Horizonte final

Capitulo 1

Erin empacaba sus cosas rápidamente; solo podía llevar una maleta y lo necesario. Quitó una baldosa del piso de su habitación y sacó el dinero que había estado ahorrando. Una vez tuvo todo lo que necesitaba, salió de su casa sin siquiera cerrar la puerta tras de sí; no es como si tuviera algo de valor, todo lo valioso ya estaba empacado en su maleta. Había decidido salir de noche, así nadie podría ver por dónde iba; subió la capucha de su saco para cubrir su rostro. El tren que la sacaría de esa ciudad salía a las 10 de la noche; caminó tan rápido como pudo, mirando hacia todos lados y sospechando de cualquier sombra que viera cerca de ella. Al llegar a la estación, el tren se estaba preparando para salir; estaban haciendo el último llamado para que los pasajeros subieran. Antes de subir, Erin dio un último vistazo a todos lados, asegurándose de que nadie la estuviera siguiendo o vigilando; cuando estuvo segura, subió.

El ruido del metal retorciéndose con el movimiento anunció la partida. Erin se sentó en su silla desgastada junto a la ventana, soltando un suspiro de alivio; había podido salir sin ningún inconveniente. Corrió la cortina amarillenta e intentó dormir, pero el ruido era tan fuerte que le fue imposible conciliar el sueño. Las siguientes paradas solo recogieron a unos pocos pasajeros; nadie se sentó cerca de ella. Todos los que viajaban de noche buscaban escapar de algo y lo último que querían era entablar conversación con algún extraño; era como una regla no escrita que todos seguían al pie de la letra. Erin sacó de su abrigo un papel donde había un mapa dibujado; una equis marcaba su destino. Levantó su muñeca y con dos toques suaves la pantalla de su reloj se encendió para luego proyectar una imagen holográfica que mostraba otro mapa, el cual comparó con el que estaba en el papel. Aún estaba lejos, pero la ruta era la correcta. Dos golpes suaves hicieron que la imagen desapareciera; Erin recostó su cabeza tratando de relajarse.

Las pantallas del tren seguían mostrando el mismo vídeo desde que salieron; ese año se cumplirían 800 años desde que el rey fue coronado y, como se hacía cada década, la celebración sería por todo lo alto. las imágenes mostraban todo lo que había hecho por los humanos, cómo las ciudades habían prosperado y cómo la calidad de vida de los humanos también había mejorado, ya que todos ahora podían contar con una casa propia y un trabajo estable. Además, los invitaba a trabajar más fuertemente, para que las ofrendas que le hicieran al rey ese año fueran las mejores, así la ciudad que entregara las mejores ofrendas, ya fueran en comida, ropa o todo tipo de artículos de decoración o para el uso personal del rey y la familia real, se ganaría su favor y sería recompensada. Una imagen de Caelum, la capital del reino, apareció al final, mostrando todo su esplendor. La ciudad brillaba bajo la luz del sol; sus calles impecables y edificios que parecían de ensueño aparecían con un texto que decía:

“Gracias a tu duro trabajo, la capital puede seguir cumpliendo con su labor de hacer tu vida mejor”. Más imágenes de esa bella ciudad y su gente se mostraban; sus ropas de seda se movían con elegancia cuando caminaban, sus finos vehículos transitando entre calles perfectamente organizadas; esa ciudad era un verdadero paraíso, uno al que solo un humano podía soñar con visitar, ni siquiera los que vivían allí como sirvientes o esclavos podían ver. Un fuerte golpe volvió a Erin a la realidad; había llegado a su destino.

Una voz salió por el parlante del tren; era muy poco lo que se lograba entender, pero una palabra que salió claramente les dio a entender a todos que la próxima parada sería la última. Erin masajeó su cuello; fue poco lo que pudo dormir, pero aun así, la mala postura le generó un terrible dolor que no se le quitaría el resto del día. Un fuerte estruendo zarandeó todo el tren para luego detenerse; fue un milagro que hubiera podido hacer todo el recorrido sin desbaratarse. Todos los pasajeros se levantaron y comenzaron a salir; Erin permaneció en su silla, esperó a que todos salieran primero que ella, corrió un poco la cortina, lo suficiente para ver hacia afuera; quería asegurarse de no ver a nadie sospechoso.

Una vez estuvo segura, tomó sus cosas y bajó del tren. La estación estaba llena de gente; todos se dirigían a sus trabajos en las fábricas y, si en la noche los trenes estaban vacíos, en el día estaban tan llenos que tenían que empujarse unos a otros para poder caber en los vagones. Erin aprovechó las multitudes para poder pasar desapercibida, pero antes de que pudiera salir de la estación, escuchó varios impactos que caían del cielo. Todo el mundo comenzó a correr de un lado a otro, tratando de cubrirse , Erin sabía muy bien de qué se trataba y se tiró de cabeza hacia el interior de un tren que acababa de desocuparse, ahí estaría segura. Con cuidado se asomó por una de las ventanas y vio cómo los guardias reales descendían del cielo, soldados que sobrepasaban los dos metros, vestidos completamente de negro y con cascos que cubrían sus rostros; solo un visor rojo se veía en el casco, representando sus ojos. Todos estaban armados y caminaban entre los que habían caído víctimas de sus disparos; muchos solo se retorcían del dolor, pero otros habían comenzado a cambiar. Su apariencia humana había desaparecido para dar paso a una apariencia más bestial. Sus cabellos oscuros ahora eran de diferentes colores; algunos eran azules, otros eran naranjas, algunos obtuvieron manchas en sus pieles, revelando así su verdadera naturaleza híbrida, mitad humanos, mitad extraterrestres.

Esas redadas eran comunes; ese era el miedo con el que tenían que vivir los que eran híbridos. La cacería que había mandado el rey hacía cien años para deshacerse de quienes él consideraba como impuros. Antes de eso, tenían la oportunidad de llevar una vida relativamente tranquila; aunque vivían como parias, rechazados por los humanos y por los Elyzir, todavía podían vivir, pero desde que el rey decretó la cacería y muerte de los híbridos, todos tuvieron que esconderse y vivir sin mostrar su verdadera apariencia. Algunos eran afortunados como ella, quienes aún conservaban sus rasgos humanos, aun si revelaban su naturaleza híbrida, pero había otros desafortunados que no podían hacerlo, aun si lograban ocultar sus características animales transformándose en humanos; aún conservaban rasgos de los Elyzir. Algunos de ellos intentaron inútilmente defenderse o escapar, pero la guardia real era muy fuerte; podían detenerlos sin mayor esfuerzo, ningún híbrido podía hacerles frente y más que ellos formaban parte de un grupo especializado en la cacería de híbridos.




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