Homicidio por encargo: El silencio de Colón

Capítulo 10: Lo que se comparte

Valeria no fue a casa.

Caminó sin rumbo durante varios minutos, tratando de ordenar lo que acababa de pasar.

El Mercedes.
El teléfono.
Los mensajes.
El símbolo… más completo.

Todo encajaba demasiado bien como para ser coincidencia.

Y eso era lo que más le preocupaba.

Cuando llegó al hospital, el ambiente seguía igual que siempre… o al menos, eso aparentaba.

Pero ahora ella podía verlo.

Las pausas.
Las miradas que se desviaban.
La gente que escuchaba más de lo que hablaba.

Nada era normal.

Lo encontró en el mismo lugar de siempre.

Como si nunca se moviera.

Apoyado contra la pared, observando el pasillo con esa calma que ya empezaba a inquietarle.

Valeria fue directo hacia él.

—Tenemos que hablar.

El hombre la miró.

No sorprendido.

No curioso.

Como si ya lo supiera.

—Pasó algo —dijo.

No fue una pregunta.

Valeria asintió.

—Sí.

Él miró alrededor.

—No aquí.

Se apartó del pasillo y caminó hacia una zona menos transitada, cerca de una salida de emergencia. Valeria lo siguió sin dudar.

Cuando se detuvieron, el silencio entre ellos fue distinto.

Más cerrado.

Más privado.

—Habla —dijo él.

Valeria respiró hondo.

—El Mercedes volvió.

Por primera vez, el hombre reaccionó de inmediato.

Su postura cambió.

—¿Dónde?

—Cerca de mi casa.

—¿Te siguió?

—No lo sé… pero estaba ahí.

El hombre apretó la mandíbula.

—¿Alguien salió?

Valeria negó.

—La puerta se abrió sola.

Él no dijo nada.

Pero su mirada se endureció.

—Había un teléfono dentro —continuó ella—. Sonó… y luego aparecieron mensajes.

Silencio.

—¿Qué decían?

Valeria dudó un segundo.

—“No toques lo que no entiendes”… y después… “Llegaste antes de tiempo”.

El hombre cerró los ojos un instante.

Como si eso confirmara algo que ya temía.

—Lo sabía… —murmuró.

Valeria lo miró.

—¿Qué cosa?

—Que ya pasaste a la siguiente fase.

El estómago de Valeria se tensó.

—Deja de hablar así —dijo, molesta—. No es una “fase”. No es un juego.

—No —respondió él, serio—. Por eso es peor.

Silencio.

Valeria bajó la voz.

—También vi el símbolo otra vez.

Eso sí lo hizo reaccionar.

—¿Dónde?

—En el vidrio del carro.

—¿Igual?

Valeria negó lentamente.

—No… más completo.

El hombre la miró fijamente.

Demasiado fijamente.

—Eso no es bueno.

—Eso ya me lo dijiste antes —respondió ella—. Empieza a decirme algo diferente.

Él soltó aire.

—Significa que no eres la única que lo está viendo.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿Entonces hay más?

—Siempre hay más.

Otra pausa.

Más pesada.

—Pero no todos llegan hasta donde tú estás.

—¿Y qué pasa con los que llegan?

El hombre no respondió de inmediato.

Y ese silencio…

fue suficiente.

Valeria desvió la mirada.

—Esto no puede seguir así —dijo—. No puedo esperar a que algo más pase.

—Ya está pasando.

—Entonces necesito saber qué hacer.

Él la observó.

Con más atención que antes.

—Primero… dejar de estar sola.

Valeria levantó la mirada.

—¿Qué?

—Si esto sigue avanzando, te van a aislar —explicó—. Es parte del proceso.

—¿Aislarme cómo?

—Confusión. Miedo. Dudas. Todo para que no confíes en nadie.

Valeria pensó en la llamada.

En la figura.

En el mensaje.

—Ya empezó.

Él asintió levemente.

—Por eso necesitamos mantener contacto.

Valeria dudó.

—¿No es peligroso?

—Todo esto es peligroso.

Silencio.

Luego él sacó su teléfono.

—Dame tu número.

Valeria no respondió de inmediato.

—¿Y si nos están escuchando?

Él negó.

—No así. No todavía.

Eso no la tranquilizó del todo.

Pero tampoco tenía otra opción.

Le dio el número.

Él lo guardó.

Luego hizo algo inesperado.

Apagó su teléfono.

—Cámbialo —dijo.

Valeria frunció el ceño.

—¿Cómo?

—Consigue otro. Prepago. Sin datos personales. Úsalo solo para esto.

—¿Y tú?

Él levantó ligeramente el teléfono.

—Ya lo hice.

Valeria lo miró con más atención.

—Llevas tiempo en esto.

No fue una pregunta.

Él no respondió.

Solo la miró.

Y eso fue suficiente.

—¿Cómo te llamas? —preguntó ella de repente.

El hombre dudó.

Por primera vez desde que lo conocía.

—Mateo.

Valeria asintió.

—Valeria.

Él dejó escapar una leve sonrisa.

—Ya lo sabía.

Eso la incomodó.

Pero no preguntó.

No quería la respuesta.

—Cuando tengas el nuevo número —continuó Mateo—, solo envía un mensaje.

—¿Qué mensaje?

Él pensó un segundo.

—“Lo vi otra vez.”

Valeria sintió un pequeño escalofrío.

—¿Y tú?

—Responderé.

Silencio.

—Siempre.

Esa palabra quedó flotando.

Valeria lo miró unos segundos más.

Luego asintió.

—Está bien.

Se giró para irse.

Pero antes de hacerlo, Mateo habló otra vez:

—Valeria.

Ella se detuvo.

—Si vuelve a aparecer el símbolo…

Valeria cerró los ojos un segundo.

—Sí, ya sé. No tocarlo.

Mateo negó lentamente.

—No.

Valeria se giró.

—Entonces ¿qué?

Mateo la miró fijamente.

—No lo mires demasiado tiempo.

Silencio.

—¿Por qué?

Él dudó.

Y cuando habló…

su voz fue apenas un susurro.

—Porque no sabes cuándo deja de ser solo un símbolo.



#710 en Thriller
#248 en Suspenso

En el texto hay: asesinato, psicológico.

Editado: 28.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.