullicio alrededor de todos los alumnos platicando tranquilamente, antes de que ingresaran a sus respectivos salones. Me quejé de tan solo recordar que hasta hace apenas unos minutos, desconocía el interior de esta secundaria; todo porque mi madre decidió cambiarme de secundaria a poco menos de la mitad de mi segundo año.
Tenía a los de mi salón en la mira, o al menos eso suponía porque estaban fuera del salón que correspondía a mi grupo. Además no estaba del todo perdida considerando que reconocí a una ex compañera de primaria, aunque honestamente jamás fue mi amiga en particular, pero era mi mejor candidata para iniciar una conversación; en realidad una muy sencilla pregunta abriría la plática “Disculpa, ¿éste es el salón 2C?” En teoría era sencillo, de no ser porque el solo imaginarlo ya me generaba bastante ansiedad.
Maldición, ¿por qué la vida no me hizo más extrovertida? O menos ansiosa como mínimo.
No obstante el timbre de la escandalosa campana marcaba el fin de mi evitación por interactuar con alguna persona. Tomé una muy concienzuda bocanada de aire antes de tomar valor y acercarme con piernas temblorosas y una sonrisa nerviosa a Tara.
-Hola, ¿éste es el grupo 2C?— la voz me salió más nerviosa de lo que creí.
-Ah, hola, Cynthia— la sonrisa de Tara fue completamente amable—. Sí es éste, ¿cambiaste de escuela?— señaló al verme uniformada.
-Sí, estaba un poco perdida.
-Ven, te guío para que no estés sola.
Ingresamos al salón y Tara fue completamente amable, me presentó rápidamente a su grupo de amigos porque el profesor ya había comenzado la clase. Honestamente seguía con esa molesta sensación de estar fuera de lugar y las miradas de algunos curiosos no me ayudaban, pero lo ignoré lo más que pude para concentrarme en clase. Cuando vi el oportuno momento me dirigí lentamente hasta el escritorio del profesor, quien continuaba con la mirada fija en sus documentos sobre el escritorio.
-¿Qué quiere?— preguntó sin verme aún.
-Buen día, soy nueva y necesito su firma para confirmar que lo sabe— le extendí el documento que me había dado una de las secretarías en la dirección.
-¿A casi mitad de año?— su molestia era evidente.
-A penas aceptaron mi cambio— fue lo único que atine a responder.
-Regresate a tu escuela— casi gruño y al fin me miró. Me quedé congelada sin saber qué decir.
-No sea así— una alumna que estaba sentada cerca intervino—. No es como si fuera su culpa que a penas la cambiaran.
-No te incumbe, Álvarez— no obstante y a pesar de su respuesta lo firmó— No causes problemas…— bajo su vista hasta la hoja con mi nombre— Díaz.
-Gracias— le sonreí tímidamente a la chica que me ayudó y me fui nuevamente a sentar.
La clase finalizó después de la aburrida explicación del profesor sobre la ganadería principalmente bovina y la pesca. Definitivamente fingí entender la mitad de la clase porque geografía jamás fue mi fuerte. Teníamos un breve descanso porque el profesor había finalizado antes de lo previsto y Tara junto a sus amigos querían ir a comprar algo; no obstante sentí que no encajaba en su grupo, Tara también lo notó.
-Hola, Tara— se acercó Álvarez a saludar—. ¿Quién es tu nueva amiga?
-Hola, Raquel— se giró a verme—. Ella es Cynthia, la conocí en la primaria.
-Hace bastante— sonrió Raquel— Desearía conservar una amistad así— Tara sonrió sin decirle algo más hasta que sus amigos la llamaron.
-Debo irme— nos vió a ambas y sentí un brillo en sus ojos. No sabría explicar qué pretendía o que veía en nosotras—. Te la encargo.
-Debe ser difícil ser la nueva— me miró Raquel amable— ¿Qué te ha parecido la escuela?
-No tengo mucho que decir aún. No conozco a prácticamente nadie.
-Bueno…— sentí que su sonrisa era genuina— ahora me tienes a mí y te ayudaré con eso.
[Más tarde]
Siendo honesta no tengo ni la más mínima idea de lo último que he “conversado” con Raquel. Me brindó tanta información en tan poco tiempo que me perdí en mi cabeza y disocie más de una vez en toda la plática. No le entendía nada y comenzaba a creer que no tenía un “botón para apagarla” y que solo co-existieramos sin tanta “chachara”.
-Por eso no debes distraerte con la profesora de inglés…— fue vagamente lo que mi cerebro captó regresándome a la realidad— con el profesor de geografía todo es relativamente tranquilo, aunque sea tan gruñón. Aunque ya lo notaste, ¿cierto?
-Sí… eso creo— suplicaba al cielo que no preguntara algo que ya había mencionado antes.
-Creo que nos irá mejor con el profe de física— añadió—. No lo he conocido mucho porque falta constantemente, pero es muy relajado.
-Odio fisica— ella se río.
-Tranquila, no es difícil— me miró compasiva—. De cualquier manera, prometo ayudarte con eso.