Horizonte 0

CAPITULO 5. REVELACIÓN

La nave naru llegó hasta el planeta, una esfera rocosa con una tenue atmósfera, más pequeño que la Tierra. Desde el puente, la superficie se veía absolutamente desierta.

​—Silencio... —pidió Thayana tras revisar los radares.

​—Eso no es bueno, ¿verdad? —preguntó Jhan.

​—Para nada. Gilian, lleva algunos cazas a revisar el área. Nosotros vamos a bajar. Uran, ayuda a los humanos; los brazaletes deberían servirles en este planeta también.

​—¿Estás segura? —inquirió Ely.

​—Sí. Este lugar fue un intento de terraformación en el pasado. Por regla, todos los planetas que pasan por ese proceso se convierten en copias de NIM, así que el sistema de soporte debería ayudarlos con la gravedad, la transferencia atmosférica y lo demás —explicó Thayana con tono serio.

​—Bueno, ya habló la jefa. Mina, baja el tanque. Arthur, Thomas, lleven los cañones pesados —ordenó Ely.

​—¿Y nosotros? —preguntó Sasha.

​—Ustedes ya saben qué hacer.

​Una nave más pequeña aterriza en la superficie. Las tropas bajaron con cautela mientras observaban a los cazas de Gilian sobrevolar la zona.

​—Este lugar es horrible —comentó Thomas.

​—Vigila bien, Gilian —pidió Uran.

​—¡Descuide! —resonó la respuesta por el comunicador.

​Avanzaron hasta cubrirse detrás de unas enormes rocas. Ante ellos se erigía una estructura en forma de antena, de unos diez metros de altura, sobre la entrada de unas instalaciones subterráneas.

​—¿Qué? Pero... esto debería ser mucho más grande —murmuró Thayana, confundida.

​En ese instante, fueron recibidos por ráfagas de disparos de energía. Varios soldados, tanto naru como humanos, cayeron heridos.

​—¡Dwafak! —gritó Thayana en su idioma al comprender la situación—. ¡Sawwi na dek, Gilian! —solicitó apoyo aéreo de inmediato.

​Gilian intentó realizar una maniobra de cobertura, pero un puñado de cazas naru antiguos le disparó por la espalda. Habían caído directamente en una trampa.

​—¿Qué son esas cosas? No se ven como ustedes —gritó Ely sobre el ruido del tiroteo.

​A lo lejos se aproximaban máquinas alargadas de color negro, similares a drones de tecnología naru antigua, flotando a poca distancia del suelo mientras descargaban su artillería.

​—Son máquinas guardia. Como los drones de tu mundo, pero no deberían funcionar sin un operador. No sé qué demonios pasa, son completamente autónomas —explicó Thayana.

​—Bueno, nenes, a lo que vinimos. ¡Mina, trae el tanque! —ordenó Ely.

​El vehículo blindado abrió fuego, pero el blindaje enemigo penas sufrió rasguños.

​—¡Qué carajo! Mala idea, apenas los roza —gritó Arthur, cubriéndose tras una roca.

​—¡No, utilicen el cañón que le instalamos! El que les dimos —intervino Uran.

​—¡Enterado! —respondió Mina.

​El tanque retrajo su cañón principal, reconfigurando varias piezas en cuestión de segundos. Aunque la nueva boca de fuego lucía más pequeña, desató un pulso concentrado de energía que destrozó a los drones de un solo impacto.

​En el cielo, Gilian y su escuadrón lograron neutralizar a los cazas enemigos.

​—Solicitaré apoyo al Akmir —avisó Gilian por el comunicador.

​—¡Alto! Ya me aburrí de esto —interrumpió Thayana con voz firme—. Además, un disparo de ese nivel destruirá todo el lugar y necesito respuestas. Detrás de mí.

​Con un salto descomunal, Thayana cayó directamente sobre una de las máquinas terrestres, partiéndola en dos con su propio peso y fuerza.

​—¡¿Pero qué fue eso?! —exclamó Thomas, atónito.

​—¡Andando! Mina, cúbrenos, iremos detrás —indicó Ely.

​El tanque avanzó sirviendo de cobertura a las tropas humanas, que lograron destruir otro dron. Los soldados naru hicieron lo propio con dos más, mientras Thayana, como un titán desatado, destrozaba el resto a puñetazos y disparos a corta distancia. Cargó energía en sus manos y golpeó a la última máquina, dejando el metal al rojo vivo en el punto de impacto.

​Victoriosa sobre los restos humeantes, se sacudió las manos.

​—Ya me estaba aburriendo...

​—No solo tú, belleza —respondió Gilian por la radio mientras derribaba a la última nave enemiga, que cayó casi sobre ellos.

​Sin que nadie lo notara, el joven Hutan apareció a espaldas del grupo.

​—Vaya... parece que alguien mejoró la tecnología antigua —comentó observando los restos.

​—Hutan, ¿qué haces aquí? —reclamó Uran, molesto.

​—¡Te dije que no bajaras! ¿Cómo lo hiciste? —exigió Thayana.

​—Tomé una nave detrás de ustedes. La capitana ni se enteró —sonrió con picardía.

​—Niño tonto, no quiero que te lastimen. Te dije que la ayudaras a ella —regañó Thayana, dándole un leve golpe en la cabeza.

​—Como sea... ¿sabes algo de esto? —interrumpió Uran.

​El joven naru se acercó a un dron derribado y, con una herramienta, retiró parte del blindaje exterior.

​—Claro. Estas cosas necesitan un operador mínimo para mantenimiento y evitar disparos innecesarios, pero veo que alguien mejoró el sistema automático e incluso el blindaje.

​—Vaya, ¡sabes mucho! —admitió Jhan.

​—Es que me apasiona la tecnología, igual que a Uran —sonrió Hutan—. De hecho, las naves que Gilian derribó no tenían piloto.

​—Es verdad, no detecté formas de vida orgánicas. ¿Cómo lo supiste? —intervino Gilian desde su cabina.

​—Simple: vi los restos que caían mientras ustedes disparaban como locos. Ninguna pieza corresponde a una cabina de esa época.

​—No estoy entendiendo nada... Entonces, ¿no es de ustedes? —preguntó Arthur, confundido.

​—La respuesta está adentro —sentenció Thayana.

​De un golpe, derribó la entrada blindada de la estructura, dejando al descubierto el acceso a unas instalaciones subterráneas mucho más vastas.

​—Malek armar daw —ordenó en su idioma—. Teniente, revise el lugar.

​Luego se giró hacia Ely:

​—No desconfío de ustedes, pero no sé qué habrá allá abajo.



#322 en Ciencia ficción
#2369 en Otros
#467 en Acción

En el texto hay: #acción, #aventura, #cienciaficcion

Editado: 21.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.