El mismo día puede sentirse eterno cuando todo sale mal.
Lucas todavía no terminaba de procesar su cita fallida cuando se dejó caer en la mesa habitual del campus, con un café en la mano y la dignidad colgando de un hilo. Ethan estaba ahí, recargado en la banca, mirando su celular sin realmente verlo.
—Duró menos que una canción de Nirvana —anunció Lucas sin preámbulos.
Ethan levantó la vista.
—¿La cita?
—Mi autoestima.
—¿No era un señor de cuarenta?
—No —suspiró—. Era peor. Honesta emocionalmente.
Ethan hizo una mueca.
—Eso sí es peligroso.
Lucas lo miró unos segundos y luego frunció el ceño.
—¿Y tú qué? Traes cara de que atropellaste un cachorro simbólico.
Ethan no respondió de inmediato. Miró hacia el edificio principal.
—Victoria y yo casi nos arrancamos la cabeza en clase de Wolfe.
Lucas alzó las cejas.
—¿Casi?
—Ok. Nos la arrancamos verbalmente.
—Ah —sonrió Lucas—. Entonces ya empezó lo bueno.
—No es bueno —gruñó Ethan—. Es un desastre.
Lucas se inclinó hacia él.
—Déjame adivinar. Tú dijiste algo sarcástico. Ella te dijo algo pasivo-agresivo. Se miraron como si planearan un crimen.
Ethan no respondió.
—Le atiné, ¿verdad?
Antes de que pudiera decir algo más, aparecieron los demás.
Mia fue la primera en sentarse junto a Lucas.
—¿Ya me contaron el chisme o tengo que humillarme pidiendo detalles?
—Ethan y Victoria se odian oficialmente —dijo Lucas—. Nivel guerra fría.
Mia sonrió con malicia.
—Ay, qué lindo. El odio siempre es el primer paso.
—No empieces —advirtió Ethan.
—¿Por qué no? —intervino Noah—. Es obvio que hay algo ahí.
—No hay nada —dijo Ethan con firmeza.
—Eso dicen todos antes del desastre emocional —añadió Mia.
Ethan se levantó.
—No tengo tiempo para esto.
Y como si el universo tuviera sentido del humor, Victoria apareció justo en ese momento.
Caminaba rápido, concentrada, sin mirar a nadie. Hasta que
Mia habló.
—Victoria, amor —dijo—. Ven, estábamos hablando de ti.
Victoria se detuvo.
—Eso nunca es buena señal.
—¿Qué pasó con Ethan? —preguntó Noah—. El ambiente en clase se podía cortar con cuchillo.
Victoria lo miró. Luego miró a Ethan.
—Nada que no se solucione trabajando con gente responsable.
—¿Ves? —murmuró Lucas—. Amor puro.
Ethan dio un paso al frente.
—No empieces otra vez.
—Yo no empecé —replicó Victoria—. Solo dije la verdad.
—Tu verdad.
—La única que importa si queremos pasar la materia.
—Wow —dijo Mia—. Esto está mejor que Netflix.
Ethan apretó los puños.
—¿Sabes qué? Hazlo sola.
—Encantada.
Se quedaron mirándose, tensos, cuando una voz interrumpió.
—¿Puedo pasar o esto es un ring improvisado?
Wolfe.
Con su saco arrugado, su café gigante y una sonrisa peligrosa.
—Profe —dijo Victoria.
—Chicos —saludó Wolfe—. Me llegó el rumor de que mis alumnos favoritos están teniendo… diferencias creativas.
Silencio.
—Excelente —continuó—. Porque acabo de tomar una decisión maravillosa.
Ethan sintió un mal presentimiento.
—A partir de hoy —anunció Wolfe—, el proyecto no puede separarse. No pueden cambiar de pareja. No pueden dividir tareas sin supervisión. Y todo avance será revisado en conjunto.
Victoria abrió la boca.
—Profesor—
—Nada de “pero”. —Wolfe levantó un dedo—. El odio es una gran herramienta pedagógica.
Lucas susurró:
—Estamos presenciando un crimen.
—Y como es San Valentín —añadió Wolfe—, quiero que aprendan algo sobre compromiso. Les guste o no.
Ethan y Victoria se miraron.
Si las miradas mataran, el campus estaría evacuado.
—Nos vemos mañana —dijo Wolfe—. Y sonrían. Es un día romántico. O algo así.
Cuando se fue, el silencio fue pesado.
—Esto es culpa tuya —dijo Victoria.
—¿Mía?
—Si no fueras tan—
—Si no fueras tan controladora—
—¡Basta! —interrumpió Mia—. Nos vamos a clase.
Victoria se giró para irse… y algo cayó de su mochila.
Un sobre.
Blanco. Con su nombre escrito a mano.
Ethan lo vio.
Victoria lo recogió rápido.
—¿Qué es eso? —preguntó Noah.
—Nada.
—¿Nada con forma de carta romántica? —añadió Lucas.
Victoria se tensó.
—No es asunto suyo.
Se fue.
Ethan se quedó mirando el lugar donde había estado.
—¿Cartas? —murmuró.
—Ajá —respondió Mia—. Lleva días recibiéndolas. Anónimas.
Algo incómodo se acomodó en el pecho de Ethan.
—¿De quién?
—No sabemos —dijo Lucas—. Misterio, romance, drama.
Ethan no sonrió.
Porque, por alguna razón que no quiso analizar, la idea le molestó.
Mucho.
Y eso lo enfureció todavía más.