Historias de la segunda casa de salud

Wong, J.W., Un Piano que Llegó del Cielo

"Wong"

Wong era asiática. Yo pasaba por al lado de ella y la saludaba y ella me miraba seria, como enojada. Yo pensaba: "iNo vayas a saludar!"

Pero la gota horada la piedra. Luego de un tiempo empezó a sonreírme y, finalmente, me dedicó unas palabras en su lengua (vaya uno a saber cuál era). Me tomaba la mano y la llevaba a su frente. Era su forma de demostrar el afecto sin palabras.

Wong parecía tener una gran camaradería con la mayoría de las señoras, aunque obviamente no compartían un lenguaje más que el del corazón. Pero tal parece que no precisaban más.

W, J.

Sólo supe las iniciales del nombre de ese señor porque lo veía en una tarjeta que estaba atada a su silla de ruedas. Él se pasea de acá para allá, sin tener mucha noción de hacia donde iba. Se daba contra las paredes, queda atorado en alguna rincón hasta que yo pasaba y lo liberaba y luego seguía avanzando, siempre sin rumbo fijo.

Cierto día tenía mi guitarra y decidí probar. Toqué un poco. En ese momento y por primera vez, J. volvió de su mundo propio y me miró con entendimiento.

Unos días más tarde tenía yo la guitarra de vuelta, él empezó a agitar su mano como si tocara la guitarra. Entendí que el quería que yo le tocara y le cante Let It Be, de The Beatles. Todo el tiempo él agitaba su mano y parecía estar en su mundo propio, pero sé que entendía lo que estaba pasando y que disfrutaba de la canción.

iCómo les llega la música a estos señores!

"Un Piano que llegó del Cielo"

En la casa de salud había un hermoso piano de cola. Según Mabel, lo donó su hermana. Puede que fuera cierto, nunca lo supe con certeza.

En algún momento vino una señora de unos 80 años, que tocaba el piano maravillosamente.

Según ella, nunca había asistido a ninguna clase. Sólo usaba un papel en el que había anotado la lista de sus canciones. No había partituras, ni notas de ninguna especie.

Cierto día, al conversar con ella, me contó que su mamá le había dicho, antes de fallecer, que se iba a encargar de enviarle un piano desde el cielo. Ella consideraba que el piano de la casa de salud era el que su madre le había prometido.

iProbablemente tenía razón! Aunque yo sentía que ese piano había sido enviado para mí también.




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