Homicidio por encargo: El silencio de Colón

Capítulo 9: La prueba

La puerta del conductor se abrió.

Valeria contuvo la respiración.

Esperó ver a alguien salir.

Nadie.

El interior del Mercedes estaba en penumbra, pero no completamente oscuro. Lo suficiente para notar detalles.

El asiento del conductor… estaba vacío.

—¿Hola? —dijo, sin mucha convicción.

Silencio.

Valeria dio un paso más cerca.

Miró el volante, el tablero, el espejo retrovisor.

Todo en su lugar.

Demasiado en su lugar.

—Esto no tiene sentido…

—No deberías estar tan cerca.

La voz vino desde atrás.

Valeria se giró de golpe.

Un hombre de unos treinta años, ropa sencilla, mirada inquieta. No parecía peligroso… pero tampoco tranquilo.

—Lo siento —dijo él, levantando un poco las manos—. Es que… vi el carro hace rato.

Valeria lo observó.

—¿Cuánto rato?

—No sé… diez minutos, tal vez más. Nadie se ha bajado.

Eso hizo que algo en su pecho se tensara.

—¿Estás seguro?

—Sí. Yo estaba en la esquina, hablando por teléfono… y ese carro no se movió.

Silencio.

Valeria volvió a mirar el interior.

Vacío.

—Entonces… ¿quién abrió la puerta?

El hombre no respondió.

No tenía respuesta.

Un leve sonido interrumpió el momento.

Un teléfono vibrando.

Ambos miraron al mismo tiempo.

El sonido venía de adentro del carro.

Del asiento del copiloto.

Valeria dudó.

—No creo que debas… —empezó a decir el hombre.

Pero ella ya se había inclinado un poco.

El teléfono estaba ahí.

Pantalla encendida.

Sin nombre.

Sin número.

Solo una llamada entrante.

Valeria tragó saliva.

—¿De quién es?

—No lo sé —respondió ella.

El teléfono dejó de vibrar.

La llamada terminó.

Pero la pantalla no se apagó.

Ahora mostraba un mensaje.

Una sola línea:

“No toques lo que no entiendes.”

El aire cambió.

Valeria sintió un frío seco recorrerle la espalda.

El hombre dio un paso atrás.

—Yo me voy —dijo—. Esto no me gusta.

Valeria no lo detuvo.

No podía.

Seguía mirando la pantalla.

Como si esperara que apareciera algo más.

Y apareció.

Otro mensaje.

“Llegaste antes de tiempo.”

Valeria frunció el ceño.

—¿Antes de qué…?

—¿Qué dice? —preguntó el hombre, nervioso.

Valeria dudó.

Pero respondió:

—Que llegué antes.

—¿Antes de qué?

—No lo sé.

Silencio.

El hombre negó con la cabeza.

—Esto es raro. Muy raro.

Valeria se enderezó lentamente.

Miró alrededor.

La calle seguía igual.

Personas pasando.

Carros a lo lejos.

La vida normal.

Pero ese momento…

no lo era.

—Esto no es casualidad —dijo ella.

—¿Tú conoces a alguien que tenga ese carro?

Valeria negó.

—No.

—Entonces vámonos de aquí.

Pero Valeria no se movió.

Había algo que no encajaba.

—Él me dijo que no lo ignorara… —murmuró.

—¿Quién?

Valeria no respondió.

Se acercó un poco más al vehículo.

Observó mejor.

Y entonces lo notó.

En la esquina del vidrio, casi invisible…

una pequeña marca.

Tallada.

El mismo símbolo.

Pero no igual.

Era una variación.

Más completa.

Más definida.

Como si alguien lo hubiera “terminado”.

Valeria sintió cómo todo hacía sentido… y al mismo tiempo ninguno.

—No está cambiando —dijo en voz baja—.

El hombre la miró confundido.

—¿Qué?

Valeria dio un paso atrás.

—Está avanzando.

Silencio.

—¿Avanzando hacia qué?

Valeria levantó la mirada.

Pero no hacia el carro.

Sino hacia la calle.

Como si esperara ver algo más.

—Hacia alguien.

El hombre la miró fijamente.

—¿Tú?

Valeria no respondió.

Pero no lo negó.

En ese momento, el sonido de una sirena a lo lejos rompió la escena.

Lejana.

Pero suficiente.

El hombre respiró aliviado.

—Bien. Ya viene alguien.

Valeria, en cambio… no se movió.

Porque entendía algo que él no.

Si esto fuera un caso normal…

la policía ayudaría.

Pero esto…

esto no se sentía como algo que pudiera resolverse así.

Dio un paso atrás.

Luego otro.

—Vete —le dijo al hombre.

—¿Qué?

—En serio. Vete.

—Pero—

—Vete.

El tono fue firme.

El hombre dudó unos segundos… pero luego se fue.

Rápido.

Sin mirar atrás.

Valeria se quedó sola.

Otra vez.

Miró el Mercedes por última vez.

Luego el símbolo.

Luego el teléfono.

Y finalmente…

cerró los ojos.

Porque una idea comenzaba a tomar forma.

Y no le gustaba.

Esto no era una advertencia.

Era una secuencia.

Y ella…

acababa de activar la siguiente parte.

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¿No creen que da miedo que el auto este vacío?

Porque a mí me daría mucho miedo si me pasará algo así 😣😖

Pero olvidando mis sentimientos quiero pedirle disculpas por no haber actualizado. Estaba muy ocupada y sin ánimos de escribir y publicar pero ya les tengo varios capítulos en borradores 😌

Y viene uno fuerte 🫦🫦

Atte: Yo 😉



#710 en Thriller
#248 en Suspenso

En el texto hay: asesinato, psicológico.

Editado: 28.04.2026

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