Ayudó enormemente al desarrollo de la electricidad y muchas tecnologías actuales existen gracias a sus ideas.
También se enamoró de una paloma.
Literalmente.
Tesla decía que amaba a esa paloma “como un hombre ama a una mujer”.
La cuidaba. La alimentaba. Y según él, el ave incluso regresaba a visitarlo constantemente.
Cuando la paloma murió, Tesla afirmó que sintió cómo una parte importante de su vida desaparecía.
La línea entre “genio revolucionario” y “persona completamente desequilibrada” siempre fue peligrosamente fina.
Tesla además tenía hábitos extrañísimos:
También evitaba el contacto físico y podía obsesionarse durante horas con pequeños detalles matemáticos.
Básicamente era una mezcla entre:
Pero honestamente, considerando cómo era la humanidad de su época, quizás la paloma era emocionalmente más estable que muchas personas.
A veces la historia intenta presentar a los grandes científicos como figuras elegantes y perfectamente racionales.
La realidad era más parecida a: personas brillantísimas funcionando con estrés, obsesiones y energía de personaje secundario extraño.
Y aun así cambiaron el mundo.
Lo cual sinceramente da un poco de miedo.