Historias cortas

Inefable conexión (2da parte)

POV: Raquel Álvarez

-Raquel— Silvia llamó mi atención— ¿Quieres ir con nosotras a casa Paulina?

-Mmh… paso, es que no voy a poder— les sonreí incómoda y vi sus gestos de molestia.

No obstante, había alguien más en mi cabeza en estos últimos días y es que no he dejado de discutir con Cynthia, me enerva pensar en lo cercana que se hizo a Ilda y Dalia porque me sentía completamente desplazada, sé que no soy digna de decirle qué hacer, pero el impulso de rabia y celos me ganaba antes que la razón. De hecho, a pesar de que Paulina, Silvia, Alejandra y Noemi me caían muy bien, sentía que me unía más a ellas por hacerle a Cynthia “lo mismo”; por cada vez que hablaban de series y películas que no eran de mi gusto y sentía que dejaba de ser parte de ellas, me uní a un nuevo grupo, pero no estaba resultando.

Además el mensaje de Cynthia me dejó algo ansiosa, quería que nos reunamos mañana y de una vez por todas habláramos de lo que estaba pasando y la idea pesimista de “te va abandonar” daba vueltas por mi mente. Quería hacer ese pensamiento a un lado, pero era más fuerte que yo y comenzaba a ejercer presión en mi pecho; respiré hondo para tranquilizarme, convenciéndome que no podía adelantarme a nada aún.

-Me tengo que ir— me despedí de ellas sin más.

[En casa]

Fue un día algo agobiante e inclusive el recibimiento en mi casa no mejoró las cosas; debido a que como siempre, las discusiones entre mis padres estaban ahí ignorando todo a su alrededor. Había tratado de saludar, pero no obtuve respuesta así que solamente fui a mi habitación y esperé hasta que la única persona que me prestaba atención volviera.

Después de un rato que ocupé jugando videojuegos, escuché unos pasos acercarse a mi habitación y sonreí al identificarlos. Ximena había vuelto a casa.

-¿Cómo le fue a mi dulce hermanita?— era la clásica pregunta con la que me saludaba. Corrí a abrazarla— ¿Estás bien, linda?

Desde que tengo memoria mi hermana Ximena ha sido casi como mi guía o centro en la vida; así que cada vez que algo me ocurre desde que era muy joven recurro a ella una y otra vez. Por ello esta vez no sería la excepción a ello.

-No…— sentí que mi voz quería quebrarse—. He discutido con Cynthia…

-¿Qué fue lo que sucedió?— me llevó hasta la cama para sentarnos.

-¿Crees que ella Cynthia piensa que no encajó?— mis lágrimas amenazaban con salir.

Recordaba ya pasar por ello. Apenas había alcanzado la altura de la mesa de mi casa— aquella con la que me media Ximena desde los cuatro años—; mis puños se aferraban a la falda de mi uniforme mientras mis amigas me rodeaban.

-Raquel…— Ashley, la líder del grupo que consideraba mi mejor amiga, me miraba seria— tú… eres muy diferente a nosotras… Además, no me gusta compartir mi comida contigo— siempre creí que me compartía porque le preocupaba que no llevara nada para comer—. Tú hermana nos desagrada porque siempre se mete demasiado en lo que no le importa y ni siquiera has visto la caricatura de la que siempre hablamos.

-Es que mis papás…— iba a defenderme, pero Heidi, otra amiga, me callo.

-Siempre dices que a tus papás les molesta que veas televisión.

Era la verdad, aunque no me prestaran demasiada atención no les agradaba que me distrajera demasiado en otro tipo de cosas que fuera mis tareas u obligaciones; incluso aunque no me tuvieran demasiada fe.

-Olvidalo, siempre serás rara.

-¿Te lo ha dicho?

-No, pero…

-Cynthia no es Ashley— la sentencia cayó como balde de agua fría—. De cualquier manera, debes hablarlo con ella y no cegarte por la inseguridad. Además no falta mucho para que se graduen y lo mejor es hablarlo o la ceremonia les ganará.

-Mañana iré a hablar con ella, pero…— mis recuerdos de primaria aparecen en mi mente— me aterra hablar y que ella me vea problemática.

-No lo sabrás hasta que hables con ella, ¿cierto?— asentí y Ximena me sonrío—. Cualquier cosa que suceda… estaré aquí para ti, hermanita.

[Día siguiente]

Nos mirábamos fijamente la una a la otra. Nadie sabía exactamente qué decir para iniciar la postergada conversación y nos dejábamos llevar por el bullicio del restaurante, pero sabía que no podía seguir evadiendo el tema. Tomé un sorbo de mi té helado e inhalé profundamente para así armarme de valor.

-Lo lamento…— comencé y me miró sorprendida— sé que recriminarte por mis celos sin sentido no estuvo bien y me disculpo por ello.

-Bueno yo… también te cele y lo lamento.

-¿De verdad?— honestamente cada comentario que tenía creí que era más por estar a la defensiva que porque genuinamente también estaba insegura—. Creí que solo te molestaba que yo te lo dijera y era tu forma de responder.

-Supongo que nunca conecté tan rápido con alguien y creí que… no era algo recíproco.

-¿De qué hablas?

-Cuando te conocí descubrí que hablabas demasiado para darme contexto de todos— no pude evitar reírme de eso—. Después sentí una extraña confianza que nunca había experimentado, porque no soy del tipo de persona que agarra confianza tan rápido, pero contigo… no tarde más de una semana en reirme de lo colérica que eres.



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En el texto hay: romance, amistad, tracion

Editado: 25.03.2026

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