Capítulo 1: LA CORNISA Y EL FRÍO
Nos arrastramos los últimos metros hasta la cornisa. El frío me había entumecido las piernas desde las rodillas hasta los tobillos, transformando mis extremidades en troncos torpes que apenas obedecían. Pero no era el frío lo que me tenía tiesa como un cadáver en rigor mortis. Era el miedo. El mismo que llevaba semanas royéndome las tripas desde adentro, un parásito invisible que se alimentaba de cada pensamiento, cada respiración, cada latido.
La roca bajo mis palmas estaba cubierta de escarcha negra, esa precipitación antinatural que solo caía cerca de los campamentos del Polvo. Incluso el hielo aquí era equivocado: geométrico, cristalino hasta un punto obsceno, como si la naturaleza misma hubiera sido reprogramada para obedecer principios matemáticos. Se clavaba en mi piel a través de los guantes raídos, pequeños puñales de orden contra el caos que yo representaba.
Caelan estaba a mi lado, su respiración controlada hasta el punto de lo inhumano. Mi hermano siempre había tenido ese don: la capacidad de convertirse en piedra cuando la situación lo requería. Yo era todo lo contrario. Pequeños temblores. El pulso demasiado rápido. El sudor congelándose en mi frente. Como si mi biología misma rechazara la quietud.
Caelan levantó dos dedos. Detente.
Pero yo ya estaba temblando. Y no era por el frío.
#808 en Fantasía
#384 en Thriller
#160 en Misterio
enemigos a amantes, romantasy, ciencia ficción post-apocalíptica
Editado: 19.02.2026