House of Anubis: El despertar

9. Casa del collar

Patricia escondió el collar en su bolso antes de dar vuelta.

—Nicole... —Saludó nerviosa—. Oí a Alfie decir que tú y Eddie estaban por aquí así que vine a hablar contigo y explicarte lo que pasó con Kt, pero ya no te ves molesta, supongo que Eddie ya habló contigo.

—Patricia, lo que sea que ocurrió con Eddie, créeme que jamás fue mi intención —admitió culpable—. Si pudiera hacer algo para que...

—Hey, descuida. Está todo bien —se esforzó en decir relajada—, Eddie y yo ya somos historia vieja. Él tiene derecho a salir con quien quiera y no soy nadie para evitarlo, de hecho, quiero que lo haga y sea muy feliz.

Nicole escuchó dudosa y luego miró de reojo atrás de Patricia, Eddie estaba terminando de acercarse cuando la escuchó hablar.

— ¿Estás segura de eso? Ustedes dos parecían sentir algo muy fuerte por el otro.

—Solo era algo momentáneo, nada serio, ¿sabes? —Le dijo manteniendo su postura desinteresada—. Es más, el señor Sweet ni siquiera estaba muy conforme conmigo como la novia del señorito Sweetie —bromeó con dolo—, así que haber roto con Eddie fue la mejor decisión para él... y para mí también porque piénsalo un momento, ¿salir con el heroico osarian que es hijo de alguien que trabajaba con los malos? Eso es demasiado drama.

Nicole miró de reojo a Eddie detrás de Patricia, sintió culpa de que tuviera que oírlas hablar de él luego de admitir implícitamente que él seguía interesado en Patricia; Nicole siguió entrecerrando sus ojos por el sol directo en su cara.

— ¿Ocurre algo con tus ojos?

—El sol me lastima, es todo. Y sobre Eddie... deberían hablarlo. —Miró a Eddie y Patricia se volteó despacio.

Nicole se alejó y el par se miró entre sí, sin saber cómo iniciar la conversación. Patricia estaba arrepentida de haber abierto la boca, deseaba haberse cortado la lengua tres minutos antes y sobre todo quería no haber lastimado a Eddie con lo último que dijo.

—Eddie...

— ¿De verdad eso es lo que piensas de mí y de...? —La miró afligido—. Solo fui algo pasajero, ¿por eso siempre me mandabas al demonio? De verdad nunca te interesé lo suficiente, ¿no es así?

Patricia negaba con la cabeza, por dentro estaba a punto de confesarle todo, pero sus labios se mantuvieron sellados aunque sus ojos no dejasen de verlo. Eddie asintió con su cabeza mientras desviaba la mirada hacia el edificio de la escuela.

—Está bien, es bueno saberlo al fin, de ese modo ya no tiene caso nada —admitió y con un intento disimulado limpió su nariz.

— ¿Ya no tiene caso qué? No lo entiendo —finalmente se atrevió a hablar.

—Sonará estúpido, pero pensé que aún podrías sentir algo por mí y quizá... No, olvídalo.

—Nosotros no funcionamos juntos, lo hemos intentado y siempre algo...

—... lo complica todo —continuó por ella—. Sí, supongo que finalmente estamos de acuerdo en algo.

Patricia evitó verlo a los ojos y él resopló, entonces ella volvió a mirarlo y extendió su mano.

— ¿Qué haces?

—Tal vez no podamos ser algo más que... bueno, ya sabes —insinuó tímida—, pero al menos deberíamos tratar de ser amigos.

— ¿Amigos? —La miró como si no le gustara su broma de mal gusto.

—Sí, amigos... por sibuna, no debemos arruinar algo más por una cosa que no tiene arreglo.

Eddie la miró molesto, pero aún no sabía porque sentía tanta rabia en ese instante y solo aceptó estrechar la mano de Patricia como si estuviera cerrando un mal y amargo trato del que seguro se arrepentiría pronto.

—Solo amigos. —Hizo una mueca sarcástica—. Simples amigos que viven en la misma casa, que asisten a la misma clase y que posiblemente conozcan más del otro que cualquiera... claro que sí, solo amigos.

Soltó su mano con desdén y se marchó. Patricia cerró fuerte sus ojos a la vez que fruncía la frente.

Todavía faltaba una hora más para concluir las clases, pero Nicole tomó otro camino y luego de un rato llegó a la casa metiéndose a escondidas de Trudy para subir a su cuarto con algunas bolsas de compras y unos lentes de sol puestos. En su cuarto, luego de cambiarse observó que las extrañas marcas negras estaban extendiéndose más por su pecho y que en su espalda empezaban a aparecer unas pequeñas machas grisáceas como si fueran una especie de moretones, además sus iris estaban teniendo más avanzado el cambio de color y eso comenzaba asustarla.

Mientras sacaba los pupilentes del estuche, sus manos temblaban no solo por cuidar el lente, sino por el miedo a ponérselo y por lo que ahora eso implicaba; cuando se puso el primero, se detuvo a verse al espejo, la mitad de su rostro parecía ser la versión normal y pasada de ella mientras la otra parecía convertirse en la criatura escondida en la cueva de la que todos temen. Se sentó en el piso junto a su cama y abrazó sus piernas llorando.

Para cuando todos volvieron, Nicole andaba en el baño maquillando las marcas que eran visibles fuera de su blusa.

Patricia entró al cuarto de Joy y se fue directo a acostar a la cama de esta, Joy permaneció inmóvil sin entender.

—Esto es inusual.

—Necesito un consejo. —Frunció sus labios.

—Eso es todavía más inusual —admitió viéndola con los ojos muy abiertos.

—No es gracioso, Joy.

—Ya sé que no, es solo que me desconcierta que quieras un consejo y más para lo que creo que será —insinuó afligida—. Supe lo que pasó con Nicole y Eddie. ¿Cuándo ocurrió eso?

Patricia tomó una almohada y la puso en su regazo para jugar con la pelusa de la felpa.

—Fue cuando desapareciste. Y no fue ella quien lo hizo... Eddie besó a Nicole, yo misma lo vi —confesó y al cerrar sus ojos un momento soltó unas lágrimas.

Joy entreabrió su boca, le parecía fácil creer que Eddie pudiera tener admiradoras por lo coqueto que podía llegar a ser, pero no lo imaginaba capaz de engañar a su novia tan descaradamente.

—Pues bien que rompieras con él, te engañó —dijo molesta, casi indignada.

—Él no me engañó exactamente... ¿O lo hizo?




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