Horizonte final

Capitulo 2

El frío del agua cayendo sobre su rostro la despertó. Estaba acostada en el piso; sus manos y pies estaban atados. El hombre estaba sentado frente a ella. Sus ojos se encontraron con los de ella y, por un instante, se sintió como si pudiera saber lo que estaba pensando. No había amenaza en su mirada, solo una paciencia cruel, como si supiera que al final él terminaría saliéndose con la suya.

—Tienes que ayudarme —repitió, como si eso fuera suficiente para convencerlo.
—¿Por qué habría de hacerlo?
—Solo necesito que me ayudes a entrar a Caelum.— El hombre comenzó a reír apenas la escuchó.

—Estás loca, ningún humano puede entrar a esa ciudad.
—Por eso necesito que me ayudes. Sé que tú puedes entrar, tú tienes un UniPass.
—¿Roland te lo dijo?
—Sí.
—¿De verdad está muerto? —preguntó después de un momento, como si estuviera procesando la información.— Erin solo asintió.

—Entonces sí puedo matarte y nada pasará —la sonrisa que tenía desapareció.
—Ya te lo dije, si me matas, todo el mundo sabrá que eres un híbrido. Tengo un compañero que sabe que estoy aquí; si no me comunico con él, asumirá de inmediato que me mataste y dará a conocer tu identidad a los cazadores.

El hombre no dijo nada, pero su mirada se hizo más intensa, más fría. Erin sabía que se estaba arriesgando a perder su vida, pero era un riesgo que estaba dispuesta a correr.

—¿Para qué quieres ir a Caelum? —preguntó, dejándose vencer por la curiosidad al ver la determinación en sus ojos.
—Tengo que entregar algo.
—¿Qué y a quién?
—No puedo decírtelo.
—Entonces olvídalo.— Se puso de pie y se dirigió hacia la cocina improvisada que tenía, tomando un cuchillo.

—¿Crees que estoy bromeando? —dijo asustada cuando lo vio girarse con el cuchillo en mano—. Cuando sepan que eres un híbrido no tendrás dónde esconderte.
—Se nota que Roland no te lo contó todo sobre mí.— Se arrodilló frente a ella y apretó el cuchillo sobre su garganta enrojecida.

—Para mañana nadie sabrá dónde estoy. Para mí, desaparecer es tan fácil como para ti amarrarte los zapatos. ¿Crees que esta es la primera vez que alguien me amenaza de esta manera?— La punta del cuchillo se hundió más en su piel hasta que una gota de sangre corrió por su cuello.

—No deberías andar por ahí amenazando a la gente; no sabes con quién te puedas encontrar.
—Si me matas, tú morirás conmigo —dijo con voz temblorosa.
—¿Qué?

Su conversación fue interrumpida por unos golpes en la puerta. El hombre cubrió la boca de Erin, mirando hacia la entrada. Pudo ver la sombra de alguien. Intentó no hacer ningún ruido, esperando que quien fuera se marchara, pero no fue así. Siguió golpeando cada vez con más fuerza, como si supiera que estaban ahí.

—Jack —dijo la voz al otro lado—. Sé que están ahí, ábreme.— No reconoció la voz, pero sabía su nombre y sabía que no estaba solo.

—Si llegas a hacer un solo ruido, te cortaré la garganta sin dudarlo —amenazó en voz baja.

Luego se puso de pie y con cautela se acercó a la ventana para ver quién era, pero antes de que pudiera distinguirlo, la puerta se abrió de golpe. Un hombre alto y vestido de negro entró. Jack reconoció ese uniforme y casi instintivamente se lanzó a atacarlo. El hombre logró detener su golpe, como si ya supiera que iba a hacerlo, aunque le costó bastante esquivar los demás.

—Cálmate —dijo levantando los brazos—. No vine a capturarte, vine a hablar contigo.

Los mantuvo en alto como señal de paz. Erin también había intentado escapar al ver que ese hombre pertenecía a la guardia real; tenía el emblema de los cazadores.

—Aunque no lo creas, estoy de tu lado —continuó, aún con las manos levantadas—. Lo que dice Erin es verdad, solo tú puedes ayudarla a entrar a Caelum.— Erin se detuvo cuando lo escuchó. Jack quedó igual de confundido que ella.

—Yo estoy aquí para ayudarlos también.— Los dos no supieron qué decir. Jamás pensaron escuchar esas palabras de un cazador.

—¿Quién eres? —preguntó Jack finalmente, aún manteniéndose alerta.
—Mi nombre es Drek’eil, pero pueden llamarme Derek.

Jack miró a Erin y luego a Derek. No tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando ni de qué estarían planeando ellos dos, pero sí estaba seguro de que él no formaría parte.

—Están perdiendo su tiempo conmigo. No me interesa hacer parte de lo que sea que piensen hacer; tendrán que buscar a otro.
—Lo siento, pero esa no es una opción —dijo Derek sin bajar las manos, demostrando que su verdadera intención no era luchar, sino conversar—. Eres parte de esto desde hace mucho tiempo.
—¿En serio? —sonrió de lado, con cansancio, como si fuera un chiste que ya había escuchado demasiadas veces—. ¿Y quién decidió eso?
—Todavía no puedo decírtelo, pero puedes estar tranquilo de que es alguien a quien conoces.
—Si es alguien que conozco, ¿por qué no me puedes decir quién es?
—No deberíamos perder más tiempo con ese tema —dijo bajando los brazos—. Los cazadores han sido informados de un híbrido que vieron por acá cerca. No demoran en venir a revisar toda la zona. Tenemos que irnos.
—Qué conveniente que, justo cuando ella aparece, hay una redada.
—Es verdad —dijo Erin—. Anoche vi cómo echaban a uno de un bar.

Jack no dijo nada. No le gustaba cómo se estaban desarrollando las cosas; sentía como si lo estuvieran guiando hacia una trampa, pero el sonido distintivo de las naves de los cazadores lo convenció de que estaban diciendo la verdad.

—Tenemos que irnos —repitió Derek.

Jack miró hacia afuera y el sonido se estaba acercando. El silencio había sido interrumpido por los motores de las naves y los gritos de la gente solo probaron que estaban más cerca de lo que pensaba. Sin decir nada, se dirigió a la parte trasera de la casa, donde había una puerta falsa que daba hacia un callejón más estrecho de lo normal; apenas si podía caber una persona. Derek le dijo que los esperara mientras desataba a Erin, pero Jack no le hizo caso y salió, dejándolos atrás.




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