Humanoides: La marca de la mutación | libro 1|

La Sobreviviente

 

Los infectados no son conscientes de sus actos, aunque parezcan humanos, <<no lo son>>, están muertos.  Son  pálidos  y con ojos blancos.  Rápidos, por lo general caminaban en línea recta, lo cual hace más  fácil atacarlos. Muchos de ellos tienen la boca llena de sangre por las victimas que han matado. Además de detener múltiples heridas, escaras y que se les note  las venas.  Huelen  muy mal,  ya que son  cuerpos descompuestos; con el sol su olor es  aún  peor.

Algunos tiene un color verdoso y piel marchita, debido a la carne muerta. Es horrible; pienso

Le  disparo a un infectado que ni si quiera se toma la molestia de atacarme, pero no puedo  permitir  que lo haga.  

Las personas corren  desesperadas y gritan. Algunas son  mordidas y al instante se convirtieron en   uno de ellos. Hay  personas que por lo general se convertían  muy rápido y otros casos la trasformación tardaba.

De pronto inesperadamente un infectado me ataca. Este se lanza contra mí  me muerde el brazo derecho. Lo empujo. Me miro la mordedura que es muy profunda. Sin querer derramo unas gotas de sangre, estás  caen  en la pálida piel del infectado. Al caer mi sangre,  provoca  que  el  infectado se   convulsione  y se desintegre.

 

–  ¡McCallister! – Grito. Mi novio vine  corriendo  y me pregunta – ¿Qué paso?  ¿Te encuentras bien?

–  Sí, mira. – Le enseño  al infectado  que está en pedacitos por el suelo.  Más bien ha  desaparecido. – Yo  no… quería… no sé qué paso. – Tartamudeo.

 

Solo me mira y no dice nada. No comprendo como sucedió eso.   Creí que podía detener el proceso y curar heridas, no que también destruirá  a los infectados. Es raro.  Me miro la herida  que tengo en el  antebrazo y veo que ya no lo tengo más, ha desaparecido.

–  ¡Ven, vamos! – me dice  McCallister quien me aleje del infectado o más bien de  lo que queda. En ese momento escucho un grito – ¡Ayúdeme!

Corro hacia el lugar donde proviene  el grito. McCallister me mira y me detiene  antes de que pueda  llegar hasta el llamado de auxilio.

–  ¡No! Es peligroso quédate. Iré yo.  – me dice.

–  No, soy inmune recuerdas. – le recuerdo.

                                                 

Ian quien me ve  discutir con McCallister se dirige  hacia  el ladrido de un perro, yo lo veo pasar y miro McCallister  con impaciencia, hago  una mueca. Me deja ir tras Ian.

Ian y yo le disparamos al  infectado que bloquea la puerta de la casa. Con cuido y con cautela entramos  a la casa  que está  oscura y muy sucia,  sin mencionar el rastro de sangre que hay  en el piso. En la pared  hay escrito con sangre <<ayuda>>.  Avanzamos siempre con nuestras armas apuntadas al frente. En la oscuridad unos  infectados  intentan morder  a una humana que se aloja   ahí.  Le disparo al infectado y le digo:

 

   –  Puedes salir, está todo bien.

La sobreviviente sale de  la oscuridad y descubro que es una nena de  no  menos de 6 años, no puedo evitar pensar en mi hija Abby.  Es  una niña de cabello rubio con  un rostro angelical,  posee  unos ojos color verde claro. Tiene  ropas sucias y su rostro está sucio de barro y sangre. Es muy tierna.

La miró con ternura. Ian también la mira del mismo modo que yo.

    –  ¿Te encuentras bien? – le pregunta Ian

    –  Si, gracias. – agradece  dándole  un abrazo.

 

Es cuando me largo a llorar.  Es la niña que siempre desee  tener la que había perdido, la que me imaginaba que tendría  algún día.

     –  ¿Cómo te llamas? –  le pregunta  Ian.

   –  Phoebe. – Responde  con su tierna voz

Ian y yo nos miramos, tal vez es porque esta niña es esa hija que nos imaginamos que algún día tendríamos.

    –  ¿Dónde están tus padres? – le pregunto.

     –   Muertos, un zombie, los ataco.

 

Ante eso miro a Ian, quien me mueve  la cabeza en forma de negación. Se dé ve  de imaginar lo que pienso.  Nos alejamos de la niña para hablar en privado,  lo miro triste y el comprende.

  –    Debes hacer que Olivia, la revisen sí. y luego veremos cómo sigue esto. – Me sonríe.

Lo miro  con una sonrisa y le pregunto a la niña:

     –  ¿Tienes dónde ir?

     –  No, solo tengo a mis dos perros Sky y Aria.

 

Miro a los perros y le sonrío.  Miró a  Ian contenta y le pregunto:

   –  ¿te gustaría venir con nosotros?

    –  Sí, claro. –  Nos abraza.

En ese momento siento  como si esta niña fuera  mi hija desde siempre. Toda mi vida he deseado ser madre y ahora por fin lo soy. Se me ha  hecho realidad. Sé  que no soy  realmente su madre, pero será mi hija del corazón y a partir de este momento la cuidaría y protegería. Después de todo está  sola y sin hogar porque no ser su familia. Ella necesita  una familia; pienso.                                     




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