Homicidio por encargo: El silencio de Colón

Capítulo 4: Donde empieza la sospecha

Valeria comenzó a notar los detalles.

No de golpe.

Sino poco a poco… como si siempre hubieran estado ahí, esperando a que alguien finalmente los viera.

Primero fue el mismo hombre.

Lo vio dos veces más en el hospital.

No volvió a acercarse.
No volvió a hablarle.

Pero estaba.

Siempre en el fondo.
Siempre observando… sin parecer hacerlo.

Y eso era lo que más le inquietaba.

Porque en Colón, la gente no miraba de frente.

Miraba… de reojo.

Esa tarde, decidió volver.

No sabía por qué.

Tal vez curiosidad.
Tal vez necesidad.

O tal vez… algo más.

El lugar seguía igual.

Demasiado igual.

La misma mesa.
Las mismas sillas.
La misma sensación de que todo estaba en su sitio… excepto lo importante.

Valeria se acercó lentamente.

Su corazón latía más rápido de lo normal, pero no había razón aparente. No había nadie. No había ruido.

Solo ella.

Y la marca.

El símbolo seguía ahí.

Pero algo había cambiado.

Se inclinó un poco más para observarlo.

Y entonces lo notó.

Otra línea.

Una pequeña variación que no estaba antes.

—No puede ser… —susurró.

Alguien había vuelto.

No para borrarlo.

Sino para modificarlo.

El aire se volvió pesado.

Demasiado.

Valeria sintió esa presión otra vez… esa sensación de no estar sola, aunque no pudiera ver a nadie.

Se enderezó lentamente.

Y no miró alrededor.

No quiso hacerlo.

Porque, por primera vez, entendió algo con total claridad:

Hay momentos en los que mirar… es peor.

Un sonido la hizo reaccionar.

Un paso.

Seco.

Detrás de ella.

Valeria giró de golpe.

Nada.

La calle estaba vacía.

Pero algo no encajaba.

El silencio.

Otra vez ese silencio.

No era ausencia de ruido.

Era presencia de algo más.

Algo que no quería ser visto.

Respiró hondo y dio un paso atrás.

Luego otro.

Y otro más.

Hasta que decidió irse.

Sin correr.

Sin mirar atrás.

Porque había una idea que no dejaba de repetirse en su mente:

Si corres… confirmas que sabes.

Y si sabes…

te conviertes en parte de esto.

Esa noche, al llegar a casa, no encendió la luz de inmediato.

Se quedó quieta en la puerta.

Escuchando.

Nada.

O al menos, nada que pudiera identificar.

Avanzó lentamente.

Dejó su bolso.

Cerró la puerta.

Y entonces lo vio.

No estaba antes.

Estaba segura.

Un papel.

Doblando, apoyado justo debajo de la puerta, como si alguien lo hubiera deslizado desde afuera.

Valeria sintió cómo su estómago se tensaba.

Se acercó.

Lo tomó con cuidado.

Sus manos temblaban… apenas.

Lo abrió.

Solo había una frase.

Corta.

Precisa.

Suficiente.

“Ya lo viste.”

El aire desapareció de sus pulmones.

Y por primera vez desde que todo comenzó…

Valeria entendió que esto ya no era solo una sospecha.

Era una advertencia directa.

Y alguien…

sabía exactamente dónde encontrarla.



#710 en Thriller
#248 en Suspenso

En el texto hay: asesinato, psicológico.

Editado: 28.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.