Horizonte 0

CAPITULO 4. FANTASMAS DEL PASADO

Thayana: Señores, les presento a la teniente Werllin. Ella será nuestra guía en el viaje y me ayudará en el control de la nave.
Werllin, una joven naru, se presenta ante ellos.
Werllin: Mucho gusto. Es un honor estar con la capitana Ger y con ustedes. Es curioso ver humanos por aquí.
Ely: El honor es nuestro, teniente.
Ely no deja de notar cómo el resto de los soldados y la tripulación de la nave admiran a Thayana, como si se tratara de una superestrella.
Thayana: Continuemos. Teniente, tendrá la ayuda de Hutan para el viaje. Díganos a dónde nos lleva la señal.
Werllin: Según los datos obtenidos, la señal de rastreo proviene de la sección Hellmit, en la sección 312.
Jhan: ¿Sección?
Uran: Verán… para nosotros el Imperio divide su territorio en secciones, igual que una nación divide el suyo en la tierra.
Hutan: Ustedes son la sección 314 de 317.
Artur: Espera… ¿estaba cerca? —pregunta sorprendido.
Uran: Pero era una señal muy antigua, ¿verdad?
Thayana: Sí. Una señal de manufactura antigua, propiamente de la época de la Gran Guerra.
Werllin: Para llegar tan lejos debió tener al menos una repetidora de apoyo… o más bien dos, como mínimo.
Thayana: Pensaba lo mismo. Además, son estructuras grandes, nada fáciles de armar y desarmar.
Uran: A menos que se trate de un equipo numeroso de personal.
Thayana: Como sea… aún debe haber algo ahí. Por mínima que sea la probabilidad, eso nos acercará al malnacido que nos atacó.
Tras un breve silencio, Gilian habla.
Gilian: No quiero ser pesimista, pero si tienen una red de rastreo bien estructurada… ¿no habrían prevenido ser encontrados? ¿Y, por ende, no se habrían preparado para escapar o esconderse?
Thayana: Y por eso usaremos una ruta no convencional. Teniente, busquemos una ruta alternativa y rápida —dice con tono serio.
Gilian: Me encanta verte así de seria, cariño —comenta con tono coqueto.
Thayana: Mejor alístate. Necesitaré que nos apoyes con las naves caza cuando lleguemos. No sabemos qué nos espera allá.
Gilian: Descuida, te cuidaré bien mientras esté aquí.
Thayana: Me basta con que no mueras mientras te necesite —responde con voz seria y fría.
Gilian: Oye… eres más fría que las lunas de Kozar.
Thayana: Equipo, descansen. Nos espera un viaje de dieciocho zolks.
Mina: ¿Qué es eso?
Uran: Serían como tres horas para ustedes.
Hutan: Tres horas y diecisiete minutos, para ser exactos.
Sasha: Eres un cerebrito. Me recuerdas a mi hijo mayor.
Jhan: A ver… ¿cuántos años tiene el mayor?
Sasha: Nueve, y la menor cinco.
Jhan: Desgraciado… no perdiste el tiempo, ¿verdad?
Ely: Déjalo ser feliz.
Artur: Abuelos… ¿dónde vamos a descansar? —pregunta con tono bromista.
Jhan: ¡Oye, niño, más respeto! —responde molesto.
Uran: Vamos, les voy a enseñar.
Mientras caminan hacia las habitaciones, Ely y Uran mantienen una pequeña charla.
Ely: Uran… ¿qué es exactamente tu prima? He notado que todos la miran con mucho respeto y admiración… incluso más de lo que creí.
Uran: Verás… ella es una Wormir. Un naru superdotado. Pero no como en la Tierra. Digamos que tiene una fuerza física superior a la media, al igual que intelecto y control de energía.
Ely: ¿Como lo que te pasó a ti con el implante?
Uran: Digamos que ella tiene todas las habilidades del implante, pero sin tenerlo. El problema es que, después de lo que ocurrió con la invasión Taumita, nuestro pueblo perdió la esperanza. El emperador anterior prácticamente nos dejó morir.
Ely: Pero están vivos gracias a ti —responde, tratando de darle fortaleza.
Uran: No solo fui yo. Verás… cuando escuché que destruirían el planeta, fui a ella a quien se lo dije antes de subir a la nave.
Mediante un recuerdo breve vemos a Uran en el palacio, escuchando la orden real de destruir el planeta. Algunos líderes militares están en contra.
Mientras corre por un pasillo, Uran contacta a Thayana.
Uran: Thayana, el emperador ordenó destruir el planeta. Tienes que correr la voz.
Thayana: ¿Estás seguro? No me convocaron a ninguna reunión.
Uran: Varios generales ya evacuaron a sus tropas y familiares. Saca a todos los civiles que puedas.
En ese momento Thayana envía el mensaje por todos los medios posibles. Corre hacia la habitación real mientras algunos guardias bloquean la puerta.
Detrás de ella aparece la emperatriz, quien le pide a Thayana que salve a sus hijos menores.
Emperatriz: Thayana, por favor… salva a mis niños —le dice, tomándola de las manos mientras solloza.
Thayana: Mi señora, lo haré. Pero venga con nosotros —le pide con preocupación.
Emperatriz: No puedo. No todos saldrán del planeta. Solo faltan unos minutos y, en el caos, muchos quedarán atrás. Mi deber está con mi gente y con mi esposo.
Thayana: ¿Y el príncipe Alban?
Emperatriz: No quiere dejar solo a su padre. Pero mis pequeños… llévatelos. Los puse en cámaras de sueño. Sálvalos.
Thayana acepta. Vemos su nave salir del planeta justo antes de la explosión, llevando a los príncipes menores en cápsulas de suspensión. Otras naves logran escapar también.
De regreso al presente, la conversación continúa.
Ely: Por eso los ven como héroes.
Uran: Ella fue entrenada para pelear y liderar a otros en batalla. Pero cargar con el peso de ser la protectora de una raza que perdió la fe y apenas empieza a levantarse de nuevo… es diferente.
Ely: ¿No hay más como ella?
Uran: Es una probabilidad muy baja. Digamos que, desde que apareció el primero, hace unos once mil años, solo han existido ocho.
Ely: Un peso tan grande para una sola persona… vaya que la tiene difícil. Pero tú le vas a ayudar, ¿verdad? —le dice sonriendo.
Uran: Haré lo mejor que pueda.
Ely: Ah, por cierto… ¿Hutan es familiar de ustedes? Lo veo muy cercano a los dos.
Uran: Oh, no. Los dos somos hijos únicos. El clan de Hutan es aliado nuestro, pero cuando era pequeño sus padres y hermanos mayores estaban muy ocupados con sus negocios y asuntos. Así que Hutan se crió con nosotros desde que nació.
Mientras el viaje continúa, en una instalación oscura de un planeta distante, el desdichado Memphis cuelga semidesnudo, sujetado por extraños aparatos que lo sostienen desde un techo frío y metálico.
Un grito sonoro sale de su boca, rompiendo el silencio de aquel lugar.
Memphis: ¡¿Qué…?! ¡¿Dónde estoy?! ¡¿Qué es esto?! —grita, asustado.
Sus ojos se abren al ver una silueta oscura frente a él. La figura toma la forma de un enorme ser con un traje oscuro y viejo que le cubre hasta el rostro.
Memphis: ¿Qué quieres? ¿Por qué me trajiste aquí? Eres uno de ellos, ¿verdad? —pregunta, temeroso por su vida.
El ser revela su identidad quitándose el casco. Es el mismo Nergel, el que había atacado las instalaciones humanas en Próxima Centauri.
Nergel: No soy uno de esos monstruos. Yo soy algo nuevo… y puro —dice con desprecio.
El rostro revela que se trata de un naru un poco mayor que Uran y Thayana, pero con la parte izquierda del rostro deformada por escamas o placas grisáceas y un ojo rojo.
Nergel: Vaya… qué curioso —murmura, mientras oprime unos controles a un lado. Memphis desciende hasta quedar a la altura de su cintura.
Nergel: Parece que tú también eres como yo… un subproducto de la guerra de esos demonios naru. Solo mírate. Tu especie es otro hijo bastardo de los Uldran Sarith.
Memphis: Conozco la historia, pero nada más. Por favor… solo soy un ingeniero de apoyo. Déjame ir —suplica con voz temblorosa, temiendo por su vida.
Nergel: Qué ingrato. Si respiras es porque adecué la atmósfera del lugar para que ambos podamos vivir… como lo hacen sus naves —se agacha un poco, hablando cerca del cuello de Memphis.
Nergel: Al menos agradece por eso —su aliento roza la piel del desdichado humano como el de un depredador.
Memphis: ¿Qué quieres de mí? —pregunta, asustado.
Nergel: Necesito tu ayuda para purgar el universo de esta plaga destructora y hambrienta de poder —su voz se llena de desprecio.
Memphis: ¿Quiénes…? —la voz le tiembla.
Nergel: Necesito destruir a todos y cada uno de esos naru. Esos asesinos y devoradores deben ser purgados. Pero para eso necesito que vayas a donde yo no puedo ir.
Unas garras delgadas y robóticas salen del techo y empiezan a incrustarse en la espalda del hombre. Penetran cerca de sus costillas y de su columna. Los gritos de dolor son ensordecedores.
Memphis: ¡Basta! ¡Piedad! ¡No puedo hacer nada! ¡Solo soy un humano común y corriente!
Los gritos retumban mientras Nergel responde con voz fría:
Nergel: Serás mis ojos y mis oídos. Irás a donde yo no pueda ir.
Memphis: ¡No puedo! ¡Bastaaa…! —grita entre el dolor agonizante.
Nergel: Por eso te mejoraré. Serás mi sirviente mientras libero a mis hermanos.
En los oscuros pasillos de aquel lugar solo se escuchan los gritos de Memphis, que poco a poco son silenciados por el frío vacío del espacio.



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Editado: 21.08.2026

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