¿huir de Qué?

Capítulo 13

Estando ya en mi piso, Melanny y yo empezamos a preparar las hamburguesas; ella se encarga de armarlas y yo de cocinar las carnes. El olor a comida rica empieza a llenar el espacio y el ambiente se siente cómodo, casero.

Entre el ruido de la sartén, me animo a soltar una duda que me venía dando vueltas en la cabeza desde que la conocí.

—Nunca te pregunté por qué volaste desde un lugar diferente —le digo a Melanny.

—¿Eh? —pregunta perdida, levantando la mirada de los panes como si la hubiera sacado de sus pensamientos.

—Sobre el vuelo. Estábamos en São Paulo cuando subimos al avión. ¿De dónde venías?

—Ah, de Río de Janeiro —dice, armando ya la última hamburguesa que solo espera la carne.

—¿Y qué hacías en Río? —le pregunto muy curiosa.

—Fui de vacaciones —responde, restándole importancia con un gesto con la mano.

—¿Sola?

—No —la escucho suspirar—. Fui con alguien.

—¿Con quién? —insisto, aunque creo que ya debería parar de preguntarle.

—Con mi ex mejor amiga —dice seriamente.

—Ooh, bueno... si no quieres hablar de eso, podemos dejarlo hasta aquí.

—Sí, aún no estoy lista para hablar de ella.

—Está bien. Bueno, pues las carnes ya están listas.

—Vale, entonces a cenar —dice ella con una sonrisa nuevamente.

Con la cena servida, voy a mi habitación por mi laptop para buscar una película mientras cenamos.

—¿Qué veremos? —le pregunto a Melanny ya volviendo y me acomodo en el sofá.

—¿Qué tal una romántica? —dice ella, acomodándose a lado mío.

—Como cuál... ¡Ay, no! La batería. —pensé que la había puesto a cargar antes, pero veo que lo olvidé— ¿Me puedes pasar el cargador? Está en uno de los cajones de la mesa de noche, en lo que cargo mi usuario y voy a la página.

Melanny va a buscar el cargador, pero me asusto cuando de repente grita:

—¡Tienes todo esto ¿y no usas nada?!

Voy a la habitación y veo que abrió el cajón en donde tengo guardadas todas las cosas de skincare, maquillaje y los otros productos de belleza.

—Claro que sí uso... el rímel, a veces.

—¿Dónde conseguiste todas estas cosas? —pregunta ella, señalando los productos con sus manos.

—Fueron un regalo de mi mamá. Ella tiene una tienda de productos de belleza y eso fue su aporte para el viaje.

—Tienes mascarillas... —dice mientras saca unas del cajón—. Bases —continúa, dejando un frasco sobre la mesa de noche—, labiales, sombras, delineadores, rubores, máscaras de pestañas, iluminadores, limpiadores faciales, serums... —va enumerando a medida que extrae cada producto del cajón y los va acomodando en la cama, donde hay más espacio para dejarlos—. Tienes muchas otras cosas, ¿y solo usas un puto rímel? Joder, tía, estás mal de la cabeza. ¡Dale algún uso a todo esto, por Dios!

Intento defenderme, pero no me salen las palabras. Melanny lo nota y dice lo siguiente:

—A ver, debe haber una sola razón por la que no usas nada de esto. Primero, no te gustan los tonos; segundo, no sabes cómo usarlos. ¿Cuál de las dos?

—La segunda —digo, cruzándome de brazos.

—¡Pues me hubieras dicho que tienes aquí un botín de oro y yo te hubiera ayudado a darle un buen uso, tía!

—Pues ya lo sabes. No sé cómo maquillarme y... no quiero hacerlo.

Ella nota mi incomodidad, así que cambia el tono y dice lo siguiente:

—¿Sabes algo? Te seré completamente sincera: no necesitas nada de eso. Así estás bien. Si solo quieres usar una máscara, está bien. Tienes un color de piel hermoso, ni siquiera tienes un solo grano, tus pestañas son largas y tus labios ya tienen un color muy lindo; ese rosa pálido está perfecto.

—Pues... gracias —digo, mirando al suelo.

—Lo digo en serio. Y preguntando de nuevo, ¿cómo es que no sabes maquillarte?

—Un día, cuando tenía nueve años, me maquillé yo sola con esos maquillajes de juguete para niñas. Pues... yo solo usé los colores que me gustaron y salí así al patio de mi casa. Teníamos visitas ese día, estaba mi tía; ella me vio así, se rió de mí y dijo que parecía una payasa, de esos de cumpleaños. Ahí nació esa inseguridad.

—Tenías nueve años y ahora tienes... perdón, ¿cuánto me dijiste que tienes?

—Veinte.

—Veinte... Eso significa que fue hace —empieza a hacer cálculos contando con los dedos— once años. Tía, eras una cría, y tu tía una idiota por decirle eso a una CRÍA.

—Ese es el motivo por el cual no me maquillo. Siento que me veo mal estando maquillada.

—Y una mierda, te verías preciosa.

—No creo que cambie tanto.

—Veamos, si encuentras tu estilo, ¿te animarías a maquillarte?

—Tal vez —digo, poco convencida.

—Genial. Ahora te vuelvo a preguntar: ¿hay un estilo de maquillaje que te guste?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.