Valeria no durmió esa noche.
No fue por miedo.
Fue por la sensación.
Esa incomodidad persistente… como si algo hubiera cambiado de lugar dentro de ella, como si su mente intentara advertirle algo que todavía no lograba entender.
Se levantó antes de que amaneciera. El silencio en su casa no era el mismo de siempre. No era tranquilidad.
Era vigilancia.
Caminó hasta la ventana.
La calle estaba vacía.
O al menos… eso parecía.
Porque durante unos segundos, Valeria tuvo la clara impresión de que alguien había estado allí.
Observando.
Y luego… simplemente dejó de estar.
—Estoy exagerando —murmuró, aunque su voz no sonó convencida.
Esa mañana, el hospital estaba más callado de lo normal.
No era falta de pacientes.
Era otra cosa.
Menos conversaciones. Menos risas. Más miradas rápidas, más silencios incómodos. Como si todos compartieran una misma inquietud… pero nadie se atreviera a nombrarla.
Valeria intentó concentrarse en su trabajo.
Pero no pudo.
El símbolo no salía de su mente.
Esa marca en la mesa… no había sido un accidente. No era vandalismo. No era algo al azar.
Tenía intención.
Y lo peor era que… parecía reciente.
—¿Lo viste también, verdad?
La voz la tomó por sorpresa.
Valeria se giró.
Un hombre estaba de pie detrás de ella. No llevaba uniforme completo, pero su postura lo delataba.
Autoridad.
—¿Perdón? —preguntó.
El hombre dudó unos segundos antes de responder.
—La mesa —dijo finalmente—. Donde ocurrió todo.
Valeria sintió cómo algo se tensaba en su pecho.
—No sé de qué habla.
El hombre la observó en silencio.
No parecía convencido.
—Hay cosas que es mejor no decir en voz alta —añadió él en un tono más bajo—. Aquí no.
Valeria frunció el ceño.
—¿Quién es usted?
—Alguien que ya cometió el error de hacer demasiadas preguntas.
Eso no le gustó.
Nada.
—Entonces ¿por qué me habla?
El hombre bajó la mirada un instante, como si dudara de sí mismo.
—Porque tú también lo viste —respondió—. Y eso significa que ya estás dentro.
Dentro.
Esa palabra se quedó flotando entre ellos.
Pesada. Incómoda.
Peligrosa.
—No entiendo —susurró Valeria.
—No tienes que entenderlo ahora —dijo él—. Solo tienes que tener cuidado.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Cuidado de qué?
El hombre levantó la mirada.
Y por primera vez… pareció realmente preocupado.
—De pensar que esto es un caso.
Silencio.
—Porque no lo es.
Antes de que pudiera decir algo más, alguien llamó al hombre desde el otro lado del pasillo.
Él se apartó.
Pero antes de irse, dijo algo más:
—El símbolo no es una firma… es una advertencia.
Y desapareció.
Valeria se quedó inmóvil.
Con una sensación cada vez más clara, cada vez más difícil de ignorar.
Esto no estaba empezando.
Esto ya llevaba tiempo en marcha.
Y lo peor de todo…
era que alguien estaba observando quién empezaba a darse cuenta.
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Holaaaaa mis queridos lectores , nueva actualización.
Se desbloqueo un nuevo personaje ¿Quien sera? 🫦
Espero que de verdad les gustes y apoyen la historia.
Si tienen alguna idea y comentario serán bien recibidos