Estamos ante la tercera y última parte de la saga. Agradecemos nuevamente vuestro apoyo y dejamos en claro, una vez más, que mi objetivo es entretener como el escritor no profesional que soy. Damos inicio, pues, a la parte final de esta historia.
Gracias.
Han pasado diez años desde la victoria humana sobre las máquinas taumitas. En un nuevo mundo donde los naru y los humanos han formado una alianza, un largo período de paz ha traído prosperidad a ambas especies.
En el caso de la raza de Uran Ger, esta logró reconstruir su planeta natal, NIM. No solo eso, sino que, bajo el mandato del nuevo y joven emperador Alban Zor-en Segundo, se han expandido y poblado más de una veintena de planetas, con la meta final de recuperar la grandeza del antiguo imperio.
Por su parte, los humanos han logrado superar las pérdidas ocasionadas por la invasión de las máquinas y, con la tutela de sus nuevos aliados, han construido los primeros puestos de avanzada en la Luna, Marte e incluso estaciones de vigilancia cerca de Neptuno, Júpiter y Saturno. Apuntan a dos nuevos objetivos: llevar la primera estación humana fuera del sistema solar hacia Próxima Centauri y, el más importante, formar parte del Consejo de las Razas bajo la tutela del Imperio Naru.
Para esta ocasión, la Tierra cuenta con un ejército Younder reestructurado y con un nuevo escuadrón del Dragón Negro, apoyado por Uran Ger, Üthan Atriz —un joven prodigio naru— y la capitana de la guardia real Thayana Ger, prima de Uran, quien posee habilidades propias de una Wormyr (un naru nacido con un superdotado físico, mental y energético).
Comenzamos, pues, con la parte final de esta aventura.