Humanoides: La marca de la mutación | libro 1|

La mutante

Caminamos por el recinto  y lo primero que veo es sangre por todos lados,  e infectados muertos. << Casi todos aquí están muertos>>; pienso.

Entramos al  pasillo en donde están  celdas,  ahí también hay sangre, los prisioneros me gritan groserías y McCallister los mira con odio. Yo sigo caminado sin mirar a nadie.

Nos llevan  a un lugar aislado y nos dicen:

   – ¡Esperen aquí!

Asiento y McCallister me acaricia el rostro. Lo miró por un segundo.

Veo entrar a Keylen quien tiene  el típico uniforme naranja,  me  mira con odio. No  recordaba que fuera  tan alto. Su pelo es de un  color castaño  y sus  ojos  son verdes. Tiene una gran cantidad de  barba en su rostro.

       – Usted que hace aquí, como se atreve a volver.

       – Keylen, soy yo. – Le digo  bajándome  los lentes  de sol.

        – Carter, eres tú.  

         – Sí. –  digo  casi llorando. Me toca la mejilla izquierda, pongo mi mano sobre la suya.

Miro al uniformado y le pido  privacidad. Accede  y  me saco los lentes.

   – ¿qué haces aquí? este lugar no es seguro.

   – Lo sé, pero necesito que me digas  que sabes del virus G.

    – ¿Qué quieres saber?

     – Soy un mutante, ¿cierto?

      – Sí, eres una Lemonter.

       – ¿Quién me inyecto el virus?   

        – Papá, lo hizo.

         – ¿Es broma?

        – No, el experimento con vos y con  Caleb. No lo recuerdas. –  Muevo  la cabeza en forma de negación.

       – Probó curar el cáncer  y la esclerosis múltiple de tu cuerpo. Te inyecto el virus y te curaste. Pero se produjo una mutación  al igual que Caleb. Tu cuerpo no es el mismo. Eres un Lemonter.

         – ¿Por qué no me lo dijiste? Dejaste  que me inyectara el virus.

        – Te lo iba a decir, Carter. Pero papá me hizo jurar que jamás te lo diría.  Hay pocos como tú, sabes. – parpadeo constantemente. –  Cuando me entere que uso tu sangre para el mal trate de detenerlo y me encerró.

 

No podía ser posible. Todo este tiempo fue mi padre quien estuvo detrás de todo esto.

       – Se terminó el tiempo. – Me dice  el uniformando. En ese momento veo que es Irons.  Enseguida me pongo los lentes para que no sepa quién soy.

       – No, unos minutos más. – Le pido. – Debes decirme como detenemos a los infectados.  –  Lo mire con cara de preocupación

     – Lo siento pero no hay nada que los detenga.  – Me dice mi hermano. El uniformando lo agarra para llevárselo.

        – ¡Keylen!, ¿qué hago? – Le Grito

      – Descubre tu mutación. Eres una Lemonter, la mutante más fuerte de toda tu especie,  piensa como uno.     

 

Salimos de la cárcel. Y es cuando mi memoria volvió. Recuerdo todo. McCallister me mira como si no me conociera.

      – Tenías cáncer y esclerosis múltiple. Y no me lo dijiste.  Si vamos a casarnos no podemos tener secretos en nuestro matrimonio. ¿Cuándo ibas a decírmelo? – Me reprocha.

         – Lo siento. – me encojo  de hombres  mantengo  la mira  fija en algo más allá de  la ventana del auto.

 

Sector 17, Hotel Sylin .10:22 pm 

El hotel esta deshabitado y destruido, hay muchos cadáveres.  Subimos por el ascensor que aun anda  por suerte, ya que en la puerta de las escalaras ahí un cartel que dice “no abrir  personas infectadas aquí”. Al llegar al piso 8  abrimos unas de las a tantas puertas. Entramos.  Para mi gusto está muy mal decorada, es muy blanca y soluble. Las cortinas son  de un color gris y están quemadas.  La cama matrimonial con un acolchado de flores muy pequeñas.   

McCallister me mira para que le contara. Tardo un buen rato en hablar, porque me quedo fijamente  mirando  el caos de la ciudad por la ventana  y comienzo a decir:

    – Cuando tenía  8  años, tuve cáncer y esclerosis múltiple. Mi padre quien era científico- oncólogo trato de cúrame por mucho tiempo, pero no pudo. Fue cuando me inyecto el virus G, lo cual hizo que mutara. El cáncer desapareció por completo y también la esclerosis.

     – ¿Quieres decir que lo  probó en  vos?

     – Sí, mi hermano lo sabía y no dijo nada.– Le  digo mirándolo

McCallister me  mira.

    –  Eres la salvación por uso te quieren  muerta. No lo ves, eres un Lemonter,  y tal vez el antídoto a mi virus

      –  Si no  te lo dije  fue  porque no lo recordaba. 

     – Lo sé, Carter. No dejare que te pase nada. Eres la respuesta que siempre he buscado. –  Lo miro con una sonrisa  y añade.  –  Han matado a todos los Lemonter, pero tú eres la única que queda.




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