Historias de la segunda casa de salud

Janet, Otra paciente cuyo nombre no recuerdo, Julie

"Janet"

"Hello, Janet!" era el saludo que Janet dedicaba a los demás. Como todos le decían eso, ella lo repetía tal cual, sin darse cuenta de que en realidad se saludaba a sí misma.

Janet llegaba al final del pasillo y ahí empezaba a pedir ayuda. O me agarraba el brazo cuando yo pasaba. Doug se enojó con ella un día porque me dijo "bitch". El no entendía que ella estaba enferma

La mayoría de ellos no entendía la enfermedad de los demás aunque en general parecían aceptarse unos a otros mejor que los humanos supuestamente "normales".

Janet estaba sumamente delgada y siempre tenía hambre. Sn embargo, según me dijeron las enfermera, en cuanto se le da comida, la rechazaba. Solo pedía café, aporreando la puerta que daba al patio, clamando por auxilio. Janet se parecía al personaje de la abuela de Gasalla pero yo notaba que se iba apagando poco a poco.

Un buen día dejé de verla.

"Otra paciente, cuyo nombre no recuerdo"

Empezamos mal. El primer día que la vi, nos peleamos por una pavada: el lugar en la mesa para Doug. En vez de correrse a la derecha, donde había mucho lugar, se corrió a la izquierda y luego pretendía que yo lo moviera hacia el lugar donde me siento yo. Luego de eso la ignoré hasta que ella vino un día y me dijo que se iba al día siguiente, que había estado hablando con Doug y que él había contado muchas cosas buenas sobre mí.

Luego agrego algo que asombraría a muchos, a todos aquellos me tiene lástima, que me preguntan si estoy bien, me desean fuerza, etc. Yo lo entiendo y a veces me siento así. Pero también pienso que muchas mujeres tienen hombres sanos que las hacen muy desgraciadas.

Ella me dijo que yo tenía mucha suerte porque él era un buen hombre. Ella veía a Doug con los mismos ojos que yo y que mi hermana.

"Julie"

Julie vivía en su mundo propio. Parecía autista. Lo único que le había yo visto hacer era pegar unos aullidos agudos de vez en cuando. Las primeras veces me asustaba, pensando que le pasaba algo. Pero luego descubrí que ella hacía eso cuando algo no la convencía y, más recientemente aun, que ella en realidad entendía mucho más de lo que parecía.

Frente a ella tenía un tablero con las letras del alfabeto, con ellas me señaló S-O-D-A. Por si no había yo entendido, agregó P-E-P-S-I.

¡Desde entonces, respeté su inteligencia mucho más! Pero aún no había logrado que me dedicara una sonrisa.

Un buen día me di cuenta de que ya estaba llegando a ese punto. Yo había pasado y ella levantó la vista y me miró. Su mueca pareció un esbozo de sonrisa. Como dicen, ipersevera y triunfarás!




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