Horizonte 0

CAPITULO 6. PERSECUCIÓN

Después de dos días rastreando el sistema solar y la zona, Thayana y Gilian recibieron una comunicación cifrada proveniente de NIM mientras discutían sobre lo acontecido.
—Debemos regresar a NIM —dijo Gilian, con la mandíbula tensa—. Necesitamos más información.
—¿Sobre qué? —preguntó Thayana, molesta, sin apartar la vista de la pantalla de seguimiento.
—Los Krul son una leyenda para asustar a los jóvenes. No hay motivo para perder el tiempo. Hutan, ¿lograste descifrar la señal?
—Bueno… en parte no —respondió Hutan desde su consola, los dedos moviéndose con precisión sobre los hologramas—. Quien sea que la envió supo cubrir sus pasos. Pero logré detectar hacia dónde fue enviada.
—¿No se supone que estaba cifrada?
—Sí, para nosotros. Servimos como la fuente de salida. En los lugares a donde iba… no.
—¿Estás diciendo que hay una banda de ida y vuelta? —preguntó Thomas, frunciendo el ceño.
—Exacto. Una de salida y otra de llegada, en una sola banda de señal.
—¿Y de qué sirve? —inquirió Mina.
—El asunto es que quien lo hizo no creo que pudiera encontrar la banda de recepción. Supongo que es alguien que aún está aprendiendo sobre nuestra tecnología moderna —Hutan sonrió con picardía, aunque sus ojos no dejaban de analizar los datos.
—Dime más —pidió Thayana.
—Según los cálculos, la banda de recepción se estaba estirando… como si el lugar de llegada se estuviera moviendo. De hecho, sigue moviéndose. Aún emito la señal sin que ese tal Nergel se dé cuenta.
Gilian se incorporó de golpe.
—Espera… entonces podemos seguirlo.
—Así es —respondió Hutan con voz serena, casi despreocupada.
—Entonces podemos ir por él. ¿A dónde va…?
Thayana fue interrumpida por Uran, que entró con el rostro tenso.
—Thayana, Gilian… tenemos comunicación prioritaria del Mariscal Urukan.
—Maldición… —murmuró ella.
—Werllin, proyecta la imagen.
La pantalla se abrió en un canal seguro. Aparecieron el Emperador Alban Zor-en, el Mariscal Urukan —de perfil severo y mirada de acero— y dos embajadores alienígenas.
—Hola, Thayana —saludó Alban—. Leímos el informe y pedí consejo al Mariscal. Además, el embajador Shurk del Conglomerado Nodran y el embajador Glor Sar Um de la Federación Kry nos darán una información que no me gusta para nada.
Al fondo se veía a una pareja de pequeños naru jugando y haciendo ruido. Alban se giró hacia ellos con un gesto de exasperación.
—Büylar, Welyr… ¡bafir pfoden! —gritó en su lengua. Los dos niños salieron corriendo del encuadre.
—Lo siento. Mis hermanos menores son ruidosos.
Urukan no perdió tiempo.
—Lo que les queremos decir es que los embajadores creen que este asunto se nos está saliendo de control.
—Imposible. Estamos progresando —replicó Thayana.
—¿De qué manera, capitán? Ya se ha reportado un ataque en la frontera con la Federación Kry. ¿O no es así, embajador?
Un ser similar a un gusano enorme de color gris ceniza, con marcas rojas irregulares y sin ojos aparentes, se acercó a la pantalla. Solo tenía dos patas delanteras gruesas. Con su cola bífida levantó un aparato plano que emitió un holograma: una luna siendo atacada por una nave de diseño similar a la de Nergel. Explosiones de energía iluminaban la superficie.
—Teniente, el traductor —ordenó Thayana.
—Sí, capitán.
La voz sintética de Glor Sar llenó el puente, distorsionada y gorgoteante:
—Esa criatura nos atacó. Si es necesario, podemos prestarles ayuda, capitán.
El otro embajador, Shurk, permanecía inmóvil. Era una figura extremadamente delgada de color verde oliva, con cabeza rectangular alargada, extremidades finas como varillas y tres dedos largos. Su cuerpo estaba envuelto en un traje negro mate. En lugar de ojos solo tenía tres líneas violeta fosforescente; a los lados de la cabeza, dos marcas grises circulares palpitaban al ritmo de su voz.
—El Consejo de Razas considera a este ser una amenaza no solo para ustedes, sino para otras especies —dijo Shurk, con una voz metálica y precisa—. Si necesitan apoyo, disponemos de soldados de élite y naves de combate. Este ataque se llevó a cabo hace veintitrés koras.
Mina se inclinó hacia Uran y susurró:
—¿Qué es eso?
—Equivalente a unas ocho horas terrestres. Es su sistema de medición del tiempo.
Thayana dio un paso adelante.
—¡Me niego! Si estoy aquí es porque confían en mí. Nuestro deber es proteger las colonias y la paz… la de nuestra gente y la de nuestros aliados.
Alban la miró fijamente.
—¿Estás segura, Thayana?
—Solo necesito una oportunidad para demostrar que puedo hacerlo.
Hubo un silencio breve.
—Está bien. Te creo —dijo Alban.
—No desconfiamos de ti —añadió Urukan—. Pero si esto se desborda, el peligro será mucho mayor.
—Soy consciente, señor.
—Entendido. Estaremos al pendiente.
—Confío en ustedes. Hasta luego —concluyó Alban, y el canal se cerró.
Thayana se giró de inmediato.
—Hutan, ¿tienes las coordenadas?
—Sí. Ya se las pasé a la teniente.
—En marcha —ordenó Gilian.
Durante el trayecto, las dudas se filtraron en el puente como radiación residual.
—¿Cómo pudo llegar de un lado al otro tan rápido? —preguntó Thayana.
—¿Otro autómata? —sugirió Uran.
—Imposible. Registraron una forma de vida. A los Kry no se les escapa nada.
Gilian negó con la cabeza.
—Y por qué mencionar a los Krul… Eso no me da buena espina.
En otro compartimento de la nave, Ely se dejaba caer en una litera.
—Mierda. Me siento inútil aquí.
—No te acomplejes —respondió Jhan—. Todos estamos adaptándonos.
Sasha asintió.
—Me recuerda a cómo empezamos en la Tierra. No teníamos ni idea de lo que nos esperaba.
—La diferencia es que ahora ustedes tienen algo por lo que preocuparse —dijo Ely—. Al menos Sasha.
—Tuviste suerte —comentó Jhan en voz baja.
—Sí… ser padre no es fácil. Ahora tengo una razón real para volver —admitió Sasha.
Arthur levantó una ceja.
—A ver… ¿no se supone que eran estériles?
—Los naru nos ofrecieron una actualización en el implante a los que quisimos —explicó Jhan—. Para poder procrear. Ely… ¿tú no la pediste?
—La dejé para después —respondió Ely, cortando el tema—. ¿Dónde está Uran?
Uran apareció en ese momento, con el casco bajo el brazo.
—Llegaremos en minutos. Lo que sea que encontremos allá, debemos estar listos. Actualicen los trajes de vacío. En el planeta anterior les costó moverse, o al menos eso note.
—Gracias —murmuró Sasha.
Arthur se giró hacia él.
—Una pregunta… ¿qué son exactamente los Krul?
Uran dudó un segundo.
—Una leyenda de nuestro folclore antiguo. Seres terribles… pero no sé por qué los mencionaron. Thayana se alteró apenas los oyó nombrar. A veces creo que me oculta cosas.
Ely miró al techo.
—Solo espero que no nos lo diga cuando ya sea demasiado tarde.
Las alarmas del Akmir estallaron de golpe. Luces rojas bañaron el puente.
—Estamos llegando a la posición de la nave de Nergel —anunció Uran.
Werllin amplió la imagen táctica.
—Es enorme… del tamaño de una nave de guerra mediana.
Thayana apretó los puños.
—¿De dónde demonios la sacó…?
El Akmir salió del hiperespacio con un sacudimiento violento, materializándose justo sobre la estela de plasma de la nave enemiga. La silueta que se alzaba frente a ellos era mucho más grande de lo que los sensores habían anticipado: una mole oscura y angular que parecía devorar la luz de las estrellas.
Gilian soltó una maldición en su lengua natal:
—Thayana… War Desh. ¡Mira eso!
—Ya lo veo —respondió ella, con la voz baja y tensa—. Es enorme.
Las dos naves cortaban el vacío como dos misiles estelares casi rozándose, una persiguiendo a la otra a velocidades que hacían temblar el tejido mismo del espacio.



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Editado: 12.09.2026

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