Homicidio por encargo: El silencio de Colón

Capítulo 1: El día en que el silencio cambió

El viernes parecía normal.

Eso fue lo que todos dijeron después.

El calor caía con suavidad sobre Colón, como cualquier otro mediodía. Las calles estaban llenas, los negocios abiertos y las conversaciones fluían sin prisa. Nada fuera de lugar. Nada que advirtiera lo que estaba por ocurrir.
A las 12:45 p.m., el reloj de la juguetería “Diversión Hasta el Final” marcó la hora.

Algunos aseguraron haber escuchado el sonido.
Otros dijeron que no.

Pero todos coincidieron en algo: después de ese momento… algo se sintió distinto.

Adrián Vega fue el primero en notar el vehículo.
No por el ruido.

Sino por la ausencia de él.

Un Mercedes-Benz oscuro se detuvo a unos metros, con el motor encendido, inmóvil… como si estuviera esperando. Adrián lo observó apenas unos segundos, lo suficiente para sentir una incomodidad que no supo explicar.

—¿Lo conoces? —preguntó Tomás Ríos, sin levantar la mirada.

Adrián negó.

Y eso fue todo.

Dos hombres descendieron del automóvil.

No gritaron.
No corrieron.
No dudaron.

Se movieron con una calma inquietante, como si el tiempo no los afectara. Como si cada paso ya hubiera sido calculado.

Cuando los apuntaron, nadie reaccionó.
Ni siquiera ellos.

Porque lo más extraño no fue la amenaza…

Fue la obediencia.

Adrián y Tomás se levantaron casi al mismo tiempo. No hubo resistencia, ni intento de escapar. Solo una aceptación silenciosa, como si algo dentro de ellos entendiera que no había otra opción.

El resto de las personas miró.

Pero nadie hizo nada.

Algunos dirían después que fue miedo.

Otros, que todo ocurrió demasiado rápido.

Pero hubo quienes aseguraron algo distinto.

Que no parecía miedo.

Parecía… otra cosa.

El vehículo se marchó sin prisa.

Y la calle siguió allí.

Igual que antes.

Pero no realmente.

Porque en algún punto, entre el sonido del reloj y el silencio que vino después, algo invisible se había instalado en Colón.

Algo que no se podía ver.

Pero que empezaba a sentirse.

Y esa sensación…

no iba a desaparecer.



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En el texto hay: asesinato, psicológico.

Editado: 09.04.2026

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