Los tres permanecían en la sala. Jack había vuelto a ocupar el sofá, sentado en el centro, con los brazos extendidos sobre el respaldo, como si necesitara apropiarse de todo el espacio. Frente a él, Derek y Erin ocupaban los sillones donde se habían sentado desde el inicio. La tensión seguía allí, aunque ya no era asfixiante. Aun así, ambos sabían que debían medir cada palabra; un error podría costarles su única oportunidad de obtener ayuda. La mirada de Jack no había cambiado. Erin apenas podía sostenerla más de unos segundos y, por lo que había notado, a Derek le ocurría lo mismo. No entendía cómo alguien como él podía imponer tanto sin levantar la voz. No necesitaba hacerlo. Su sola presencia bastaba.
A simple vista, nadie imaginaría aquella intensidad. Parecía un joven común de veintitantos años, apenas un poco más atractivo de lo habitual. Nada en su aspecto demostraba esa aura tan intensa. De cabello negro y ojos negros. Un poco más alto que ella. No tan corpulento como Derek, pero se veía fuerte, firme. Ahora que lo observaba con más detenimiento, los músculos de sus brazos se marcaban bajo la camiseta. Recordó la presión de su mano en su cuello, la fuerza con la que había intentado romper la cuerda. Si hubiera querido, la habría matado.
—¿Y bien? —preguntó Jack, sacándola de sus pensamientos—. Estoy escuchando.
Derek y Erin intercambiaron una mirada breve, cómplice y nerviosa, como niños que intentan justificar una travesura antes de recibir el castigo. Derek abrió la boca, pero Erin se adelantó.
—Necesito tu ayuda para entrar a Caelum— sus ojos bajaban a sus manos y regresaban a los de él; no lograba sostener su mirada demasiado tiempo. —Sé que tienes un UniPass. Solo necesito que me lo prestes para poder entrar. Eso es todo. Ni siquiera tienes que acompañarnos —añadió rápidamente, intentando no hacerlo sentir comprometido.
—¿Por qué quieres entrar a Caelum?— Erin miró a Derek, quien solo asintió.
—Si conoces a Roland, sabes en lo que trabajó hace años.— Jack no respondió, solo la miraba fijamente. —Logró crear un virus que afecta a los Elyzir. Yo tengo el contenedor. Mi misión es llevarlo a Caelum y liberarlo allí. Si el rey cae, todos los Elyzir caerán. No tiene cura. Su intención era eliminar a los Elyzir y liberar por fin a los hum...— La risa de Jack la interrumpió. No era fuerte, pero sí amarga.
—Roland, el altruista. El salvador de la humanidad.— Erin dudó, sin saber qué decir.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Derek.
—Díganmelo ustedes, que están tan decididos a continuar su plan. —El ambiente volvió a sentirse tenso. —Creo que falta una parte importante en esa historia.— Erin sintió un escalofrío.
—Si sabes algo más, dínoslo. — Sabía que su abuelo guardaba muchos secretos; temía pensar en lo que le hubiera ocultado sobre ese virus.
—Dijiste que Roland sigue vivo. Entonces vayamos a verlo. Que sea él quien les diga la verdad.— Erin y Derek se miraron otra vez. No era lo que esperaban, pero era algo. Si viajaba con ellos, aún podrían convencerlo de prestar el UniPass. —¿Saben dónde está? —preguntó Jack, notando su confusión.
—Solo sé que unos hombres se lo llevaron. No sé a dónde.
—¿Quiénes eran?
—No los conozco. Pero escuché el nombre de uno: Ernest.— Los ojos de Jack se endurecieron.
—Ese bastardo también sigue vivo… —murmuró.
—¿Lo conoces? —preguntó Erin, sintiendo una chispa de esperanza.
—Desafortunadamente, sí. Conozco a todos los que participaron en los experimentos. Creí que ya estarían muertos.— Guardó silencio un instante, pensativo. —Aunque… esto podría ser una oportunidad.— Se levantó con decisión.—Nos vamos ahora.Erin también se puso de pie.
—¿Entonces vas a ayudarnos?— Erin también se puso de pie. Jack no se giro.
—No voy a repetirlo.— Avanzó hacia la puerta, la abrió, pero antes de salir añadió —Las llaves. Yo conduzco.— Derek reaccionó de inmediato y se las entregó.
—Está en el callejón, detrás del edificio.
Jack no dijo nada, solo salió. Erin y Derek salieron tras él. Jack caminaba rápidamente; Derek pudo seguirlo, pero de nuevo a Erin le costó seguirles el ritmo. Al salir del edificio, Jack se subió al auto y lo encendió de inmediato. Derek pudo subirse a tiempo, sentándose a su lado, pero Erin tuvo que correr para que no la dejaran; apenas si alcanzó a subirse en el asiento de atrás. Los dos se sorprendieron de que supiera manejarlo; parecía que no era la primera vez que se subía a uno. Salieron del Distrito, regresando por el camino por el cual habían llegado.
—¿A dónde vamos? —se arriesgó Erin a preguntar.
—A Broadmount.— Era la segunda ciudad más grande.
—¿Crees que Ernest esté allí? —preguntó Derek.
—Ahí estaba la última vez que lo vi.
Erin tenía más cosas que preguntarle a Jack, pero por el momento lo dejaría así; no quería arriesgarse a enfadarlo. Durante el resto del viaje nadie volvió a decir nada más. Jack aumentó la velocidad. Erin no pudo imaginar cómo sabía manejar tan bien.
Derek y Jack sabían más de lo que aparentaban; tenían muchos recursos a su disposición y sabían moverse de ciudad en ciudad sin problemas, lo que hizo que Erin no se sintiera a su nivel. Fue una ingenua al pensar que ella sola podría llegar a Caelum. Cuando salió de su casa, pensó que solo le bastaba con conseguir el UniPass que tenía Jack para entrar a Caelum, pero se dio cuenta de que no sabía nada del funcionamiento del mundo.
Esta era la primera vez que salía tan lejos. Las veces que cambiaron de ciudad, siempre lo hicieron a ciudades aledañas; nunca salieron más lejos que eso. Además de que esta también era la primera vez que salía sola; su abuelo era quien se encargaba de todo, nunca la dejó hacerlo por ella misma, pero no era porque se preocupara por ella, sino más bien como quien no quiere perder una de sus herramientas.
Desde pequeña siempre repitió lo mismo, como algo que tuviera que memorizar, ella era clave. Ella era necesaria. Ella era el instrumento que pondría fin a todo. Siempre le hablaba de Jack, aunque no se refería a él con ese nombre; su abuelo lo llamaba John. Le decía que él la ayudaría a entrar a Caelum, que podría utilizar su UniPass para entrar. Pero nunca le dijo la clase de hombre que era. Siempre los imagino como buenos amigos, pero la reacción de Jack demostró todo lo contrario; algo más oscuro que solo desprecio, era un odio profundo. Su abuelo nunca le contó cómo se conocieron ni desde hacía cuánto, tampoco le explicó el papel que él había jugado en esos experimentos. En realidad, nunca le dijo nada acerca de Jack, lo único que hacía era repetirle una y otra vez lo mismo, su deber y su razón de ser, acabar con los Elyzir. Ahora comprendía que faltaba algo, una parte importante, y Jack lo sabía.