Al llegar a la escalera, ambos se sentaron bruscamente sobre los fríos escalones de concreto. Se encontraban exhaustos, tratando desesperadamente de trazar un plan de acción rápido. O bueno, en realidad solo Kendra podía hacerlo, ya que el traumático shock de las últimas horas había dejado a Terry completamente mudo y sin aliento, convirtiéndola a ella en la única voz del grupo.
Habían pasado apenas unos minutos de tensa calma en los que solo se escuchaban sus respiraciones agitadas. De repente, un sonido seco, retumbante y pesado resonó en el fondo del pasillo, haciendo vibrar las paredes cubiertas de humedad. El eco recorrió el estrecho corredor, erizándoles la piel a ambos. Kendra cerró los ojos un instante, respiró hondo y comprendió la cruda realidad: la única manera de salir de aquel infierno era enfrentando cara a cara a la entidad malévola que los acechaba. Huir de ella solo les había traído desesperación, mutilaciones, sangre y muerte. Ya no había más espacio para correr.
—Terry, mírame —dijo Kendra fijando su mirada en los ojos aterrorizados del joven y sujetándolo firmemente por los hombros—. Sé que es muy difícil para ti, de verdad lo sé. Para mí también lo es, estoy muerta de miedo. Pero ya no podemos seguir huyendo como animales acorralados. Ahora seremos nosotros los que atacaremos. Vamos a atacar exactamente de la misma manera en que esa cosa nos atacó a nosotros: terminando con su vida de una vez por todas.
Con un movimiento decidido, Kendra metió la mano en la parte trasera de su pantalón y procedió a sacarle una pistola de color negro azabache, mostrándosela a Terry, quien abrió los ojos de par en par al reconocer el arma de fuego.
—Terry, escucha con atención. Yo logré salir de aquí —comenzó a explicarle Kendra con la voz entrecortada, tratando de hilar los confusos recuerdos de las horas previas—. Cuando me caí y nos separamos, arrastré mi cuerpo hacia afuera buscando ayuda desesperadamente. Pero debido al fuerte golpe que me pegué en la cabeza, me desmayé justo en medio de la calle, justo delante de una patrulla de policía que pasaba por la zona. Ellos me recogieron e inconsciente me trasladaron hasta otro hospital de la ciudad. Allí me operaron de urgencia y lograron salvarme la vida.
Kendra hizo una breve pausa para tomar aire, mientras Terry no le quitaba la mirada de encima, con los labios temblando sin emitir sonido alguno.
—Luego de despertar en la camilla —continuó ella—, les conté a los oficiales que tú aún seguías atrapado aquí adentro. Los agentes vinieron de inmediato a rescatarte, pero por más que intentaron entrar utilizando la fuerza, no lo lograron. Algo en este lugar impedía el paso, las puertas no cedían. Luego ellos volvieron decepcionados al hospital y me dijeron que simplemente no había sido posible entrar a salvarte, que el edificio estaba completamente bloqueado. No me iba a quedar de brazos cruzados esperando a que te matara. Así que decidí seducir al guardia de seguridad que me custodiaba en la habitación, esperé el momento oportuno para golpearlo con la bandeja de la comida y le robé su arma de dotación. Me escape y vine directo para acá, para poder luchar y salir juntos de esta pesadilla.
Terry solo miraba a Kendra con una expresión profundamente escéptica, llena de dolor y confusión. El muchacho entreabrió la boca y trató de articular alguna palabra, pero de su garganta solo salió un rasguño seco e inaudible. Al ver que le era imposible hablar, decidió abalanzarse sobre ella y la abrazó tan fuerte como le permitieron sus pocas fuerzas. Aquel contacto fue tan cálido, reconfortante y lleno de un desespero puro, que para Kendra se sintió casi como si fuera el abrazo de su propia madre en medio del caos.
Lamentablemente, aquel efímero consuelo fue interrumpido abruptamente por otro fuerte retumbo metálico proveniente del pasillo principal. La estructura entera pareció crujir a su alrededor.
—Es la hora. Vamos a enfrentar a esa maldita cosa de una vez por todas —sentenció Kendra poniéndose de pie con determinación—. ¡Basta de huir!
Al salir en tensión hacia el desgastado pasillo, la figura aterradora de Teodora Eleonor White yacía de pie justo al fondo del corredor, habitando de forma macabra y grotesca el cuerpo poseído de Evelyn. Su postura era rígida, pero la cabeza de la chica se ladeaba de una forma antinatural mientras les sonreía.
—¡Ayuda, por favor! ¡Kendra, estoy muy asustada! —exclamó de pronto Eleonor utilizando la voz idéntica, dulce y desesperada de Evelyn—. ¡Por favor, Terry, ven que tengo mucho miedo!
Eleonor modulaba cada palabra imitando a la perfección los sollozos de su amiga fallecida, tratando con desesperación de manipulizarlos para que ambos chicos cayeran en la trampa y fueran directo a su encuentro.
—¡Esta vez no, maldita bruja! —gritó Kendra dando un paso al frente, apretando los dientes con furia—. ¡Ya hemos caído demasiado en tus sucias trampas! Nos has hecho demasiado daño, ¡he llorado como nunca en mi vida por tu culpa! Has matado a todos mis amigos, nos has torturado de las peores formas posibles... ¡Ya no te creemos absolutamente nada, bruja de mierda!
—En serio, chicos, ¡ayúdenme! —insistió la criatura con la voz de Evelyn, torciendo ligeramente la escala del tono mientras fingía una cojera—. También estoy muy herida y no me puedo mover. Yo sé exactamente dónde está la salida secreta, pero tienen que venir hasta acá para que me puedan cargar y así yo los dirija a la libertad. Nos vamos los tres juntos, chicos... Vengan, no sean tímidos, acérquense.
—¡Púdrete, maldita perra! —escupió Kendra con rabia desbordada mientras sacaba el arma y apuntaba directamente al centro del pecho de la poseída.
—¡Jajaja! ¡Mocosa idiota! —estalló Eleonor White entre risas grotescas y guturales que resonaron por toda la edificación, dejando al descubierto la verdadera voz ancestral de la bruja—. ¡Con ese pedazo de metal no le dañarás ni una sola mosca! Yo tengo el poder absoluto de parar una de esas balas con solo la mirada. Soy infinitamente más poderosa de lo que tu insignificante cerebro puede llegar a imaginar. ¡Mi poder es inimaginable, estúpida! Y ahora que solo quedan ustedes dos miserables con vida, me voy a divertir como nunca viéndolos morir tan lento... ¡Lo voy a gozar como no se lo pueden ni imaginar!