Capítulo 1.12: LA DISONANCIA
No fue un Eco. Los Ecos eran familiares, como viejos amigos indeseados tocando a mi puerta. Voces de muertos susurrando secretos, memorias que no me pertenecían sangrando en mi consciencia. Esto era diferente.
No fue deseo, no en el sentido romántico o carnal. No miraba a ese extraño plateado y pensaba en tocarlo, en conocerlo, en cualquiera de las cosas ordinarias que la gente siente cuando ve a alguien atractivo.
Fue una disonancia. Como si dos notas musicales completamente incompatibles hubieran sido tocadas simultáneamente, y en lugar de cancelarse, hubieran creado una tercera nota que no debía existir.
Como si la realidad misma se hubiera torcido a su alrededor, doblándose de formas que mi cerebro no tenía el vocabulario para procesar. Geometría imposible. Física emocional que violaba leyes fundamentales.
Mi canal —esa herida abierta en mi ser por donde fluye mi poder, el agujero en mi alma por donde los Ecos entran y salen— no palpitó con reconocimiento. Se rebeló.
Fue físico. Un espasmo que me recorrió desde el esternón hasta la columna vertebral. Mis manos se cerraron en puños involuntarios, las uñas clavándose en carne hasta que sentí el calor húmedo de sangre. La Ceniza en mis venas brilló más fuerte, un calor traicionero que trepó por mi espalda como si alguien hubiera encendido una hoguera justo debajo de mi piel.
Caelan me lanzó una mirada de advertencia, pero yo apenas la registré. Algo en mi interior se había despertado. O quizás... algo que había estado despierto todo este tiempo finalmente había encontrado lo que estaba buscando.
Y en ese instante, mientras el miedo se convertía en una pregunta sin respuesta, mientras mi cuerpo traicionaba mi control con temblores que no podía detener, una voz que no era mía susurró desde lo más profundo de mi consciencia:
¿Podrías ser mío?
#808 en Fantasía
#384 en Thriller
#160 en Misterio
enemigos a amantes, romantasy, ciencia ficción post-apocalíptica
Editado: 19.02.2026