Cuando la noche en la que el cielo se tiñó de rojo sangre, comprendí cómo las personas se convertían en monstruos. un silencio sepulcral en mitad de la noche, todo hecho cenizas, cadáveres deformes, un olor putrefacto que llenaba el ambiente.
Todo por la avaricia humana, bosques quemados, animales sacrificados, y charcos rojos, que demostraban lo que había sucedido.
muchos dicen que estar vivos es una bendición, pero en realidad eso solo era un sueño que nos metieron en la cabeza…era una maldición,la cual ya odiaba, el coraje que le tengo es indescriptible.
Mis compañeros de lucha clamaban por ayuda, pero nadie los oía, a esta hora se daban cuenta de cómo se dejaron manipular estúpidamente.
De lo más profundo los amos, los reyes, los líderes, llegaron. Aquellos que engañaron a los demás manchándose las manos, cada uno buscando cobardemente los que lograron respirar a duras penas, para terminarlos de eliminar.
Desde mi lecho de muerte solo pude observar, como la sangre se esparcía por todo lados, el como las huellas de esos hombre dejaban rastro, la mirada de cada uno, teniendo una sed de sangre cada vez más fuerte.
Quisiera que esta supuesta bendición se acabara, padecer de este mundo,aun sabiendo que iría al infierno por los que mate sin piedad, desaparecer sin más, que mi cuerpo no reaccione,ni sentir más sufrimiento, que los sonidos desaparezcan, tan solo acabar con mi vida.
Mi amo y señor, se acercó lentamente, con el arma en manos, rematando a cada uno, sabía que era mi turno, tenía que morir, aunque no fuera por él. Mis heridas ya estaban infectadas, no tenía piernas para correr, ni fuerzas para gritar. Cerré mis ojos esperando mi final, queriendo acabar con este sufrimiento, nunca pedí que me trajeran a este matadero.
Ojala ver a mi familia por última vez, pero no en estas condiciones, no quiero que alguien llore, quisiera que me recordaran como un héroe que sirvió para ayudar al país…
Las lágrimas cayeron antes de darme cuenta, en realidad tenía miedo, quería vivir, seguir respirando, luchar egoístamente para levantarme, aunque fuera imposible.
Y… termino, recibí el golpe final, una espada atravesando mi abdomen, ¿asi moriria?, ¿sin poder ser perdonado por mis pecados?...logre de sentir esa tortura de mis heridas, pero todavia con la culpa de la sangre que yo mismo derrame…que cruel realidad.
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historiascortas, historias echas por una niña de 8 años, historias con una gran imaginacion
Editado: 18.06.2026