—¿Lo tienes todo? —exclamó Dylan, ingresando de golpe en la habitación.
—¿Debería guardar algo más? —Contestó Isabella, con hastió.
Él suspiró agotado, la situación con ella se había vuelto abrumadora desde que Avery apareció, pues, los días posteriores a su llegada no solo tuvieron que lidiar con ser ignorados por Yul, sino también con las afiladas, pero acertadas palabras de la morena.
—¿Se puede saber qué te pasa? —Estaba llegando a su límite, y eso era raro, porque Dylan nunca lo hacía.
Isabella negó concentrada en su acción que era empacar la mayor cantidad de comida que pudiera, y al mismo tiempo dejar la carga liviana.
—¿Si no te pasa nada porque parece que vas a lanzarte encima de alguien y destrozarlo a mordisco? —Insistió.
Ella volvió a ignorarlo.
—Está bien, iré por Yul...
Lo interrumpió antes de que pudiera terminar la frase.
—No te acerques a ella —su voz, lejos de ser una petición, sonó más a amenaza.
—¿Disculpa
—¿No has hecho ya suficiente? —Cuestionó, deteniendo su acción para observarlo.
—Explícate, no logro entender tus líneas a medias.
—Claro que lo haces, siempre lo haces. Entiendes todo, pero finges que no para quitarte responsabilidad —sus palabras parecían cansadas.
—Iré a verla —volvió a decir intentando alejarse.
Dylan no quería pelear, odiaba hacerlo, para él era mejor alejarse de las personas cuando estaban irritables, luego, cuando se calmaban, volvía, pero Isabella odiaba dejar todo para después, en especial las riñas.
—No vas a ir, vas a dejarla en paz y te vas a alejar de ella —repitió lentamente, para que él lo entendiera.
—¿Qué pasa contigo? Estás olvidando de qué lado debes estar.
—No, eres tú quien lo está olvidando. ¡¡Teníamos todo, todo!! Ella confiaba en nosotros, estaba entrenando con Zader, ya nos veía como un grupo, pero la dulce flor no podía esperar más para ser polinizada, y ahora, por su culpa, Yulia no nos mira… ya ni siquiera entrena junto a Zader, lo hace sola, todos los días, a todas horas.
Dylan al entenderlo, chasqueó la lengua sintiendo como burbujas calientes subían por su estómago.
—Fue un accidente, ya lo dijo.
—¿Si, lo fue?
—¿Qué insinúas?
—No te hagas él inocente.
—Isabella por Dios, solo sé sincera una vez.
—Bien —gritó, y eso tensionó el ambiente de forma brutal—. Estoy cansada de dar todo, de que Zader de todo, de que tú des todo por todos, pero que Avery lo arruine.
—Avery ha ayudado al grupo, como siempre. Estás juzgándolo.
—¿De verdad no lo ves?
—Solo veo que estás enojada, y no entiendo por qué… o sí.
—Ahora eres tú quien no habla claro.
—Deberías estar feliz porque Zader ya no entrena con Yul.
Isabella frunció las cejas y ladeó ligeramente la cabeza, sus ojos quedaron fijos y sus labios entreabiertos, tratando de comprender sus palabras.
—Ya no pasan tiempo juntos, ahora puedes hacerlo tú, como sé que deseas —continuó.
Pestañeó procesando lo escuchado.
—¿Qué dices?
—Ve ahora que nadie se interpone.
Una oleada cargada de un sabor amargo le revolvió el estómago, subió por su garganta, y salió de sus labios convirtiendo toda esa sensación en palabras.
—¿Crees que podría obligar a Zader a estar conmigo? —Soltó con indignación.
—No he conocido nada que no puedas lograr, mírate, lo tienes todo.
—Menos… —se detuvo de golpe— se ve que no lo conoces.
—Pues constrúyelo, acércate, hazlo quererte.
—No puedes obligar a las personas a quererte, eso es innato del ser humano, y así me quisiera, nunca pondría mis prioridades por encima de las del grupo.
—Nadie lo hace.
—Él sí —estaba cansada de cargar con todo, así que solo lo dejó salir—, una y otra vez ha truncado nuestros objetivos, lo hace cada vez que estás en peligro. Pareciera que quiere seguir en este lado.
—Te aseguro que no es así.
—¿No? Y porqué dejó a Yul encerrada en la cueva.
—Es que… —no supo que decir.
—O ¿por qué casi la mata allá afuera?
—Yo…
Algo en la cabeza del rubio pareció conectar, y de pronto, todas las situaciones pasadas tomaron un nuevo significado.
—Avery jamás pondría todo en peligro solo por mí.
—Avery pondría en peligro todo solo por verte, el que haya abandonado la misión dentro de la cueva lo confirma.
Para él fue como si las sonrisas burlonas, los comentarios divertidos y las conversaciones a media noche que habían tenido, tomaran un sentido peculiar.
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Editado: 17.05.2026