Huyendo al Cucaani

Capítulo 2: Las empresas yanquis se instalan en Paraguay

La primera empresa estadounidense en llegar al país fue SimienTEC, una multinacional del sector agrícola. “SimienTEC se instala en el territorio nacional por primera vez buscando fortalecer y acompañar a los productores paraguayos con tecnología agrícola de primer nivel”, anunciaban los medios de comunicación con bombos y platillos meses después de la reunión en Barrio Obrero. El jefe de Estado, Hortencio Giménez, asistió al acto inaugural de la sede en los campos verdes de la ciudad de Santa Rita, departamento de Alto Paraná, acompañado de los ministros de Agricultura; y de Industria y Comercio. El gerente general de la firma, Mario Miller Thompson, manifestó durante el evento que SimienTEC llega a Paraguay para marcar presencia y “ayudar con tecnología de primera a los agroproductores”, según el informe del Canal Nacional. Recuerdo perfectamente era el 3 de diciembre del 2017. La noticia sembró algarabía en el sector agroexportador, pero esparció miedo en el seno del sector campesino, ambientalista y agroecológico.    

Cuando ocurrían estos hechos en mi país, yo cursaba el último año de la carrera de Agronomía. Estaba con muchas dudas, intrigada, por todo lo que veía y seguía escuchando sobre estas empresas yanquis que empecé a indagar puntualmente sobre SimienTEC. Los artículos que leí no eran positivos, en pocas palabras, el Gobierno acababa de abrir las puertas a una multinacional repudiada a nivel mundial bajo criterios y negociaciones que los comunes desconocíamos.  

SimienTEC era una empresa originariamente alemana que tiempo después, estando decadente, fue adquirida por la familia Miller Thompson, de Estados Unidos de América. Empezó trabajando con semillas transgénicas creando semillas de soja, trigo y maíz resistentes a las plagas y enfermedades típicas de dichos cultivos como la roya, el tizón, podredumbre, entre otras. El negocio de la firma inició con gran éxito en el mercado europeo hasta que saltó un caso, diría yo suicida, para la multinacional. Este caso se había registrado en Almería, España, una región reconocida por ser la mayor proveedora de hortalizas para los países europeos. Les comentaré brevemente: Un productor hortícola decidió arrancar con el negocio de los cultivos de soja, contrató a profesionales especializados en el rubro, y bajo asesoramiento de la multinacional, comenzó este gran proyecto, que posteriormente, acabaría con la buena reputación de SimienTEC en Europa. Con la siembra no hubo ningún problema.  A la vista los cultivos de las leguminosas se venían vigorosos, ideales, más que ideales. Pero, en la cosecha se vio el fracaso. Aparentemente, las semillas transgénicas se habían elaborado mal y en un presunto error de laboratorio se habría introducido un cuerpo extraño alterando el producto. Los granos de soja cosechados por el horticultor de Almería eran azules y con un sabor dulce. Ofuscado, tras la primera cosecha, el señor llamó inmediatamente a una rueda de prensa para denunciar el resultado de su proyecto con SimienTEC. La prensa proambientalista y antisojera se encargó de dar una cobertura profunda al caso Almería, poniendo en extrema duda la tecnología transgénica que comercializaban. Fue así que los dueños alemanes no tuvieron más opción que venderla a un precio regalado a los yanquis, quienes como buenos empresarios se encargaron de hacerla resurgir, pero ya con otro nombre comercial: de TecCamp pasaba a llamarse lo que hoy SimienTEC. La misma está presente actualmente en más de 100 países del mundo, y ahora aterrizaba a Paraguay bajo muchos privilegios. El poder dando más poder al poder.  


Otras empresas norteamericanas llegaron después de la multinacional agrícola; durante todo diciembre del 2017, lo veíamos en las noticias, una tras otra, se instalaban en el país, todas contando con la carta blanca del Gobierno de turno. También había llamado mucho la atención el arribo de la firma Chips, una empresa dedicada al rubro de la tecnología de celulares, tv plasma, y robots utilitarios, que luego supimos también escondía algo oscuro.              


Entre tanto en Wuhan, China, se registraba el primer caso de Covid-19, y en medio de mucha incertidumbre sobre su mortalidad se daba la noticia al mundo que estaba expectante. Algunos, advertían de que se trataba de un virus creado en un laboratorio, el cual fue expandido a propósito para acabar con la población adulta mayor. Otras noticias hablaban de que el origen de este mal era un murciélago enfermo que contagió el virus al Paciente Cero y éste lo propagó en un mercado de cuarta. Muchas teorías. Lo cierto es que los líderes mundiales declararon el comienzo de la pandemia en junio del 2018 – seis meses después del primer brote - y el mundo entero, incluido Paraguay, entró en cuarentena días después.  


Al principio, mi país se mostró al exterior como la nación con mayor reacción contra el virus en América Latina, aplicando medidas sanitarias de inmediato y según recomendaba la Organización Mundial de la Salud (OMS). El presidente paraguayo y sus ministros se volvieron ídolos de multitudes, hasta que meses después saltaron en medios alternativos de prensa varios hechos de corrupción ocurridos en procesos licitatorios para la adquisición de insumos, incluso de hasta agua mineral, en el marco de la lucha contra el Covid. El orgullo que sentían hacia el Gobierno comenzó nuevamente a decaer. Una anécdota que no olvido es la de un joven estudiante paraguayo, quien orgulloso del entonces ministro de Salud Pública, se tatuó el rostro de la autoridad en el pecho izquierdo. Posteriormente, la presión ciudadana tumbó a dicho secretario de Estado.  


En lo que va de la pandemia, las muertes atribuidas al virus superan las 15.000. La población sigue encerrada bajo el temor de la dispersión de otras variantes, es lo que comenta mamá cada vez que puedo comunicarme con ella.  


Económicamente, el país quedó endeudado hasta la coronilla, de hecho, nuestros descendientes deberán continuar pagando las deudas que tuvieron como motivo el Covid. También saltaron a la luz muchas teorías conspiratorias, como la de un grupo de poderosos que, supuestamente, buscaba dominar a la humanidad mandándola a encerrar, bajo el fin de, posteriormente, ir implantando chips al cuerpo humano manteniendo el control sobre el hombre en una hipotética post pandemia. 


Las calles estaban vacías, los supermercados y centros comerciales también. Parecía que estábamos siendo protagonistas de una película apocalíptica, de aquellas que solemos ver sentados en el sofá, comiendo pororó y bebiendo gaseosa. Y si estás ahí con el novio viéndola ¡Atajáte! Excusa perfecta para el añua.  


Solo tenían permitido salir a trabajar el sector médico, de limpieza, de provisión de alimentos y de combustibles. Meses después, siendo ya la situación insostenible para varias empresas, sus directivos y empleados se volcaron a una gran manifestación en la Plaza de la Democracia. ¡Si este lugar hablara, cuántas luchas perdidas y ganadas desde allí!  

Los sectores exigían la habilitación de sus rubros comprometiéndose a cumplir estrictamente con las normas sanitarias; mucha gente ya estaba quedando sin empleo. Algunas empresas se declaraban en quiebra. Muchas familias estaban empezando a pasar hambre, pero en contrapartida el mundo se reinventaba, aumentando, por ejemplo, la comercialización de productos vía online así como los servicios de delivery. El mundo intentaba sobreponerse y seguir a pesar de la muerte.      


La llegada del virus había pasado a ser la mayor preocupación del pueblo que sufría el aumento de los contagios y las pérdidas humanas. Paraguay con un sistema sanitario aplazado históricamente, se enfrentaba a un monstruo, mientras la instalación de las empresas yanquis pasaba a un segundo plano.  


Del joven que se tatuó el rostro del ex ministro no supe más nada, hasta que un día informaban en las noticias que había sido aprehendido por violación de cuarentena, tanto él como varios amigos suyos, quienes incumplieron los protocolos sanitarios al participar de un encuentro clandestino de piqui volley en su barrio. El pobre seguía teniendo dicho tatuaje muy a pesar de él, fue lo que comentó al ser consultado por la periodista a quién le dio curiosidad saber qué pasó de “la figura” del ministro en su cuerpo. 

A veces me gustaba fungir de periodista e investigaba cuánta cosa se me venía a la cabeza. Hacía a un lado mis estudios de alumna de Agronomía y me tomaba el tiempo necesario para hallar respuestas a las dudas existenciales que tenía. Lo de la firma Chips, era algo pendiente para mí. En aquella reunión en Barrio Obrero habían dicho que en el paquete de empresas yanquis que programaba su arribo al país, ésta era una de las más peligrosas. Pero ¿por qué?    

Buscando en la red, encontré un correo electrónico y un número de contacto habilitado para consultas por parte de la prensa paraguaya. No se me ocurrió mejor idea que fingir ser reportera de un periódico online ficticio, al que llamé “El cuarto poder”. Tuve que crear una fan page del supuesto medio de comunicación para ganarme confianza; sabía que mínimamente me rastrearían en la Web. Esta investigación tomó su tiempo; primeramente, llevándome un mes solo en la actualización de noticias generadas por el “periódico”. Posteriormente, decidida, envié a dicho e-mail una lista de preguntas relacionadas a los inicios de la empresa, a sus productos; también consultando sobre su avance a nivel mundial, entre otros puntos. Tenía la posibilidad de solicitar una entrevista personal con el directivo yanqui en Paraguay, pero, claro, que no elegí ese camino, me resultaba menos riesgoso hacerlo desde la clandestinidad, bueno, desde “la sala de redacción”.  


Una semana después respondieron a mi e-mail, informándome sobre la aprobación de la entrevista, es decir el ejecutivo de Chips aceptó responder a mis preguntas en formato virtual y se comprometía a hacerlo en 10 días más. Pasaba así el primer filtro.  


Mientras aguardaba ansiosa ese día, seguía actualizando el perfil del novato medio de comunicación. Algo más. Para esta misión no me presenté como Cristina García Pereira, utilicé un nombre que no era mío. Una amiga periodista, muy socia de infancia y vecina, aceptó “prestarme su nombre” a sabiendas de lo que esto implicaba. Más que una amiga, Isabel era una compañera de causas. Juntas habilitamos un correo electrónico “corporativo” para “dar más seriedad” al asunto.  


Pasaron los 10 días y por fin llegaron al correo las benditas respuestas del Mr. Braulio Cyrus Miller. Descargo el archivo de respuestas y me encuentro con que no todas fueron respondidas. Me comenta, entre otras cosas, que la multinacional nació en 1999 bajo la dirección de su padre Ernest F. Cyrus, que hoy se encontraban instalados en 50 países a nivel mundial; resaltaba que Paraguay era el primer país latinoamericano al que arribaban con el negocio. Todo parecía normal: respuestas cuerdas, acabadas, sin circunloquios. Pero hacia el final tres puntos llamaron mi atención. Ante la consulta de cuáles son los productos que desarrolla la empresa, Mr. Braulio responde textualmente: “Actualmente, nos dedicamos a desarrollar tecnología de primera focalizados en los celulares, la televisión digital, los robots utilitarios, así como también a la par estamos investigando sobre lo que llamamos la Tecnología humana (Human technology). Apuntamos a que en un futuro no muy lejano las personas se muevan en una sociedad más segura con la implantación de chips. Esta tecnología nos permitirá tener más información en tiempo real, así como también ante epidemias o pandemias, como la que atravesamos hoy, ayudarán a obtener datos cruciales para el mejor manejo de las mismas. O en el caso de desastres naturales, permitirá acceder a la ubicación exacta de personas desaparecidas, incluso saber si están o no con vida”. Seguidamente agregó: “Agradecemos al presidente Hortensio Giménez por darnos la oportunidad de llegar con nuestros productos y servicios a esta bendita tierra guaraní, incluso sin muchos papeleos de por medio, y considerándonos algunos impuestos. Lamentablemente, hoy estamos sufriendo una pandemia, pero es una más de la historia. De hecho, como empresarios del área tecnológica, estamos viendo esta crisis como una gran oportunidad”, manifestaba en una magnífica redacción en español, lo que denotaba que no era un improvisado en nuestro idioma. Y lo otro que llamó mi atención fue su segundo apellido Miller. Tenía el mismo apellido que el de los propietarios de la multinacional SimienTEC.           


Mr. Braulio involuntariamente lo estaba diciendo todo, o se hacía el tonto o lo era. Reconoció que estaban trabajando en una tecnología de implantación de chips, además de aceptar que el mandatario Giménez le iba a dejar de cobrar varios impuestos a las empresas estadounidenses.  Mientras si que a nivel local el mburuvichá jugaba al “te quiero, pero te aporreo” con el sector empresarial y obrero nacional. Ante los reclamos por los privilegios a las firmas yanquis, o ñembo kure lomo.    

Corrían los días en Villa Hayes. Y a medida que pasaban tenía una fuerte inquietud. Lo que inició como una investigación “periodística” empezó a darme miedo por las consecuencias que podría traer. Sabía que si me descubrían iba a tener graves problemas, y no solo yo, sino también Isabel. 




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