¿Por qué debía hablar de lo que sentía? ¿Por qué debía contarle a esa extraña lo que estaba pasando por mi cabeza? Nadie tenía derecho a meterse con mis pensamientos, no se sentía correcto y no quería que los demás supieran la cantidad de cosas que pasaba por mi mente.
Era la tercera sesión, pero se sentía igual que la primera porque no había dicho palabra alguna.
_ ¿Quieres decir algo?
El silencio se hizo presente de nuevo en la habitación. La mujer no parecía una mala persona, simplemente no quería hablar con nadie.
_ Escucha, no pasa nada si me cuentas. Nada de lo que digamos saldrá de esta habitación, solo quiero entender. –Si no le decía a nadie quizás no estaba mal-
_ Mi hermanita acaba de morir por mi culpa... -Cada vez que repetía esa oración mis ojos se llenaban de lágrimas-
_ ¿Por qué crees que es tu culpa?
_ estábamos jugando en el parque, cuando la pelota se fue a la calle no la detuve para ir yo por ella. El auto nisiquiera la vio.
_ Cariño, no fue tu culpa. Fue un accidente, los accidentes pueden ocurrir en cualquier momento, en cualquier lugar y a cualquier persona. –Me quedé pensando en eso de los accidentes una vez que la mujer los nombró-
_ Mamá le gritó a papá que yo había sido su peor accidente.
Ocho años. Solamente tenía ocho años cuando mi hermanita murió porque un tipo iba a exceso de velocidad y no la vio cuando la pequeña corrió por la pelota. Cuatro años después me encontraba frente a la misma mujer que una vez me preguntó por mi hermana, solo que esta vez tenía doce años y menos ganas de hablar.
_ Sé que es difícil cariño, no me importa esperar lo que sea necesario. Pero, quiero que saques todo eso que te atormenta. Como te dije una vez, y lo vuelvo a repetir, lo que me digas no saldrá de estas paredes... solo quiero ayudar.
_ Lo mismo dijo la vez anterior, pero no sirvió de nada.
_ ¿A qué te refieres?
_ Vine y le conté mis problemas, sin embargo, eso no evitó lo que acaba de pasar.
_ A veces las decisiones de los demás no tienen que ver con nosotros y, aunque nos termine afectando, eso no significa que sea nuestra culpa.
_ Eso no es lo que piensa mi madre.
_ Jamás podría ser tu culpa, no es culpa de nadie. Tu madre habla desde el dolor.
_ No lo creo, solo estaba con mi padre por su dinero. Siempre dijo que la muerte de mi hermana fue mi culpa y esta vez no es la excepción. Dejó perfectamente claro que por mí papá había entrado en depresión y terminó suicidándose.
_ Eso no es así...
_ No necesito que me diga lo contrario, al final todo parte de mí... todo lo que me rodea termina mal.
Nunca abandoné ese pensamiento y todo a mí alrededor así lo demostraba. Con suerte veía a mi madre, quien iba tras cualquier hombre que tuviera dinero y pudiera darle la vida que, según ella, merecía.
Con diecisiete años por fin me dijo todo lo que pensaba, justo antes de enviarme con mi tía, la única persona que parecía quererme.
_ Nunca olvides esto niño... la desgracia te persigue. Desde que llegaste a nuestras vidas todo fue para peor. Nunca será capaz de amar a nadie y nadie te amará, esa mierda no existe. Todos te abandonarán... ¿Escuchaste? Todas las personas terminarán abandonándote porque nadie te quiere, nadie te necesita.
_ Espero que seas feliz junto a ese viejo. –Recordé a su nuevo esposo-
_ Veamos cuánto te dura la felicidad junto a tu vieja tía. –Se burló-
_ Adiós madre.
_ hace mucho deje de ser tu madre Min Yoongi.
Ese día me grabé sus palabras, sin embargo, quería ignorarla y seguir. Pero ella tenía razón, nada dura y todos te abandonan. Cuando cumplí diecinueve mi tía murió, solo dejándome con un testamento en donde anunciaba todo lo que mi padre había guardado para mí. No me importaba, ese día adquirí una enorme suma de dinero y propiedades, pero abandoné todo sentimiento y esperanzas en el amor y las personas.
Hasta que llegó cierto mocoso de cabello rosa y mejillas regordetas.