¿huir de Qué?

Capítulo 12

—Entonces, ¿tú eres de Colombia y tú de Argentina, no es así? —les pregunta Melanny a Giovanni y a Sophia.

—Así es, yo soy de Colombia, de Barranquilla para ser más exactos, y Sophi es de Rosario.

—¡Ah, ya veo! —asiente Melanny—. Bueno, yo tampoco soy de Madrid, soy de Galicia, pero estoy aquí para estudiar Psicología.

—Es un gusto conocerte, Melanny —le dice Sophi, quien hoy está vestida completamente de rojo, con pantalones de lino y una camiseta; solo el calzado blanco se salva del color.

Suena el timbre y nos despedimos para ir cada uno a su aula. Giovanni y yo vamos a paso lento; sigo caminando con cuidado por las dudas.

—Ahora que Melanny se integró al grupo, podríamos ir los cuatro a tomar algo... O, si prefieres, podemos ir solo nosotros dos —suelta él.

Eso me suena un poco raro.

—Sí, creo que estaría bien —digo de lo más normal.

—Excelente —dice Giovanni, mirándome con una sonrisa.

Seguimos caminando hacia el aula y, de vuelta, como si fuera obra del destino, nos cruzamos con el gran Fernando. Esta vez no va solo, lo acompaña un chico, un compañero tal vez. Al pasar a nuestro lado, él me ve y pasa lo que menos espero.

—Hola, ¿ya te sientes mejor? —me pregunta Fernando cuando estamos a muy poca distancia.

—Hola... mmm, sí, estoy mucho mejor —digo con algo de vergüenza.

—Genial. Mira, él es Pablo, el culpable de tu accidente, y quiere decirte algo.

Me presenta a su compañero, quien es de su misma estatura. Solo que este Pablo tiene un estilo muy diferente: lleva una camiseta sin mangas ajustada al cuerpo, pantalones cargo negros y un corte messy —o como se llame ese estilo despeinado—. En cambio, Fernando es más... él: sencillo, sin buscar llamar la atención, lo que sumado a su cabellera ondulada lo hace realmente atractivo. ¡Mierda! ¿Qué cosas estoy diciendo?

—Buenas, soy Pablo —Me extiende la mano y la acepto en señal de saludo—. Ya me contó mi amigo lo que pasó por un descuido mío y te pido mil disculpas... —se interrumpe, como buscando mi nombre. Noto que sus colmillos se le remarcan mucho al hablar.

—Cecilia —digo, presentándome.

—Cecilia... no volverá a pasar.

—Bueno, acepto las disculpas. Ya nos vamos.

—Nos vemos después, Cecilia —se despide Fernando.

—Tío, ¡joder! ¿En serio es latina? —escucho preguntar a Pablo en voz baja cuando nos alejamos.

Giro la cabeza, extrañada, y veo que Fernando le dice algo que ya no logro escuchar. Él vuelve a mirarme antes de alejarse con su amigo.

—¿A qué vino todo eso? Los españoles a veces son tan raros… —murmura Giovanni, mirándolos de reojo.

—Quién sabe —respondo, encogiéndome de hombros. Y en eso llegamos al aula.

----------Q------------

En la clase nos han asignado una tarea: hacer un diseño libre, a elección. Yo no tuve que pensar demasiado; un mandala de ñandutí paraguayo fue mi diseño elegido. Voy hacia la mesa del profesor y se lo entrego. Lo mira y lo guarda dentro de una carpeta.

—Muy buen diseño —dice secamente.

Me vuelvo hacia mi mesa y veo que Giovanni aún no ha terminado, todavía no se decide por los colores que necesita su diseño de... un tatuaje, supongo. Lo dejo concentrarse y espero a que sea la hora de la salida.

Ya para el final de la jornada me encuentro con Melanny para irnos juntas a casa.

—¿Y si hacemos la cena juntas hoy? —pregunta ella, emocionada.

—Sí, ¿por qué no? Podemos hacer hamburguesas, milanesas o algo con mucho queso.

—Las hamburguesas están bien.

—Hamburguesas entonces —digo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.