Huyendo Con El Enemigo

15. INDELEBLE

No era la primera vez que Yul dudaba en si atacar, o esperar. Pero si la primera vez en que no estaba segura de defenderse, pues, existía algo más allá de su constante alerta, que la mantenía indecisa.

—Te conozco —murmuró casi sin voz, pero el soplar del viento llevó esas palabras hasta los oídos de su rival.

Él sonrió antes de contestar, claro que no fue una sonrisa grata o reconfortante, más bien, estaba cargada de suficiencia.

—Me conocen muchas personas.

Ninguno bajó la guardia, parecía que sus cuerpos sostenían el aire entre ellos, y el primer movimiento fuera a romper algo más que la distancia.

—No —insistió ella—. Yo te vi en esa cueva, fuiste tú.

La sonrisa regresó, esta vez acompañada de una negación repetitiva y burlona.

—Acabemos con esto —pidió él, enseriado su rostro.

Cuando el viento pareció soplar más fuerte, el cuerpo de Yul tembló, y el joven frente a ella sonrió. Eso la alentó, que él creyera intimidarla era un punto a favor, aunque la verdad fuera que el frio comenzaba a calarle los huesos.

Sabía, por la determinación en la mirada del sujeto, que no habría salida y no se iría de allí sin luchar. Respiró profundo, posicionando su cuerpo de mejor forma, y dejó que él se acercara… al inició dudó en si lo haría, pero luego de algunos segundos, cedió.

El intruso dio pasos agiles en dirección a Yul, una vez cerca, lanzó varios golpes rápidos que ella esquivó con dificultad. Estaba consciente de que no podía dejar que la alcanzaran, pues el ruido que hacía el viento al entrar en contacto con los golpes del muchacho, se lo advertían.

Esquivarlo con rapidez.

El frio colándose como humedad dentro de sus huesos.

Las dudas en su cabeza.

Todo se mezclaba ralentizando a Yul y colocándola en una posición peligrosa. Era consciente de que debía hacer algo pronto, debido a que sus brazos estaban cediendo, y los golpes de aquel joven cada vez se hacían más fuertes.

Un golpe pasó cerca de su rostro.... demasiado.

Ya no estaba esquivando, estaba llegando tarde debido a que cada movimiento de él, estaba más cerca de ella, y de seguir así, las cosas no terminarían bien.

Tratando de evitar eso, giró para dejarlo desprotegido, tenía como objetivo atacar sus piernas para hacerlo ceder, pero de alguna forma él lo dedujo, esquivándola con una precisión casi perfecta, eso la dejó vulnerable al enemigo. Enseguida vio como un puño iba directo a su cabeza, en ese instante para Yul, el crujido de las hojas se intensificó, el aire denso dejó de tocar su piel, y el tiempo se detuvo.

Esperó el impacto, pues frente a ella, era inevitable.

Pero algo pasó…

Escuchó un sonido seco, y antes de si quiera poder procesarlo, una mano firme apareció entre ambos absorbiendo el golpe.

—Basta —exigió, empujando con fuerza al atacante para alejarlo, y sin pensarlo, la colocó detrás de sí con una sola mano.

Ella observó el pechó de Zader subir y bajar con rapidez, junto a su mano cubriendo parte de su visión, y simplemente no supo que decir.

—Tampoco la iba a lastimar —contestó, dejando salir todo deseo de pelea de su cuerpo.

—Yul.

La voz de Isabella se filtró por sus oídos, y vio como la morena se acercaba con Dylan.

—¿Estás bien? —preguntó cuando llegó a su lado.

—Sí, pero él, yo lo… —se detuvo en seco al levantar la vista.

Fue ahí cuando notó que Dylan estaba cerca de su atacante, abrazándolo, y su sangre se heló.

Se soltó del agarre de Isabella y retrocedió varios pasos, alejándose de todos. Consternada por la situación, alternaba la vista entre Zader e Isabella, y Dylan junto a su atacante.

—Ustedes se conocen —sentenció, arrugando el entrecejo— ¿Cómo?

Dylan la observó con pesar.

—Hay muchas cosas que no sabes, preciosa —soltó su atacante, disfrutando el momento.

—Vamos adentro, debemos hablar —Zader dio un paso al frente para intentar sostenerla de la mano, pero ella retrocedió dos, dejando muy en claro su postura.

—No voy a ir a ningún lado con ustedes —su respuesta fue fría y calculada.

Toda su cabeza empezaba a trabajar al límite, ya que dentro de su mente, la idea de que esas cuatro personas se conocieran, era inasequible.

—No somos peligrosos, te prometo que esto tiene una explicación —pidió Isabella, casi en susurros suplicantes.

Yul negó decidida, no estaba dispuesta a confiar en más mentiras. En ese momento pensó que tan viable era correr, si la alcanzarían, o si podría evitarlos. Observó su cuerpo, sus manos, sus pies, y se odió por estar descalza, con ropa delgada y sudada por el entrenamiento.

La duda en su mirada fue notoria por un segundo, pero se esforzó en ocultarla. Correría lo más lejos y rápido que pudiera, y no volvería nunca a cruzárselos en el camino.

—Yul, espera por favor —escuchó las palabras de Dylan filtrarse en el viento—, yo sé que debe ser confuso para ti, mucho, pero te prometo que no te haremos daño.




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