🐺☤℞🩺👩🏻✩₊˚.⋆☾𓃦☽⋆⁺₊✧👩🏻🩺℞☤🐺
Ángeles despertó de pronto. El sonido de su celular vibrando en la lejanía era como una alarma tormentosa a mitad de un sueño acogedor, se quejó ante la molestia en los oídos, estirando el brazo torpemente entre las sábanas.
—Ángeles. —Escuchó la voz de Lolo casi apagada por las paredes gruesas. —¿Estás bien?
Sus ojos se abrieron de inmediato.
No se sentía agotada, sino demasiado cómoda y sin ningún peso excesivo en sus hombros, ni esa presión constante en la sien con la que despertaba luego de esa misma pesadilla que se repetía noche tras noche, y curiosamente esos fantasmas que tenian nombres y apellidos no se cruzaron en su descanso, solo sintió una paz inusual.
—¡Demonios! Me quedé dormida —exclamó, incorporándose de golpe, pero algo no estaba bien.
El peso cálido que había sentido sobre el pecho la noche anterior había desaparecido. Su mirada recorrió la cama con rapidez.
—¿Chiquito?
No estaba, ni sobre la almohada, ni debajo de las cobijas. El corazón se le aceleró y agacho la cabeza buscando debajo de la cama. —Aquí tampoco estás. — Se levantó con el pulso en los oídos y fue directo a la puerta, encontrándola abierta.
Sintió las mejillas y orejas arder. Bajó las escaleras descalza, con el alma en un hilo ¿Como escapo? ¿Acaso si es un lobito fantasma? Las luces del pasillo siguen apagadas y todo en calma, solo se escuchaba el leve crujir de la madera bajo sus pies.
—¿Dónde estás? —susurró, conteniendo el aliento. No estaba visible y abrió la puerta avergonzada. —¡Al fin! —dijo lalo. —Te he llamado cinco veces, pensé que habías salido o que algo…
—Lo sé, lo sé. Me quedé dormida. —dijo y de pronto Lolo fue atacado. Era su cachorrito fantasma ¿De dónde había salido? Sus pequeños colmillos se clavaron en la pierna de su amigo y Ángeles se carcajeó, pero luego recordó que estaba herido, se inclinó y lo tomó entre sus brazos aun así no lo soltó.
—Pequeño travieso, suelta a mi Lalo, es mi amigo. —Dijo con ternura sujetando sus colmillos con suavidad y de inmediato lo soltó, pero no dejó de gruñir. Sus dientes se asomaban con una ferocidad tierna.
—¿Qué demonios es eso? ¿Y este animal es un paciente? ¿Te llegó de emergencia? —Se inclinó para palpar su pie. —Es un salvaje…
Ángeles le pegó en el pecho. —Mi nuevo paciente. Llegó solo, en la noche, y no me dejó dormir sola. Se acurrucó como un bebé.
—Ángeles, puedes tratarlo, pero no deberías tenerlo en la cama. Es un lobo, no un perrito tierno, me mordió ahora me dará rabia.
—No seas tonto Lolo. —El cachorro gruñó con autoridad animal que sorprendió incluso a Ángeles. —No permito que te metas con esta bolita hermosa. —Lo envolvió en sus brazos. —Abre el consultorio por favor, voy en unos minutos.
—Te va a morder ese animal grosero… —Se carcajeó mientras subía las escaleras.
Apoyó el hocico en su cuello como si buscara su latido. Ángeles lo acarició con ternura, el alma volviendo a su sitio, se asusto al no verlo. —No hagas eso otra vez. ¿Entendido? —Chillo como un bebé regañado. —No te regaño mi amor, pero no vuelvas asustarme y tienes permiso de morder a Lalo solo dos veces más. —Su cola se movió emocionado. —Eres un picaron.
Lo dejo en la cama. —Serán pocos minutos. —Entró al cuarto de baño, se lavó el rostro, se cepilló los dientes y tomó una ducha rápida. Al salir, el cachorro la observaba desde la cama, erguido sobre sus patas delanteras y con la cabeza ladeada. Parecía que la estuviera evaluand y esperando de forma impaciente.
—¿Me extrañaste, bebé hermoso?
Aulló bajito, y ella rio. Su pelaje estaba más denso, más brillante, se veía fuerte y no como lo encontró anoche, aun así, su pecho se encogió de una forma poco común, amaba a los animales, pero esa pequeña bola de ojos azules se robó su corazón apenas la miró.
—Vamos al consultorio. Es hora de verte esa patita
Al bajar e ingresar a la clínica, Lalo dio un respingo, puesto que le gruñó furioso.
—¿Me estás defendiendo? —dijo, rozando su nariz con la suya. —Tranquilo, Lalo no quiso ofenderte, debes pedirle perdón a esta cosa bella, no es salvaje.
—Lo es, me mordió.
—Sí es así, entonces lo tienes merecido. —Miro sus ojos azules. —Pequeñín vamos a ver esa patita, lo llevó hasta la camilla. —Pequeño, vas a sentir una leve incomodidad, te pido disculpas, solo no te muevas ¿Sí? —Sin más preámbulo quitó con suavidad la venda.
Ángeles retiró la gasa con delicadeza y el cachorro apenas emitió un quejido. El pequeño lobo la observaba en silencio, como si entendiera cada palabra que ella decía, como si confiara en ella más que en nada en el mundo.
—La inflamación ha bajado —murmuró. —Respondiste bien al suero. —Lo observó con atención, tomándole la temperatura y la frecuencia cardíaca. —Estás mejorando muy rápido, más de lo que pensé. Sin duda eres especial y hermoso. Debemos salir al bosque, no sé si tu mami o papi te buscan. —susurró, acariciando con suavidad el lomo mientras él cerraba los ojos un segundo.
—jefa, iré a patrullar, la tormenta fue fuerte. —Asintió.