Hotel pasión

Capítulo 37 MAXIMILIANO

—¡Se lo advertí, le dije que si intentaba buscar a Matilde otra vez, iba a tener problemas conmigo! —Maximiliano gesticulaba furioso delante de Rafa, que se revolcaba tratando de zafarse del par de guardias de seguridad del hotel que lo sostenían—. Voy a hacer que lo metan preso por invasión de propiedad privada.

—¡Deje de ser payaso! —replicó Rafa, desafiante—. Cualquiera puede entrar al hotel. ¿O qué va a hacer? ¿Va a impedirle el paso a todo el mundo?

—¿Sabe que ese es su gran problema?, que siempre ha pensado que es más listo que los demás y por eso cree que puede salirse con la suya cuando le da la gana. Pero esta vez no le va a funcionar.

Maximiliano le ordenó a Alfredo, que estaba a su lado:

—Llame a la policía, necesito que se lleven a este tipo.

Alfredo miró preocupado a Rafa, que seguía debatiéndose entre los guardias; no lo conocía mucho, sabía que había sido músico en la orquesta del hotel, que en algún momento tuvo una suite cerca a la suya, y que esa mañana lo habían descubierto tratando de meterse en una, con la ayuda de una camarera. No supo muy bien por qué, pero sintió lástima por él, conocía un poco de su historia gracias a que Maximiliano alguna vez le comentó algo y la veía parecida a la suya. Por eso, por solidaridad, decidió que debía interceder ante su jefe.

—Señor —le dijo—, ¿podemos hablar antes?

Rafa vio cómo Maximiliano dudaba sin despegarle la mirada, luego se apartó de mala gana unos metros junto con Alfredo y comenzaron a hablar entre ellos, pero no alcanzó a escuchar lo que decían. Lila llegó en ese momento en compañía de Chocolate, cuando descubrió que los guardias tenían retenido a Rafa, se acercó alarmada y le preguntó:

—¿Qué pasó?

—Algo que no te importa —contestó Rafa molesto.

Lila sabía que era inútil insistirle, por eso fue hacia donde estaba Maximiliano, que había terminado de hablar con Alfredo y venía directo hacia ella. Intentó abordarlo, pero él la detuvo con un ademán y le hablo a Rafa.

—Por esta vez voy a dejarlo pasar, pero le juro que si intenta acercarse de nuevo a Matilde se va a arrepentir. —Luego le ordenó a los guardias—: Sáquenlo del hotel.

—¡Lo voy a hacer todas las veces que pueda! ¿Me entiende? —gritó Rafa mientras se lo llevaban—. ¡Y ni usted ni nadie va a impedírmelo!

Arrepentido de haberse dejado convencer, Maximiliano lo vio desaparecer por la puerta. Algo que le quedaba claro era que volvería a tener problemas con él. Como por ahora no podía hacer más fue a sentarse de mal genio a su escritorio, desde donde interpeló a Alfredo con brusquedad, desfogando la frustración que sentía.

—¿Donde están los contratos que le llevo pidiendo desde ayer? —Alfredo asintió y salió de inmediato. Maximiliano se enfrascó en unos documentos, evitando mirar a Lila y a Chocolate—. Ahora no puedo atenderlos, vuelvan más tarde. Y cierren la puerta al salir, por favor.

—Como ordene, jefe —contestó Chocolate, sumiso.

Fue hacia la puerta, pero se detuvo desconcertado al ver que Lila no se había movido de su sitio.

—Ya te alcanzo —le dijo.

A Chocolate no le quedó más remedio que irse. Sin embargo, el gesto de preocupación en su rostro lo decía todo. No sabía qué se traía Lila entre manos, aunque estaba seguro de que no sería algo que le conviniera. Apenas Chocolate cerró la puerta, Lila encaró decidida a Maximiliano que levantó la cabeza y la miró hosco.

—Ya sé que odias a Rafa —dijo Lila—, pero voy a contarte algo que te va a hacer cambiar de opinión respecto de él. ¿A que no adivinas por qué Chocolate no fue capaz de componer unas canciones como las que “supuestamente” venía haciendo hasta ahora?




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