—¿Qué es este lugar?
Yul trató de buscar una respuesta mientras se encontraba parada en medio de una gran habitación, a su alrededor el silencio la envolvía como una niebla densa, y las paredes, altas y frías parecían observarla.
Aunque el suelo estaba algo polvoso y envejecido, el lugar se conservaba sorprendentemente bien, a primera vista no parecía un sitio abandonado, sino más bien uno que estaba suspendido en el tiempo. A un costado de la habitación se encontraban perfectamente ordenadas algunas herramientas para ejercitarse, que, pese al polvo, brillaban tenuemente bajo la débil luz de la lampara.
Frente a ella, un gran espejo cubría casi por completo la pared, como si vigilara cada rincón del cuarto, su superficie ligeramente empañada reflejaba con nitidez los contornos de quien se atreviera a mirarse. De este modo, cuando Yul se vio, sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo, no solo porque podía observar cada detalle de su silueta, sino que aquella imagen le resultaba ajena.
Se asombró al ver lo delgada que se veía, pues, aunque era consciente de su aspecto, verlo reflejado con tanta claridad la impactó profundamente. En ese momento, sus ojos recorrieron con detenimiento aquellos brazos lánguidos y el rostro delgado y huesudo que le devolvía la mirada. Aquella imagen despertaba en ella una sensación difícil de nombrar.
Era como si al observarse, algo dentro de sí se quebrara en silencio.
Aun así, trató de no dejarse llevar por la punzada en el pecho y apartó la vista del espejo, respiró con calma intentando recuperar el control, y continuó observando el lugar con más detalle. De este modo fue recorriendo cada esquina con la mirada, como si en alguno de esos objetos pudiera hallar algo que le ofreciera respuestas.
—Es una vieja sala de entrenamiento militar, antes se usaba para mejorar el combate cuerpo a cuerpo —contestó Zader, mientras permanecía de pie a unos cuantos metros de Yul.
Su voz resonó con una calma firme, contrastando con el eco hueco de la habitación. A diferencia de ella que parecía no asimilar el lugar, Zader se mantenía sereno, con las manos cruzadas a la altura del pecho y la mirada fija en el entorno.
De igual forma, el aura que lo rodeaba era muy distinta, él no se veía frágil, y mucho menos enfermo, más bien reflejaba disciplina y resistencia. Sus extremidades, marcadas por el esfuerzo constante estaban muy bien trabajadas.
Además, la palma de su mano era lo suficientemente amplia como para cubrir por completo el rostro de Yul, lo cual evidenciaba la diferencia física que existía entre ambos, y su estatura superaba visiblemente la de ella, aunque esa diferencia no se debía solo a su complexión, sino también a la condición en la que se encontraba Yul.
De ese modo, el contraste entre ambos cuerpos se hacía aún más notorio, resaltando no solo la fortaleza de él, sino también la aparente vulnerabilidad de ella.
—Parece que el tiempo no pasó en este lugar —comentó Yul, apartando su atención por completo de los objetos que la rodeaban para centrarse en él.
—Es metal, Yulia. Puro y duradero —contestó firme.
—No solo aquí, en todo el lugar —esta vez, él lo entendió.
Al revisar las instalaciones militares encontraron varias habitaciones en buenas condiciones, la cocina estaba abarrotada de provisiones, y todo daba la impresión de haber sido preparado con anticipación, como si alguien intentara abastecerse de recursos para un largo periodo de tiempo.
También era evidente que esa persona no había vivido lo suficiente para disfrutarlo.
—¿Crees que es extraño? —pronunció lentamente, mientras se movía con pasos pausados alrededor de ella.
—Lo que yo crea no es importante, no ahora.
—Claro que lo es Yulia, tus creencias y convicciones son lo que te hacen ser tú…
El susurro de sus palabras se extendía por toda la habitación cargándola de un eco tortuoso que parecía multiplicarse en cada rincón. Aunque Zader no hablara de forma brusca o amenazante, Yul sabía leer las letras pequeñas, sabía interpretar las señas, escuchar lo que no se decía e incluso leer miradas con una precisión inquietante.
—¿Desde cuándo importa que sea yo? Solo quieren escapar de aquí y soy su pase de salida ¿No? —Añadió firme, volviendo a observar su relejo en el espejo.
Delgado.
Frágil…
Vulnerable.
La figura imponente de Zader apareció detrás de ella.
Musculosa.
Fuerte.
Imponente.
—Eres más que eso —susurró suavemente cerca de ella.
La cercanía de sus cuerpos quemaba a cualquiera que se atreviese a acercarse, parecía una fuerza invisible que los envolvía, imposible de percibir para un humano común. Una energía que ardía con intensidad y gritaba en sus oídos que el fuego y el combustible no podía estar tan cerca, porque de hacerlo, simplemente explotaría.
Aquella energía era imposible de ignorar para Yul, debido a que cada vez que él estaba cerca, esa tensión latente la atravesaba por completo, envolviéndola en un calor silencioso que la mantenía alerta y, al mismo tiempo, inquieta.
— “Tú y yo sabemos que estamos juntos únicamente por interés de ambas partes, ni tú confías en mí, ni yo en ti, así que tratemos de evitar fingir que nos llevaremos bien” —repitió lentamente, palabra por palabra, remarcando lo que él dijo días atrás.
Algo que pareció quedarse en su mente.
—No debemos ser amigos para pelear del mismo lado… —colocó su oscura mirada sobre el reflejo de los ojos de Yul.
—Pero será a mi manera —apoyó de forma fría y calculada.
Yul pasó mucho tiempo empujando las fichas en el tablero de Zader, y durante todo ese periodo se limitó a seguir los movimientos que él imponía. Ahora quería asegurarse de empezar a armar el suyo, uno que paso a paso la guiara a una estrategia propia, que finalmente la liberaría.
—¿Tienes algo planeado? —Indagó más interesado de lo habitual.
#331 en Ciencia ficción
#2524 en Otros
#485 en Acción
romance accion magia aventura violencia, cienciaficcion mundopostapocaliptico, misterio secretos asesinatos
Editado: 23.03.2026