Homicidio por encargo: El silencio de Colón

Capítulo 13: Demasiado cerca

La lluvia golpeaba más fuerte ahora.

Como si quisiera entrar.

Como si no bastara con estar afuera.

Dentro, el aire era otro.

Más caliente.

Más pesado.

Valeria no se movió.

Mateo tampoco.

El espacio entre ellos… ya no existía realmente.

Podía sentirlo.

Su respiración.

Cerca.

Demasiado cerca.

—Deberías comer… —dijo ella, pero su voz salió más baja de lo que esperaba.

Mateo no respondió.

No de inmediato.

Solo la miró.

Y esta vez… no apartó la mirada.

Valeria sintió cómo algo le subía desde el estómago hasta el pecho.

Una presión.

Un calor incómodo.

Difícil de ignorar.

—¿Qué? —preguntó, aunque sabía que no quería la respuesta.

Mateo negó apenas.

—Nada.

Pero no dejó de mirarla.

Eso era lo peor.

Valeria intentó sostenerle la mirada.

Y lo hizo.

Un segundo.

Dos.

Pero algo en la forma en que él la observaba… la desarmaba.

No era solo atención.

Era otra cosa.

Más directa.

Más… consciente.

Valeria tragó saliva.

—Siempre haces eso.

—¿Qué cosa? —respondió él, sin moverse.

—Mirar como si… —se detuvo.

Mateo inclinó apenas la cabeza.

—¿Como si qué?

Silencio.

Valeria sintió el pulso en las manos.

—Como si supieras algo más.

Mateo dio un paso.

Pequeño.

Pero suficiente.

Ahora estaba más cerca.

—Tal vez sí.

La voz de él salió más baja.

Más cerca.

Valeria no retrocedió.

No pudo.

El aire entre ellos se volvió denso.

Cargado.

Cada respiración se sentía más fuerte que la anterior.

—No deberías hacer eso —murmuró ella.

—¿Qué cosa?

—Acercarte así.

Mateo la miró fijamente.

—Entonces aléjate.

Valeria no lo hizo.

Silencio.

Pesado.

Real.

La lluvia afuera desapareció por un momento.

Como si todo se hubiera reducido a ese punto.

A ese espacio.

A ellos.

Valeria bajó la mirada apenas.

Solo un segundo.

Y cuando la volvió a subir…

todo se sentía distinto.

Más claro.

Más peligroso.

—Esto no está bien —dijo, pero su cuerpo no se movió.

Mateo tampoco se apartó.

—Nada de esto lo está.

Esa respuesta…

no ayudó.

Solo lo hizo peor.

Valeria apoyó la mano en la mesa para sostenerse.

No por equilibrio.

Sino por control.

—Viniste por el mensaje —dijo.

—Sí.

—No por esto.

Mateo no respondió.

Pero tampoco negó.

El silencio volvió.

Más fuerte.

Más presente.

Valeria soltó el aire lentamente.

—Deberías irte.

Pero no sonó como una orden.

Ni siquiera como una sugerencia.

Mateo lo notó.

—¿Quieres que me vaya?

Valeria no respondió.

Porque no tenía una respuesta clara.

Y eso…

lo complicaba todo.

Mateo dio medio paso atrás.

Apenas.

Pero suficiente para romper la cercanía.

El aire cambió.

Valeria sintió la diferencia de inmediato.

Y no le gustó.

—Come —dijo ella, más firme esta vez.

Mateo asintió.

Se sentó.

Pero la tensión…

no desapareció.

Se quedó ahí.

Entre ellos.

Invisible.

Pero imposible de ignorar.

Valeria volvió a la cocina.

Intentando concentrarse.

Pero ya nada era igual.

Porque ahora sabía algo.

No del símbolo.

No del caso.

Sino de él.

Y de ella.

Y de lo que acababa de pasar…

aunque nadie lo hubiera dicho en voz alta.



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En el texto hay: asesinato, psicológico.

Editado: 06.05.2026

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