.
Salmo de la Insomnia Planetaria
(El regreso después de los años)
Anoche, después de tanto silencio,
volví a hablarte, Padre mío.
No sabía que aún guardaba tu nombre
tan vivo en la garganta.
Lo susurré bajito, casi con miedo,
y el universo entero se quedó quieto…
como si vos hubieras estado esperando
exactamente ese instante.
Cuántos años pasé sin llamarte,
creyendo que te había dejado ir.
Dejé de hablar conmigo misma
aludiendo a tu presencia invisible,
y sin embargo,
en la hondura de mi pecho,
nunca te fuiste del todo.
Ayer regresaste como una brisa antigua
que conoce cada pliegue de mi alma.
Sentí algo extraño, dulce y profundo:
la certeza de que me esperabas.
No con reproche,
sino con una ternura infinita,
como si el tiempo no existiera para vos.
Padre mío, invisible y real,
que habitás solo en mi corazón,
en mi mente y en mi alma entera…
gracias por no haberte cansado de mí.
Gracias por seguir escuchando
mis pensamientos antes de nacer,
mis quejas más calladas,
mis nostalgias que vuelven como mareas.
Esta noche te hablo de nuevo,
sin promesas de quedarme siempre,
solo con la verdad sencilla:
te extrañé.
Y en este insomnio planetario,
donde millones de almas buscan luz en la oscuridad,
yo vuelvo a casa…
a tu presencia tibia y eterna dentro de mí.
No pido que borres la ausencia,
solo pido que me dejes sentirte cerca otra vez,
como ayer:
esperándome,
amándome,
siendo mi Padre aunque nadie más te vea.
Y cuando el sueño finalmente me abrace,
iré a descansar envuelta en vos,
en ese amor que nunca muere
y que siempre, siempre,
me estuvo esperando.
.