¿huir de Qué?

Capítulo 8

La luna está hermosa esta noche. Tener un alféizar en la ventana ayuda mucho para disfrutar de la vista y de la brisa. La calma se siente en todos los rincones de la ciudad; es un alivio después del día caótico que he tenido. Mi hermana ha llamado varias veces hoy y no le he contestado ni una sola vez. Que se joda.

Madrid está muy tranquilo. Los carros pasan en silencio, los peatones andan en sus propios mundos; veo a una señora mayor caminando con un Golden Retriever a su lado, a una familia de cinco —turistas, supongo— tomando fotografías a todo lo que ven en la calle, a una pareja tomada de la mano donde ella no para de hablar y él le lleva el bolso mientras la escucha, y a un corredor que pasa al lado de ellos dos —entrenando para una maratón, tal vez—. Mis ojos recorren la calle, desde las luces de las esquinas hasta las sombras de los árboles, y entonces la veo a ella.

La veo llegar a la residencia, caminando por la acera. Al parecer ha vuelto a la pizzería; esta vez no trae pizza, sino algo más pequeño. Le gusta la música, eso lo he notado, viene con esos audífonos de diadema puestos. ¿Qué otro tipo de canciones le gustarán? Da igual, debería dejar de mirar e irme a dormir temprano. Mañana inician las putas clases.




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