Historias sin moraleja (o con demasiadas)

Sal pura.

¿Alguien alguna vez les dijo "Estás re salada/o"?
Como si la mala suerte fuera momentánea.
O como si fuera algo pasajero.
En este caso, yo me siento como la Sal pura. Es esa sal que no se diluye con facilidad aunque la pongas en un vaso de agua, porque viene más concentrada. Igual que mi mala suerte.
De hecho, hay veces en las que creo que el problema puedo llegar a ser yo, más que la mala suerte.
¿Es porque entrego demasiado desde el inicio? Tal vez les molesta, o no les gusta.
¿Será que soy muy intensa? Perdón, me gusta demostrar de más.

Tal vez, a veces puedo llegar a ser molesta.
Me gusta hablar de más,
Entregar de más,
Mirar de más,
Y expresar mucho más.
Y tal vez, no es la mala suerte.

Tal vez, a veces no les agrade mi personalidad.
O que sea muy sensible.
O que sea muy demostrativa,
O que sea muy sentimental,
O que sea muy llorona,
O que sea muy afectuosa.
Y tal vez, no es la mala suerte.

Una vez dijeron que soy un poco cargosa. "Callate un rato, estás infumable"
Y lo hice, no hablé más.
Pero no era la primera vez que alguien me callaba, entonces no me sentí mal por eso.
Me sentí mal porque desde siempre, nunca me escuchaban. Ahora, aunque moleste, o tenga que gritar, me gusta decir hasta la última palabra que se me cruce por la mente, porque para no permitirme dar mi opinión, siempre estuvieron esas personas.
De todas formas, por culpa de terceros, aún hay momentos en los que lloro por querer expresarme y no poder, porque el simple hecho de soltar una palabra, es difícil para mí. Cuando quiero hablar, y no me lo permiten opinando más alto que yo, que me gusta hablar en voz baja, tengo que gritar para ser escuchada, o gritar para que mis emociones no me hagan colapsar, aunque terminan desbordándose, y se nota en mis ojos.

El punto es que, jamás tuve buena suerte.
Ya sea porque me la quitaron,
o porque cargo con cosas que no me ayudan.

Por eso soy Sal pura.

La sal que nadie necesita en la cocina,
porque es tan fuerte
que no quieren consumirla.

Quizás al final, no es solo mala suerte.
Es la sensación de sentir que soy
o doy demasiado
a quienes no lo merecen.




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