Hotel pasión

Capítulo 36 RAFA II

—¿De dónde sacaste semejante estupidez? —dijo Lila sonriendo despectiva.

Para tratar de disimular el nudo que se le había hecho en el estómago sorbió apurada el trago que le acababa de traer el mesero.

—Lo que dices es ridículo, entre Rafa y yo no hay absolutamente nada, solo somos buenos amigos.

—Mira, no tengo tiempo que perder, así que ahorrémonos el teatro —le replicó Chocolate, tenso—. Ya oíste que Maximiliano me dio cinco días para hacerle esas canciones y la única que puede ayudarme a lograrlo eres tú.

—¿Yo? Ahora sí me dejaste más loca, no entiendo qué carajos pinto yo en eso.

—Todo, cariño, y tú lo sabes. Pero, para que veas que no quiero perjudicarte, te voy a contar mi secreto, que es casi tan grave como el tuyo.

Lila escuchó sin parpadear la historia del acuerdo que Chocolate había hecho con Rafa. Cuando terminó de hacerlo soltó una carcajada estruendosa que sobresaltó a los pocos clientes del bar al que habían entrado para conversar.

—Yo sí pensaba que no eras capaz de componer esos temazos —dijo todavía riéndose—. Ay, choqui, no te ofendas, tú me caes muy bien y, a mi manera, te estimo. Pero la verdad es que nunca te vi el talento como para sacar algo así. Ahora todo tiene sentido. ¡Claro, el compositor era Rafa!

—Por eso necesito que me ayudes a convencerlo de que regrese.

—¿Y no se te ocurrió otra cosa para conseguirlo que chantajearme? Eres de lo peor.

—Sí, lo reconozco, pero tú no eres mejor que yo. Además, piensa que le vamos a hacer un favor al muchacho: él es demasiado vanidoso para agacharle la cabeza a nadie, y menos a Maximiliano.

Lila sacudió la cabeza con mal genio.

—¿Por qué tiene que ser tan terco ese imbécil? —dijo.

Chocolate aprovechó para insistir.

—Entonces, ¿tenemos un trato? Mira que nos conviene a los dos.

—Te odio. Pero está bien, lo voy a hacer. Eso si, no te garantizo nada; y te advierto una cosa: no sabes en lo que te estás metiendo, Joel es un tipo muy peligroso y no le gusta que jueguen con él, así que no te conviene convertirte en cómplice de lo que tenemos Rafa y yo.

—¿Crees que no lo sé? Claro que soy consciente del riesgo que corro, y me aterra lo que me pueda hacer la bestia de tu amante. Pero no tengo alternativa. Si no le saco esas canciones, Max no lo va a dudar ni un instante para contratar a cualquiera de los babosos de la orquesta, que se mueren por quitarme el puesto. ¡Desgraciados chiflamicas!

Lila sonrió divertida.

—Eres demasiado ambicioso, y eso no te conviene.

—¿Qué quieres que haga? —dijo Chocolate con amargura— Me gusta más ser rico que pobre, no puedes culparme por preferirlo.

Terminaron de tomar en silencio lo que habían pedido, mientras afuera caía la noche con rapidez. Chocolate miró nervioso su reloj y pidió la cuenta cuando vio que ya casi era la hora en que Rafa acostumbraba empezar su recorrido por los negocios de la playa, para cantarle a los turistas, algo a lo que le había tocado volver para mantenerse. Salieron del bar y se encaminaron directo a la zona turística, que quedaba a unas pocas cuadras. No demoraron mucho en encontrarlo: tocaba en la guitarra una melodía romántica para una pareja de gringos que ni lo escuchaban por estar besuqueándose. Chocolate se despidió apresurado y le pidió a Lila que lo buscara más tarde en el hotel, para contarle cómo le había ido. Pero ella le advirtió que debía volver rápido al garito porque a Joel le daba un ataque de celos cada que se demoraba, de modo que le iba a tocar esperar hasta el ensayo de mañana.

Entre tanto, Rafa había terminado la canción y el gringo, para quitárselo de encima, le invitó un trago sin parar de besarse con la mujer. Rafa dejó la guitarra sobre la barra y pidió una cerveza. Cuando se disponía a beberla, oyó la voz de Lila a sus espaldas.

—De modo que esto es lo que has estado haciendo —dijo.

Él no la miró, comenzó a beber sin prisa, ella se sentó a su lado y pidió otra.

—¿No te parece un desperdicio? Quiero decir, en este momento podrías estar bebiéndote un whisky importado en tu maravillosa suite del hotel, la que mandaste al carajo con todas las demás cosas que habías conseguido.

—¿Y a ti no te parece una canallada amargarle la cerveza a un pobre artista sediento? —replicó Rafa, burlón.

—¡Ya deja de ser tan niño! ¡Madura, por Dios! Eres el tipo más talentoso que he conocido en mi vida, un compositor único que tiene bailando a toda la ciudad con las canciones que hizo, ¿y lo botas a la basura por un berrinche idiota?

Rafa la miró desconcertado, no le quedaba claro el sentido de lo que le acababa de decir. ¿Lo sabía o él había entendido mal? Pero Lila se encargó de no dejar ninguna duda.

—Sí, Chocolate me lo contó —dijo—. Él quiere que vuelvas, que sigan como antes, te necesita y ofrece darte lo que le pidas.

Rafa apuró con rabia el último sorbo, se puso de pie, agarró la guitarra y se alejó hacia la playa. Lila sacó unas monedas de la cartera, las dejó sobre el mostrador y comenzó a seguirlo mientras lo increpaba en voz alta.

—¿Y todo por qué? ¿Por la niñita esa? ¿De verdad vale tanto la pena?

—¡Déjame en paz! —replicó él sin detenerse. Pero Lila apuró el paso, alcanzó a tomarlo por el brazo y lo atajó con fuerza.

—Mi amor, esa culicagada no lo vale, y mientras tanto aquí tienes una mujer de verdad que está dispuesta a darlo todo por ti, a que nos la juguemos juntos. ¿Me entiendes lo que te estoy diciendo? Si quieres manda al demonio a Chocolate, di la verdad, que las canciones son tuyas, yo lo voy a confirmar y te voy a apoyar para que Maximiliano te dé la dirección de la orquesta. ¿No es eso lo que has querido siempre? ¿Te imaginas? De ahí en adelante no nos para nadie.

—No me hagas reír, tú no vas a dejar a Clavijo por mí, y yo no pienso ir a arrodillármele al presumido de Márquez. ¡Que se jodan todos!

Rafa se soltó con violencia, antes de que Lila pudiera reaccionar corrió hacia la avenida, se metió entre el tráfico, donde estuvo a punto de ser atropellado por un coche que pasaba veloz, pero alcanzó el andén opuesto donde terminó perdiéndose entre el gentío.




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