Humanoides: La marca de la mutación | libro 1|

Otro día para morir

      

<<<Victorio McCallister >>>

Salimos de ahí con vida, pero decepcionados. No es la base del laboratorio, la entrada no está el edificio 4, ni en el sector 11. Hemos sido engañados por Benicio. No hemos logrado nada, solo perdimos el tiempo.

Estoy alterado por esto, quiero recuperar a mi novia lo antes posible.

– No lo entiendo, como es que nos dimos cuenta antes. – inquiere Elijan

– Es porque confiamos en que era esa. Fue todo un engaño. – respondo.

– Una vez Carter me dijo que jamás pudo averiguar la entrada del pentágono. Que el pentágono era gran complejo subterráneo situado debajo de las calles de Reddeck City. – interviene Ian. – que ella accedía a él por el edificio 4 o... – se detiene y se pierde en su pensamiento.

– Eso fue solo un camuflaje. Una completa falsa. La entrada al verdadero pentágono debe estar por otro lado. – comenta Alan – tal vez eso funciono como distracción para ocultar el verdadero pentágono. – agrega.

– Sabían que íbamos a búscalos, por eso hicieron que creamos que era esa la entrada. – interviene Haakon – Alguien entro a la base de datos y cambio el programa del localizador. – Informa Haakon

– ¿Quién? – Quiero saber.

– Trish Spark – dice Haakon – ¿La conoces?

– Si, era compañera de Carter. – respondo frunciendo el ceño.

Alan me mira y dice:

– Es una de ellos ¿acaso?

– Sí, Carter la vio con los sicarios, de hecho menciono que le había contado todo.

– ¿Qué le conto? – me pregunta Alan.

Me detengo a pensar.

– No lo sé, no lo menciono, supongo que lo que ha contado sobre la corporación y sus bases. Sobre el virus.

Alan me mira y pone los ojos en blanco. A continuación se pasa una mano por la cabeza.

– De aseguro que es amante de Benicio y que lo hizo por él. Debió de incentivarlo para que hiciera una base falsa.

– ¿Supones que pudo ser así?

– No lo sé, pero si esta con los sicarios, debe de ser por una buena razón – responde Alan.

– De hecho la hay. – interviene Haakon. – Trish Spark, sufre de migrañas y hace un mes le diagnosticaron un tumor en el cerebro, apuesto que quiere el virus para curarse. – Explica

Elijah lo mira con cara de pocos amigos y grita.

– ¡Lo hizo por eso! No lo ven matara a los mutantes para salvar su vida.

– Ella debe de saber dónde están. – interviene Damon

– Sí, debemos visitarla. – convino.

Vamos a la casa de Trish. Sé exactamente donde es. Al llegar a la sector 9 veo que Trish está entrando a la casa. Sin pensarlo la empujo; me mira con cara de pocos amigos.

– ¿Pero qué? – exclama.

– ¿Dónde están? – Me mira como si no entendieran de lo que le estoy preguntado. – Sabemos que estas con los sicarios y que entregaste a los mutantes. – añado.

Una vez más me mira con incredulidad, le agarro el rostro y mis amigos la atacan. Elijah le pone el arma en la cabeza y yo digo:

– Confiesa si no quieres que te volemos la cabeza

– Yo no estoy con los sicarios, ellos me echaron

– ¡Mientes! – exclama Stu mirando con odio.

La miro con el ceño fruncido y le digo:

– Sabemos que estas enferma y que eres la amante de Benicio. Supongo que para recuperar su amor hiciste lo que hiciste o me equivoco.

Su rostro se tensa y aprieta los dientes. Se ríe.

– Ellos ni si quiera son humanos. Carter no es humana, jamás lo será. Viviera por siempre y nunca tendrás hijos con ella. ¿Para que la quieres? – dice sonriendo entre diente. – no deberías de estar con una humana.

– No, ella es más humana que vos. ¿Dónde la tenés?

– Jamás te lo diré no traicionare a mi amado.

Hago una mueca. Aprieto la mandíbula de lo tenso y furioso que me encuentro.

– Eres una traicionera, de hace juro que lo terminaras traicionado. – su cara esta serena.

Miro a Elijah de re ojo

– ¿Dónde te disparo? – le pregunta Elijan con una sonrisa maliciosa. Trish no dice nada. Pone esa cara de soberbia y de hipocresías que tiene. – Si no quieres que te haga un diseño en la cabeza, más te vale que nos digas donde están. – añade Elijan.

Trish una vez no dice nada, nos mira.

– Sabías que Benicio no te ama, tiene otras amantes supongo.

Se ríe y me responde:

– No sabes nada. Ahora puedes decirles a tus hombres que me suelten.

– No, esta que nos digas dónde están.

Una vez más Trish no contesta. Mi paciencia se está agotando. Le hago una seña para que la golpee.

– ¡Confiesa! – grito alterado.

– Jamás los encontraran con vida. Los mutantes deben morir. Así es la vida humana.

– No, la que debe morir eres tú, por ser una maldita traiciona que es capaz de traicionar a sus propios amigos para obtener lo que quiere.

– Ya estoy muerta de todas formas.

– Si es verdad. – digo disparándole en la cien.

Stu me mira con cara de pocos amigos, mira el cuerpo sin vida de Trish.

– Pero nunca sabremos donde están.

– Si lo sabemos, está aquí. – Le respondo mostrándole la computadora que está en la mesa.

Jeff nos mira y dice:

– Bien. Salgamos de aquí.

Me llevo la computadora para que Haakon la revise.

– ¿y encontraste algo? – le pregunto

– Sí, hay una conversación que tuvo con Benicio antes del secuestro.

– ¿Y?

– Según esto, están el laboratorio del sector Lemonter. Reabrió la base. Hace 10 semanas.

– ¿Están ahí?

– Sí.

– Debo ir.

Cargo el arma y Jeff, Alan, Ian, Estefan, Walquiria, Greta y Nicole viene una vez más para buscarlos.

Nos subimos al auto y conduzco está el laboratorio. Al bajar noto qué es más grande de lo que parece. Alan le dispara a los sicarios que custodian la puerta.

Entramos y Jeff golpea a los sicarios que están ahí con su bate de béisbol que lo envolvió con un alambre de púas.




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