Lucas llegó quince minutos antes.
No porque fuera puntual, sino porque su ansiedad no entendía el concepto del tiempo cuando había una cita involucrada.
El café estaba casi lleno. Luces cálidas, música suave, parejas demasiado felices para ser febrero. Lucas eligió una mesa cerca de la ventana, lo suficientemente visible como para no parecer sospechoso, pero lo bastante cerca de la salida como para huir si era necesario.
Pidió un café americano.
Luego otro vaso de agua.
Luego revisó Tinder.
Ava: “Ya casi llego :)”
Lucas tragó saliva.
Miró el reflejo del vidrio, se acomodó el cabello, ensayó una sonrisa relajada que terminó pareciendo una mueca nerviosa.
—Cálmate —se dijo—. No es un señor de cuarenta años. No todos los horrores de internet son reales.
La campanilla de la puerta sonó.
Lucas levantó la vista.
Y por un segundo… su cerebro se quedó en blanco.
No era un señor de cuarenta años.
Eso fue lo primero.
Era una chica. Joven. Bonita. Muy bonita. Cabello oscuro, abrigo negro, labios pintados de rojo como si supiera exactamente el efecto que causaban. Caminó con seguridad, mirando alrededor, hasta que sus ojos se encontraron con los de Lucas.
Sonrió.
—¿Lucas?
Él se puso de pie tan rápido que casi tira la silla.
—Sí. Sí, soy yo. Tú debes ser Ava.
Se dieron un beso torpe en la mejilla. Demasiado cerca.
Demasiado rápido.
—Perdón el retraso —dijo ella—. El tráfico estaba horrible.
—No, no, yo… llegué antes porque… me gusta llegar antes —respondió él, odiándose un poco.
Se sentaron.
Silencio.
Un silencio pesado. Denso. Como si ambos esperaran que el otro sacara un guion invisible y empezara a leer.
—Entonces —dijo Ava—. San Valentín mañana.
—Ajá.
—¿Te gusta?
Lucas pensó en Ethan. En el director Thompson. En los corazones de papel.
—Depende —respondió—. Es como… una presión social con flores.
Ella rió.
Demasiado fuerte.
—¡Exacto! —dijo—. O sea, si no haces algo especial, eres un monstruo emocional.
—Totalmente —asintió él—. Yo solo vine porque pensé: “¿qué es lo peor que puede pasar?”
Ava inclinó la cabeza.
—¿Y qué es lo peor que podía pasar?
Lucas abrió la boca.
La cerró.
—Nada —mintió—. Nada en absoluto.
Pidieron café. Ava pidió algo con nombre largo y espuma artística. Lucas se sintió básico con su americano.
—¿Y qué estudias? —preguntó él.
—Comunicación —respondió ella—. Pero quiero dedicarme a algo más creativo.
—¿Como qué?
—Actuación.
Lucas sonrió.
—Wow.
—Sí —dijo ella—. De hecho, estoy audicionando para un proyecto importante.
—¿En serio?
—Ajá. Aunque todavía no puedo decir mucho.
Lucas asintió, intrigado.
—¿Y tú?
—Derecho.
Ava parpadeó.
—Ah.
—Sí —añadió él rápidamente—. Pero no soy aburrido, lo prometo.
Ella sonrió… pero algo cambió.
—Claro.
El silencio volvió.
Ava tomó su café, lo miró con atención, luego lo dejó.
—Lucas —dijo—. Te voy a ser honesta.
Ahí estuvo el primer golpe.
—Ok.
—Yo no suelo salir con chicos de Tinder.
—Yo tampoco —mintió otra vez.
—Acepté porque… —dudó— …porque necesitaba salir con alguien normal.
Lucas frunció el ceño.
—¿Normal?
—Sí. Sin dramas. Sin complicaciones.
Él asintió lentamente.
—Eso suena bien.
—Mi ex no era normal.
Ahí estuvo el segundo golpe.
—Ah —dijo Lucas—. Los ex nunca lo son.
—Me dejó una semana antes de San Valentín —continuó Ava—. Por mensaje.
Lucas sintió cómo algo se apretaba en su estómago.
—Eso es… duro.
—Así que pensé —sonrió—: “voy a salir con alguien nuevo, algo casual”.
Lucas devolvió la sonrisa.
—Casual. Sí. Claro.
Ella lo miró fijo.
—Pero ahora que estamos aquí…
Lucas esperó.
—No siento química.
Silencio.
—¿Ah?
—No tú —aclaró rápidamente—. O sea, tú estás bien. Muy bien. Pero… no sé. No siento nada.
Lucas se quedó quieto.
—Ah —repitió—. Ok.
—¿Lo entiendes?
—Sí —dijo, tragando saliva—. Totalmente.
—No quiero hacerte perder el tiempo.
Lucas miró el reloj.
—Llevamos… treinta y cinco minutos.
—Exacto.
Se levantó despacio.
—Espero que encuentres a alguien increíble —dijo ella—. De verdad.
Lucas también se levantó.
—Igualmente.
Ella se fue.
La campanilla sonó otra vez.
Lucas se quedó de pie unos segundos más… y luego volvió a sentarse.
Pidió otro café.
Sacó el celular.
Ethan: “¿Sigue vivo?”
Lucas respondió:
Lucas: “No era un señor de 40. Era peor.”
Ethan: “¿Casada?”
Lucas: “Honesta.”
Guardó el celular.
Miró alrededor. Parejas riendo. Manos entrelazadas. San Valentín respirándose en el aire.
Lucas suspiró.
—Nunca más Tinder en febrero —murmuró.
Pero muy en el fondo, algo se acomodó.
No fue amor.
No fue ilusión.
Fue la certeza de que, mientras algunos buscaban conexiones rápidas, otros estaban construyendo algo lento… incluso sin darse cuenta.
Y Lucas, aunque no lo supiera aún, acababa de empujar la historia en la dirección correcta.